
Los perros, conocidos por su lealtad y sensibilidad, suelen reaccionar de forma diferente ante las personas que se cruzan en su entorno. Mientras que a veces reciben a ciertos visitantes con calma, otras veces estallan en ladridos insistentes, incluso agresivos.
Esta conducta, que a menudo parece arbitraria, tiene fundamentos etológicos y emocionales complejos.
¿Por qué los perros le ladran a ciertas personas?
El ladrido no siempre indica amenaza o agresividad: es una forma de comunicación cargada de información emocional. Los perros son capaces de interpretar lo que ocurre a su alrededor y responden a estímulos visuales, auditivos y olfativos que captan de las personas. Esa lectura sensible del contexto explica por qué algunos individuos desencadenan una respuesta sonora y otros no.

“Para saber por qué un perro ladra a algunas personas y a otras no, es fundamental observar el contexto en el cual ocurren estos ladridos”, explicó el profesor Juan Enrique Romero en una nota a Infobae. No se trata solo del perro, sino también de la actitud de la persona: su lenguaje corporal, tono de voz, postura o incluso su olor pueden influir en la reacción del animal.
¿Cómo eligen los perros a quién ladrar?
Entre las causas frecuentes del ladrido se encuentra el miedo. Muchos perros, especialmente aquellos con una socialización inadecuada en su infancia, pueden interpretar determinadas presencias humanas como amenazas. Además, gracias a su desarrollado olfato y capacidad de observación, los perros son capaces de detectar el miedo en las personas y reaccionar ante él.
“Los perros son capaces de identificar a una persona con miedo y ladrarle como advertencia”, destacó Romero. Esa respuesta no siempre es agresiva: a veces, se trata de una señal de incomodidad o una forma de poner límites. Como ocurre en muchas especies sociales, el estado emocional de un individuo puede reflejarse y amplificarse en el otro.

La etología indica que la socialización adecuada es fundamental para que el perro desarrolle seguridad, confianza y tolerancia ante lo diverso. El llamado “período sensible”, que va de las tres a las catorce semanas de vida, es clave, aunque nunca es tarde para trabajar en estos vínculos.
Un perro bien socializado tuvo experiencias positivas con personas de distintas edades, aspectos, voces y vestimentas, así como con otros animales y entornos variados. En cambio, un perro que no fue expuesto a esta diversidad puede reaccionar con ansiedad o miedo frente a lo desconocido. Según los especialistas, esas reacciones son una forma de defensa del “espacio seguro”.

La socialización debe realizarse en un entorno controlado, con estímulos progresivos y sin forzar el contacto. Se recomienda el uso de refuerzos positivos, como caricias o golosinas, y evitar los castigos ante comportamientos negativos. Si un perro reacciona mal ante una persona, lo más efectivo es retirarlo con calma y volver a intentarlo luego, sin presión.
¿Por qué mi perro no quiere a ciertas personas?
Como animales territoriales, los perros tienden a proteger su hogar, sus tutores y sus objetos. La llegada de personas desconocidas a ese espacio puede ser percibida como una amenaza y activar una respuesta de alerta.
Romero subrayó que “la presencia de personas, perros u otros animales desconocidos en ese entorno puede hacerlo sentir que está amenazado y que para conservarlo y protegerlo ladre advirtiendo”. El ladrido, en ese caso, cumple una función disuasiva más que agresiva.
El modo en que el perro interpreta esa presencia externa dependerá de su historial de experiencias, la reacción de su tutor y el tono general del ambiente. Un visitante que entra haciendo ruido, gesticulando o mirando fijamente al perro podría ser percibido como más amenazante que otro que se muestra tranquilo y distante.

No todos los ladridos responden a causas externas. Algunos perros padecen fobias o trastornos de ansiedad que los llevan a reaccionar de forma desproporcionada frente a ciertos estímulos. Estos animales pueden ladrar compulsivamente como una forma de regular su malestar interno.
“El padecimiento de estas fobias puede hacer ladrar compulsivamente a un animal frente al estímulo que la desencadena como una forma de sublimar o minimizar la reacción”, explicó Romero. Además, condiciones como la ansiedad por separación o la demencia senil también pueden expresarse mediante ladridos frecuentes e intensos.
El historial del perro también influye: animales que han sufrido abusos físicos o emocionales pueden desarrollar respuestas de hipervigilancia ante ciertos perfiles humanos o situaciones específicas. La detección temprana y el acompañamiento profesional son clave en estos casos.
¿Cómo hacer que tu perro deje de ladrar a las personas?

Para ayudar al perro a sobrellevar la llegada de desconocidos sin sobresaltos, los especialistas recomiendan:
- Realizar una caminata o actividad física antes de que lleguen las visitas.
- Generar un ambiente tranquilo en el hogar, sin sobreestimulación.
- Mantener una actitud serena y estable por parte del tutor.
- Indicar a los visitantes que eviten mirar directamente al perro al llegar o acercarse de forma invasiva.
También es importante evitar reforzar el ladrido de forma involuntaria, como ocurre cuando se acaricia o se le da una golosina para que se calme. Esta acción, aunque bien intencionada, puede consolidar la conducta que se desea corregir.
En todos los casos, comprender que el ladrido no es un capricho ni una agresión vacía, sino una manifestación emocional concreta, permite abordar el problema con más empática y eficacia. Detrás de cada ladrido hay una historia, un vínculo y un contexto que vale la pena atender con paciencia y conocimiento.
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