Todos son motivos para quejarse y casi siempre es improductiva
Todos son motivos para quejarse y casi siempre es improductiva

La crisis económica, el dinero que no alcanza, la inseguridad en las calles y hasta el clima que no acompaña. Todos son motivos para quejarse. Nadie dice que no.

El tema es qué hacemos con esa queja. Hay motivos que escapan a nuestra resolución: es casi nada lo que podemos hacer para cambiar las variables climáticas.

Sin embargo, es mucho lo que podemos hacer para frenar el malestar provocado por la queja, reconvirtiendo esa energía negativa que nos relaciona con el enojo y el estrés en un hacer productivo que nos conecte con el bienestar y la salud.

"La queja dispara hormonas (cortisol, adrenalina) que generan daño en todo el organismo. Cuando la queja es sostenida se liberan estas hormonas, aumentando la presión arterial, la glucosa y el colesterol, y esto baja la inmunidad", asegura el doctor Marcelo Suárez, especialista en Clínica Médica, M. N. 73796.

Y agrega: "Este circuito de liberación de hormonas frente al estrés está diseñado para enfrentar escenarios de peligro que antes estaban determinados por algunas situaciones esporádicas (huída de depredadores, hambre, sed, frío o calor extremos). Hoy eso no existe, pero padecemos ese circuito a través de la queja permanente. El organismo tolera mucho mejor situaciones adversas breves que sostenidas en el tiempo, éstas lo desequilibran y generan todo tipo de enfermedades, además de perpetuar el circuito".

Ahora bien, ¿cuánto hay de comodidad en la queja?
Quejarse brinda un permiso interno para quedarse en ese lugar conocido y familiar de no hacer nada para cambiar lo que produce enojo, frustración y displacer.

"Es más cómodo quejarse que salir de ese espacio y trabajar (en mí mismo o en el universo) para producir cambios", afirma Norma Díaz de Polski, coach ontológica profesional. "La queja y la frustración abren la puerta a la impotencia, al 'no poder'. Y si no puedo no acciono, o actúo haciendo lo mismo de siempre, es decir, quejándome. Tiendo entonces a victimizarme y así logro exculparme, disculparme y responsabilizar al otro o a lo que sucede fuera de mí por lo que me pasa. Como consecuencia, no me hago cargo de aquello que yo misma estoy generando o dejando de generar con mi permanencia en el ámbito de la queja".

La frustración, en tanto, tiene un origen diferente al de la queja. Sentimos frustración cuando las cosas o las personas no son como queremos que sean. "Entonces, cuando no pasa lo que quiero o necesito, cuando algo escapa a mi control, cuando no tengo poder sobre lo otro, me frustro. Y si elijo quedarme con la frustración, voy a seguir instalada en la queja", completa Díaz de Polski.

Para Analía Cordero, de la Asociación Argentina de Counselors, la queja no siempre está relacionada con la resignación de no poder cambiar lo que molesta. "Podemos hablar de hábito de quejarse, mas no podríamos asegurar que en todos los casos responda a la comodidad de llevarlo a cabo. La queja es, entonces, una manifestación, una manera de comunicar el desacuerdo con lo que sucede afuera e internamente en algunas personas. Como todo hábito, puede resultar inercial, pero no en todos los casos convocante a la inacción".

Ante la queja, más que reaccionar puede servirnos accionar. "Cuando observo a algún consultante habitar el espacio de la queja, suelo preguntarle: 'Y vos, ¿qué querés que pase en lugar de lo que sucede?'". Esa pregunta es una llave para abrir la puerta que conduce al futuro y que permitirá abandonar el pasado del cual no logro salir cuando permanezco en la queja", afirma Díaz de Polski.

Para el Dr. Suárez, la queja es una situación a resolver. "Empezaría por entender la queja como una situación a resolver y actuaría en consecuencia. Una de las herramientas que me parecen muy prácticas es el cuadrante de Stephen Covey, escritor del libro Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas". Este autor afirma que hay que separar lo Importante de lo No Importante y lo Urgente de lo No Urgente. Si es Importante y Urgente, hay que resolverlo ahora.

Si no es Urgente, se destinará un momento para resolverlo. Si es No importante, se podrá delegar. Y si no es Urgente ni Importante, entonces podrá ser eliminado. "No hay mucho más que decir, de acuerdo con el cuadrante al que pertenezca la situación, actuaré en consecuencia", reflexiona Suárez.

En opinión de Cordero, para salir de la queja, como de cualquier otro hábito que pudiera considerarse nocivo o infructuoso, es necesario saber qué nos sucede. "Saber qué nos está pasando, qué sentimos frente a eso, con qué otros recursos contamos para estar mejor y desarrollar capacidades que nos permitan mirar los acontecimientos desde otra perspectiva, nueva pero nuestra, es el camino para salir", dice la especialista en counseling. "En resumen, la queja es dañina química, física, energética y espiritualmente, alejémonos de ella, vamos a vivir mucho mejor, porque en definitiva lo único que importan son los buenos años, trabajemos para que sean los más numerosos", aconseja Suárez, y finaliza: "Un organismo sano es un organismo sabio".

Texto: Fabiana Polinelli Fotos: Latinstock