La demanda mundial de energía eléctrica crece a pasos acelerados, esencialmente por tres factores: la electrificación de la movilidad, el acceso de una cantidad importante de población al aire acondicionado doméstico y a la demanda de los centros de procesamiento de datos, impulsada por la inteligencia artificial.
Ahora bien, ese crecimiento provoca un salto no solo cuantitativo, sino también cualitativo en la utilización de los recursos energéticos. En efecto, un reciente informe de The Oxford Institute for Energy Studies señala que: “El panorama energético global está experimentando una gran transformación, trastocando décadas de pensamiento económico construido en torno a la escasez de recursos. A diferencia de los combustibles fósiles —extraídos continuamente de depósitos finitos y geográficamente fijos—, la energía renovable gira en torno a la tecnología de fabricación que cosecha recursos esencialmente gratuitos e ilimitados … de manera que el accidente geográfico ya no determina fundamentalmente la riqueza energética; en cambio, la innovación tecnológica, la escala de fabricación y las ventajas de ser el primero en actuar determinan los líderes del mercado".
Por supuesto, eso no resta importancia al desarrollo hidrocarburífero en la Argentina; es esencial aprovechar Vaca Muerta en todo su potencial, pero también mirar más allá, como lo muestran los ejemplos de los programas nucleares de los Emiratos árabes Unidos y de Arabia Saudita.
“El panorama energético global está experimentando una gran transformación, trastocando décadas de pensamiento económico construido en torno a la escasez de recursos”
Siguiendo esta línea de pensamiento, corresponde analizar cuáles son las innovaciones en el campo de la energía que van a ser protagonistas de la transformación en el futuro próximo, y agregarle también una perspectiva argentina. Para ello, puede recurrirse al también reciente reporte The State of Energy Innovation 2026 de la International Energy Agency. éste provee el análisis de más de 150 innovaciones en energía y su grado de madurez tecnológica, en diversas áreas tales como generación, ahorro en el consumo, almacenamiento, etcétera. Y una mirada muy elocuente surge del lanzamiento de “carreras por ser el primero” (races to first, en inglés). Estas 18 competencias son dignas de análisis profundo una por una, pero mencionemos algunas aquí brevemente.
En el campo de la generación encontramos 3 carreras por el primer puesto: celdas solares fotovoltaicas con 30% de eficiencia, la implementación geotérmica de próxima generación en un lugar sin antecedentes geotérmicos, y la instalación de manera repetitiva de reactores modulares pequeños o microrreactores. En este segmento, destaca la tecnología de paneles de perovskita, que ya rondan o alcanzan a gran escala el objetivo mencionado.
En cuanto al almacenamiento, destacan las innovaciones en baterías de estado sólido, acumulación de hidrógeno bajo tierra y otros. Estos elementos son críticos, particularmente para estabilizar redes con altas componentes de renovables, y son el sujeto de buena parte de los patentamientos.
En cuanto al almacenamiento, destacan las innovaciones en baterías de estado sólido, acumulación de hidrógeno bajo tierra y otros
En lo referido a consumo eficiente, se presentan carreras para la refrigeración a gran escala de estado sólido y la producción de amoníaco con bajo requerimiento energético.
Y, claro está, varias de estas propuestas competencias tienen que ver con la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Entre ellas, la producción de acero, combustibles para avión, cemento y aluminio, todas ellas con nulas o muy bajas emisiones y el almacenamiento y asimilación bioquímica de dióxido de carbono.
Quizás llame la atención la ausencia de una competencia declarada en la fusión nuclear, siendo que hay alrededor de 40 países con programas de investigación y desarrollo activos en el tema, y la inversión privada es muy significativa. Ocurre que el grado de madurez tecnológica es aún bajo, aunque 2025 ha sido un año de importantes avances.
Estas competencias darán lugar a algún ganador en los próximos años, lo cual resultará en un posicionamiento importante para las empresas/países que lo logren, además del mencionado cambio cualitativo en el mercado energético.
Si, finalmente, agregamos la mirada argentina a estos desafíos, podemos ver que el sistema científico/tecnológico tiene desarrollos significativos en varias de las áreas involucradas; entre ellas, la tecnología nuclear, el manejo del hidrógeno y la producción de amoníaco. Pero materializar estos conocimientos requiere proyectos que sean económicamente competitivos y que se ejecuten velozmente.
El autor es doctor en Ingeniería Nuclear, CEO de Candoit & Trasmy Nuclear y profesor de la Universidad de San Andrés
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