
La obra nace como respuesta a un cambio estructural en la forma en que se ejerce y se percibe el poder en la sociedad contemporánea.
El poder ya no se ejerce solo desde las instituciones formales del Estado, sino también desde plataformas digitales, medios de comunicación y arquitecturas algorítmicas que moldean la percepción pública, condicionan reputaciones y amplifican o distorsionan decisiones.
Michel Foucault decía que el poder no se posee, sino que se ejerce. Hoy, el ejercicio del poder mutó.
En este nuevo escenario, gobernar y decidir ya no implica únicamente aplicar normas, sino anticipar impactos comunicacionales, tecnológicos y sociales. La política y también la función judicial ya no pueden prescindir de la dimensión narrativa y tecnológica del poder.
Como advertía Winston Churchill: “La política es la capacidad de prever lo que sucederá mañana, la semana próxima y el mes que viene. Es también la capacidad de explicar, después, por qué no sucede”. Gobernar es, en definitiva, prever y comunicar.
La particularidad del Poder Judicial es singular dentro de la arquitectura del poder. A diferencia de los poderes políticos, que sustenta su legitimidad en la aprobación social, el Poder Judicial produce decisiones: sentencias. Y esas decisiones, por definición, muchas veces resultan impopulares. No están diseñadas para agradar, sino para aplicar la Constitución y la ley frente a conflictos concretos.
Las decisiones judiciales -en particular las de la Corte Suprema- no se limitan a resolver conflictos individuales. En muchos casos terminan fijando verdaderos criterios de política de Estado.
Esto ocurre también en materia económica: la CSJN diseña establece los límites constitucionales dentro de los cuales la política ecónmica puede desarrollarse.
En ese sentido, cada decisión relevante del Tribunal contribuye a delinear reglas de estabilidad, previsibilidad, seguridad jurídica y confianza institucional, elementos indispensables para cualquier política económica sostenible.
Hoy la arquitectura del poder exige comprender:
cómo operan los algoritmos,
cómo circula la información en redes
cómo se construye legitimidad en tiempo real.
Y esa comunicación ya no se da en un espacio neutro, sino en entornos digitales atravesados por lógica de viralización, polarización y velocidad.
Desde esa tensión —entre instituciones, normas, narrativas, imagen, decisión y percepción— surge esta obra: como intento de examinar profundamente el nuevo mapa del poder del siglo XXI y de repensar el rol de la justicia.
La justicia convive hoy con cuatro fenómenos estructurales:
Primero, el carácter instantáneo de la opinión pública. La sentencia ya no es el punto final del proceso narrativo; muchas veces es el capítulo de un juicio mediático previo.
Segundo, la mediatización de los conflictos penales. La legitimidad democrática requiere una esfera pública racional. El problema es que esa esfera hoy se encuentra atravesada por lógicas de viralización, polarización y la economía de la atención.
Tercero, la irrupción de redes sociales que fragmentan la autoridad y multiplican voces sin mediación institucional.
Cuarto, la inteligencia artificial. Desde sistemas predictivos hasta deepfakes y análisis automatizado de datos, la tecnología no es neutral. El llamado capitalismo de vigilancia transforma la experiencia humana en datos explotables. Esto impacta directamente en la prueba digital, en la privacidad y en la arquitectura misma del proceso penal.
Pluralidad de voces
Múltiples perspectivas.
Participan cincuenta autores: jueces, fiscales, defensores, periodistas y especialistas en tecnología.
Ámbito judicial: Julio Conte-Grand; Ariel Gustavo Coll; Germán Garavano; Javier Carbajo; Ricardo A. Basílico, Julián Ercolini, entre otros magistrados de reconocida trayectoria.
Ámbito periodístico: Eduardo Feinmann, Luis Majul, Fabián Doman, Cristina Pérez, Hernán Cappiello, Sergio Berensztein, Gabriel Iezzi, Tomás Martino, Facundo Nejamkis y Claudio Zuchovicki.

Ejes de la obra
Capítulo I
PODERES, INSTITUCIONES Y JUSTICIA
Este primer capítulo abre el libro con una pregunta de base: cómo se reconfigura el rol judicial cuando las instituciones deben sostener legitimidad bajo presión social, velocidad informativa y transformaciones estructurales del Estado constitucional.
En ese marco, Julio Marcelo Conte-Grand trabaja la innovación institucional y la transformación digital en el Ministerio Público bonaerense; Fabián Asís repiensa la Corte Suprema como directora de políticas de Estado; José Antonio Michilini analiza el lugar del Ministerio Público Fiscal y del Procurador General en el sistema acusatorio federal; Florencia Monzón aborda la responsabilidad internacional del Estado por fallos judiciales; Julián Ercolini vincula proceso penal, poder y “regímenes de verdad” en el modelo adversarial; y, en continuidad, Germán Garavano y Lucas Salerno ponen el foco en cultura institucional y cambio organizacional, mientras Gustavo E. Kollmann y Javier Carbajo aportan claves sobre legitimación democrática de los operadores y sobre formación/capacitación judicial ante el nuevo CPPF.
Capítulo II
JUSTICIA, IMAGEN Y COMUNICACIÓN
El segundo capítulo parte de una premisa decisiva para el discurso de presentación: la justicia no solo decide, también comunica, y esa comunicación impacta en su credibilidad y en la comprensión pública de la ley.
María Bourdin describe el nuevo ecosistema de comunicación judicial y el giro de la sentencia como producto “de élite” a insumo masivo; Santiago Canicoba y María Eugenia Chaud desarrollan el lenguaje claro como derecho ciudadano y deber judicial; Tomás Martino enlaza sentencia, prensa y pedagogía cívica; Ana D’Alessio propone entender la comunicación judicial como modo de legitimación de la decisión; Silvana Boschi examina el juicio mediático cuando la justicia se vuelve espectáculo; Facundo Nejamkis, Andrés Gilio y Javier Cachés aportan una lectura empírica sobre percepciones sociales y confianza; y Karina Perilli, Ariel Gustavo Coll, Gabriel Morini y Alfredo Izaguirre exploran la relación justicia-prensa, la posverdad, la traducción del lenguaje jurídico y la democratización informativa.
Julio C. Báez y María Paula García
Capítulo III
Prensa, Redes Sociales y construcción de la opinión pública Este capítulo se adentra en el “tribunal de la opinión pública” y en la tensión permanente entre libertad de expresión, responsabilidad informativa y garantías del debido proceso, en una sociedad hiperconectada.
Luis Majul introduce el eje general sobre justicia, medios, IA y redes; Eduardo Feinmann lo sintetiza en la lógica de titulares, hashtags y condenas sin juez; Alejandro Alfie trabaja los dilemas de la normativa infocomunicacional en casos concretos; Fabián Doman ofrece una radiografía del tratamiento mediático de expedientes y de la “sede televisiva” como escenario; Ignacio Zuleta problematiza la desinformación y la construcción de audiencias; Sergio Berensztein analiza polarización y redes; Cristina Pérez y Hernán Cappiello discuten verdad, rumor y la relación prensa–Poder Judicial; Mercedes Rodríguez Goyena estudia presunción de inocencia e imparcialidad bajo exposición mediática; Gabriel Iezzi aborda el clickbait judicial y su impacto en procesos penales; y Fernando Soto enfrenta la tensión privacidad/libertad de expresión en la formación de opinión pública y, en un registro conceptual e histórico que refuerza el eje del capítulo, Julio C. Báez y María Paula García muestran cómo ciertos textos “operan” y multiplican su capacidad de daño cuando se acoplan al proceso de comunicación.
Cap. IV. ÉTICA, DERECHOS Y DESAFÍOS CONTEMPORÁNEOS
El cuarto capítulo concentra los dilemas más sensibles del presente: ética institucional, discursos de odio, tecnología e inteligencia artificial como factores que reordenan riesgos, prueba, privacidad y condiciones de la verdad judicial.
Ricardo Ángel Basílico y Mariano Nicolás Lema abordan imparcialidad, ética en la justicia y objetividad fiscal; Ignacio Mahiques y Valeria Onetto profundizan el fenómeno de los discursos de odio y su vínculo con el derecho penal; Ezequiel Taverna lo proyecta a la era de la IA generativa, deepfakes y violencia digital, con foco en estándares constitucionales y convencionales; Analía Zygier examina sesgos, ficciones y artificios (incluido el “deepfake judicial”) y propone una justicia resistente al algoritmo; Marcelo Riquert introduce delincuencia tecnológica, capitalismo de vigilancia y “prisión digital”; y el propio Taverna vuelve sobre el ciberacoso a magistrados, con claves de prevención, persecución y prueba digital, Mariano Obarrio discute el uso político y social de la IA como posible herramienta de manipulación masiva y el desafío de control por parte de la Justicia; Claudio Zuchovicki aporta, desde la experiencia de mercados, el problema de las estafas digitales potenciadas por IA y la erosión de confianza como daño sistémico; Jorge Buompadre examina las implicancias penales de estos nuevos escenarios (incluida la suplantación, la falsificación y el uso de deepfakes) y el reto de tipificar y perseguir conductas en expansión; Ramiro González aterriza el debate en el terreno electoral, analizando deepfakes políticas y su impacto sobre la genuina expresión de la voluntad popular y María Ángela Fiorentini junto con Gianella Milagros Ramírez Fantin abordan un punto neurálgico: la “caja negra” algorítmica y por qué, aun con IA, la motivación y la responsabilidad decisoria deben permanecer en el juez como garantía del debido proceso .

Cierre
Esta obra será también la base de un posgrado que vamos a dictar, pensado para profundizar estos temas con enfoque práctico y académico: cómo se decide y se comunica en un ecosistema de plataformas, cómo se protege la legitimidad institucional, y cómo se enfrenta el impacto de la IA sobre la prueba, la privacidad y los derechos, entre muchísimos otros temas.
El libro no ofrece respuestas cerradas, porque sería ingenuo prometer soluciones únicas frente a un fenómeno en plena transformación. Propone algo más importante: repensar el mapa del poder en el siglo XXI. Porque hoy la justicia no solo aplica la ley; opera dentro de una arquitectura tecnológica y comunicacional que redefine, en tiempo real, la legitimidad, la autoridad y la confianza social.
Quiero agradecer especialmente a La Ley por confiar en esta obra y acompañar su publicación; al doctor Ricardo Lorenzetti, por honrarnos con un prólogo que jerarquiza y enmarca intelectualmente este trabajo; a María Bourdin, co-directora de esta obra, por su compromiso, su mirada estratégica y su permanente impulso; y a quien estuvo a cargo de la coordinación, Juan Manuel Garay, por articular este esfuerzo colectivo.
Mi reconocimiento también a cada uno de los autores, cuya trayectoria y generosidad hicieron posible un libro verdaderamente plural; al Rabino Sacca y a Menora, por abrir este espacio de encuentro y reflexión; y, finalmente, a cada ciudadano que confía en que seguimos comprometidos con la búsqueda permanente de un sistema de administración de justicia más eficiente, más transparente y más igualitario.
(*) El autor hizo la presentación con la colaboración de Juan Manuel Garay
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