
Muchas razones se han escuchado para intentar explicar los resultados de elecciones de la provincia de Buenos Aires. Una de las más repetidas fue que el gobierno nacional no consiguió que sus logros en materia macroeconómica (baja de la inflación, superávit, etc.) se trasladen al bolsillo de la gente. Muy probablemente la sensación de angustia económica de la población tuvo impacto en su decisión al momento de votar, o de decidir no votar. Pero achacarle la culpa del estancamiento solamente al gobierno es una equivocación o un intento de aprovechar políticamente la situación.
Al momento de asumir, el presidente Milei presentó al Congreso la Ley Bases que incluía innumerables reformas para hacer más eficiente la economía en general (la micro). La ley aprobada finalmente eliminó dos tercios de los artículos propuestos por el Poder Ejecutivo. Fueron anuladas facultades para reformar impuestos, modernizar el régimen laboral o tratar temas previsionales. Sin duda de haberse realizado estas reformas hubiera sido mucho más probable que el éxito macro se trasladara a la micro con mayor velocidad.
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De todas maneras, el Gobierno tampoco llevó adelante todas las iniciativas aprobadas. Por ejemplo, aunque recortadas, se autorizaron las privatizaciones de ciertas empresas del Estado las cuales no se concretaron. Algunas de ellas no tienen ningún atractivo como negocio, como por ejemplo Yacimientos Carboníferos de Río Turbio, pero en las que podría haberse avanzado, como AYSA o Corredores Viales, todavía no hubo novedades.
Los modos del presidente Milei contribuyen a aumentar sus enemigos, aún en personas que piensan de manera similar. Algunos de ellos, sumados a sus rivales políticos, se toman revancha poniendo en duda la capacidad de perdurar de este gobierno. Como la economía no sólo depende de la realidad sino también de las expectativas de la gente, esta dinámica contribuye a que las personas no gasten, que las inversiones no se realicen y que la economía se estanque.
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Dentro de esta tónica, algunos asemejan este gobierno al del presidente Macri, probablemente para inferir que tampoco será reelecto, cuando hay diferencias importantísimas en las políticas aplicadas. La más relevante es la referida al equilibrio presupuestario. El gobierno de Macri atacó el déficit fiscal muy gradualmente financiándolo con mayor endeudamiento. Por otra parte, no se introdujeron grandes reformas estructurales para el funcionamiento de la economía. El gobierno de Milei liquidó el déficit fiscal y está intentando mejorar la microeconomía a través de reformas, que por oposición de parte del arco político no se han realizado, y las consumadas no han sido las de mayor importancia.
Finalmente, en todo proceso de reformas hay ganadores y perdedores, el conocido concepto de la destrucción creativa donde nuevas innovaciones reemplazan y vuelven obsoletos a los métodos o productos antiguos. Aunque el final de este proceso es beneficioso para la sociedad, el camino no es llano. La destrucción es más veloz que la creación. El Gobierno debería marcar el camino y el destino final sobre piedra, pero regular la velocidad para que los afectados que surjan durante el trayecto vayan encontrando nuevas oportunidades y así poder conservar el apoyo durante las dificultades que surgirán.
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En definitiva, el traslado del orden macro al crecimiento micro no es automático ni rápido. Pero el camino emprendido es el único que nos llevará al progreso. El desorden macro es una sentencia de estancamiento y pobreza. Las últimas décadas de Argentina son la prueba más fehaciente de ello.
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