
No por mucho repetir algo se convierte en realidad, no importa cuánto esfuerzo le ponga el gobernador Axel Kicillof. Lo escuchamos hablar, repetidamente, de la gestión de la infraestructura de lo que él mismo denomina “el corazón productivo del país”, de priorizar las economías regionales y el trabajo bonaerense. Muy lindo todo. Pero no se puede transitar por las rutas.
Es de Perogrullo que sin caminos no hay logística, y que las mentiras no transportan granos ni mercaderías. Transitar por la provincia de Buenos Aires es hoy un acto de fe: baches, falta de iluminación, señalización insuficiente, caminos inundados. Parece que el corazón productivo se va quedando sin arterias sanas y eso no sólo afecta al comercio, sino que también mata.
Según datos oficiales, en 2023 se registraron 1.351 muertes por accidentes de tránsito en la provincia, la cifra más alta del país. El 46% de los siniestros viales fatales suceden en rutas, y la mayoría son evitables. A lo largo de 2024 las estadísticas mejoraron, pero siguen siendo alarmantes: el Observatorio Vial de la provincia contabilizó 833 siniestros viales fatales y un dato doloroso: 910 personas fallecieron en el lugar de los hechos.
Transportistas y personas, además de jugarse la vida en cada viaje, deben agregar significativos gastos a sus traslados porque el mal estado de las rutas impacta en los vehículos: cambios de cubiertas, pastillas de freno, alineación y balanceo, y todo sin considerar accidentes.
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Rutas como la 11, la 30 y la 41 son escenario de tragedias frecuentes. La ausencia de mantenimiento agrava el peligro, así como también la falta de cooperación entre el Estado provincial y nacional para mejorar las vías de conexión como es el caso de las rutas 188, 9 y 5, que atraviesan el territorio bonaerense.
Es paradójico que el gobierno de los discursos sobre la gestión y sobre enfrentar los problemas de los que siempre tienen la culpa otros, no tenga un plan de infraestructura y sean los propios vecinos los que se organizan para reclamar lo que debería estar garantizando: tener rutas seguras.
La inversión presupuestaria en infraestructura vial continúa siendo insuficiente y errática. La decisión del gobierno nacional de frenar obras claves para la provincia atenta contra el crecimiento económico. Mientras el volumen de tránsito pesado crece por el desarrollo agroindustrial, el deterioro de la red complica la logística, encarece costos y multiplica el riesgo de accidentes.
La provincia de Buenos Aires debe avanzar hacia un plan de infraestructura vial que garantice mejores condiciones de transitabilidad y una inversión sostenida, para potenciar la agroindustria, fomentar la conectividad y salvar vidas.
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Días atrás, el gobernador Kicillof habló de crear nuevas canciones y dejar atrás las de siempre. El repertorio debería comenzar por aquella que dice que mejor que decir es hacer.
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