
Todos los agentes económicos: consumidores, industriales, trabajadores en relación de dependencia, comerciantes, gobierno, exportadores, importadores, inversores, vienen formando sus expectativas hace tiempo atrás y actuando en consecuencia para anticipar movimientos.
La Economía como un todo se vuelve muy sensible a proyecciones, indicadores, opiniones y sobre todo a la vivencia del “día a día” de cada individuo entorno a los posibles cambios que puede generar el resultado electoral.
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Los márgenes de maniobra actuales del Gobierno son muy acotados, y los argentinos se han acostumbrado a vivir tomando micro decisiones en períodos temporales cortos. Adquirieron esta gimnasia por las propias características de la historia económica.
La alta inflación - cerró en 2022 casi en un 100%, y las proyecciones para 2023 son similares o incluso levemente más altas- es un factor que erosiona el poder de planificar a mediano y largo plazo. En particular, la macro de hoy no le otorga al Gobierno mucho margen de maniobra. Ciertamente es una de las variables que más preocupa a la sociedad y al gobierno.
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Las exportaciones que generan ingreso de divisas, principalmente por el agro, están golpeadas por la sequía, lo que es un problema para poder atesorar divisas en las arcas del Banco Central. Una estimación de la Bolsa de Rosario indica que para la campaña 2022/2023 se calcula una caída de casi USD 4.500 millones, lo que representa casi 3,6 millones de toneladas menos.
Los salarios en términos reales, medidos en poder adquisitivo, se vienen deteriorando con relación a igual mes del año anterior, tanto en términos generales, como en las distintas categorías que conforman al índice del Indec, desde agosto del 2022 y hasta diciembre del 2022.
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La regulación de las importaciones por medio del SIRA impacta no solo en disponibilidad de bienes que tienen los consumidores, sino en los insumos para que las industrias nacionales puedan producir de forma fluida.

Hay algunos indicadores industriales que han comenzado a dar signos de caída o desaceleración, como el índice de producción industrial que publica Indec en su versión desestacionalizada, desde julio último en casi todos los meses. No obstante, el acumulado del 2022 fue 4,6% positivo con respecto al año previo.
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La tasa de interés real positiva que fue corregida en este sentido, ya cursando el segundo semestre del 2022, tiene un impacto importante para frenar la inflación y la demanda de dólares, pero no en forma inmediata, ya también impacta en la caída de la inversión directa y del consumo.
Los vencimientos de deuda en pesos durante el 2023 son abultados y es una variable a la que toda la macro sigue su evolución, pues son relevantes para el actual gobierno y para el próximo entrante, indistintamente del partido que resulte vencedor. Aquí es clave la madurez con la que todos los involucrados se manejen para ser prudentes en el impacto sobre la formación de las expectativas que es clave en esta instancia.
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La disyuntiva
Entonces pregunto ¿Cuál será la política que el gobierno va a tomar en los próximos meses de cara a las elecciones? Históricamente los años electorales están signados por expansión del gasto público y una política de ingresos activa con el objeto de generar votos. El Gobierno tiene un trade off muy desafiante.
Una política de ingresos más activa o de mejora de los salarios puede alimentar el espiral inflacionario. Pero, por otro lado, sin generar mejora en los salarios y la capacidad adquisitiva de los votantes una parte importante del electorado que lo votó se pondrá en riesgo.
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En otra instancia, la realidad es que los niveles actuales de inflación son muy elevados y está claro que el Gobierno entendió que la sociedad en su conjunto no tiene tolerancia a fuertes y persistentes suba de precios.
Lo que no tiene claro gran parte de la población es el origen real de la inflación, que es la monetización del déficit fiscal y, por ende, parte de las herramientas que utiliza para esterilizarlo que no son acordes.
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La acumulación de reservas es clave para mantener las cotizaciones de los distintos dólares sin sobresaltos y volatilidad; el control sobre las importaciones, es decir por el lado de la demanda de divisas, será claramente una herramienta que seguirá usando el gobierno, a pesar de los altos costos en términos de oferta de insumos básicos para la producción y el consumo. Es posible que, por el lado de la oferta de dólares, para evitar una devaluación brusca del tipo de cambio oficial se insista con más tipos de cambios diferenciales por sectores o productos.
El Gobierno optará en el tramo inicial del año de mantener las tasas de interés reales positivas para contrarrestar la inflación y la demanda de dólares que suele ser muy sensible previo a las elecciones para tomar cobertura, en detrimento del consumo y de la inversión directa.
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En conclusión, es muy probable que se asista a un año electoral más signado por cuidar el desborde inflacionario, que en el margen si no se logra “domar” reportará al Gobierno más costos que beneficios, en detrimento de una política de ingresos activa y expansiva en el consumo y actividad general.
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