
El capital de trabajo de las industrias del conocimiento está concentrado en el talento de sus equipos de colaboradores, mucho más que en aspectos financieros o logísticos. La capacidad de crear equipos de trabajo, acrecentar sus habilidades, generar un aprendizaje continuo que capitalice la experiencia de los proyectos realizados y permita avanzar hacia las fronteras tecnológicas, explorando nuevas soluciones, son la base de la competitividad de las empresas.
Una condición esencial de este proceso de acumulación de capital intelectual es tener una razonable tasa de retención de talento. La rotación de personal erosiona la capacidad profesional de las empresas, que dejarán de ser competitivas en poco tiempo si no logran niveles mínimos de retención de personal. Las empresas deben asegurar que su tasa de creación de talento sea siempre mayor a la pérdida de capacidades que sufren por la rotación.
El ecosistema argentino está sufriendo en los últimos años una muy elevada tasa de rotación de personal, producto no solo de la natural dinámica del mercado de conocimiento, que en todo el mundo ofrece rápidas oportunidades de progreso a los más capaces, sino de la imposibilidad que tienen nuestras industrias para pagar a sus empleados salarios en dólares “libres”, como ocurre en la gran mayoría de los países referentes.
En esta complicada situación, para mantener un “stock” de conocimiento constante en su fuerza de trabajo, las empresas del conocimiento deben actuar en dos sentidos: incrementar el ritmo de reclutamiento de nuevos profesionales, y aumentar la formación “in house” de los nuevos ingresantes, para que rápidamente puedan ocupar los trabajos de mayor especialización que dejan vacantes los profesionales que se van.
Ambos objetivos tienen límites muy concretos. La búsqueda de nuevos profesionales aumenta la demanda de trabajadores del sistema productivo al sistema educativo, provocando un estrés no solo sobre las carreras universitarias formales, sino sobre la oferta de carreras cortas de institutos especialmente enfocados en la formación de las tecnologías más demandadas.
Sin embargo, las respuestas del sistema educativo son, en general, más lentas que la demanda del sistema productivo. Argentina tiene un serio déficit anual de jóvenes profesionales en la gran mayoría de las especialidades del conocimiento. Enfrentamos un enorme desafío para potenciar en los próximos años la oferta educativa en especialidades STEM, no solo en la educación superior, sino en los niveles primario y secundario, donde se inicia la formación del pensamiento computacional, el análisis sistémico y el aprendizaje de idiomas, capacidades indispensables para las industrias del conocimiento.
Estas carreras ofrecen a nuestros jóvenes atractivas oportunidades para su desarrollo personal inmediato y futuro. En el siglo del conocimiento, en el que la demanda de saberes tecnológicos es cada vez más intensa, no hay mejor garantía de realización profesional que una sólida educación. El desafío de actualizar nuestro sistema educativo, en todos sus niveles, a las demandas del siglo XXI, es cada día más crítico.
La formación “in house” en las empresas también enfrenta limitaciones. Las empresas funcionan como escuelas cotidianas, donde el trabajo bajo supervisión de los líderes y especialistas temáticos fortalecen las capacidades de los equipos. En las empresas no solo se produce, sino que se aprende. Y es ese aprendizaje práctico el que genera el acrecentamiento del capital de trabajo y la competitividad.
Al perder a sus líderes temáticos, las empresas no solo ponen en peligro la entrega de sus proyectos, sino que erosionan la cadena de formación que representa la supervisión profesional cotidiana de los más jóvenes por los más expertos. De tal forma, la subsistencia de un fuerte ecosistema del conocimiento está en directa relación con la existencia de condiciones macroeconómicas normales, que permitan a nuestras empresas pagar los salarios que el mundo reconoce a estas profesiones, sobre todo, a los especialistas más calificados.
Educar intensivamente, generar proyectos de vanguardia, retener personal acrecentando a diario su conocimiento y pagar salarios compatibles con lo que el mundo reconoce para estas especialidades, son las bases para fortalecer y desarrollar nuestras industrias del conocimiento, clave de una Argentina con futuro.
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