
La opinión pública se encuentra sometida a un “festival de egos” que, no solo no ayuda a mejorar la situación de incertidumbre que padecemos, sino que, además, nos produce un severo disgusto y nos hace dudar de las capacidades reales de quienes gobiernan o pretenden gobernar en el futuro.
Del lado de Juntos por el Cambio, por encima de las personalidades diversas que se están exponiendo públicamente con el objetivo de lograr el apoyo para sus propuestas, hay elementos ideológicos diferentes que los identifican.
Al igual que la gran coalición que gobernó Alemania durante 12 de los 16 años que ocupó el gobierno la social cristiana (o centro derechista liberal) Angela Merkel, se presenta un frente integrado por una fuerza centralmente socialdemócrata -la UCR- y otra de centro-derecha liberal -el PRO.
Esto no indica que, dentro de cada colectivo, no haya matices cruzados (es decir, que dentro de la UCR haya centro-derechistas y que al interior del PRO no se encuentren socialdemócratas).
Por ejemplo, detrás de la disputa que protagonizan Patricia Bullrich y Horacio Rodriguez Larreta, se encuentran presentes los componentes ideológicos indicados.
Del lado de Bullrich es clara la impronta de centro-derecha liberal y, del lado de Larreta, la social demócrata. Esto no significa que todos los partidarios de uno u otro comulguen con una ideología en particular, porque, además, ambas tienen muchos puntos de contacto (por eso pueden ser integrantes del mismo frente). El caso más reciente es el de la fórmula Lula-Geraldo Alckmin en Brasil, el primero socialdemócrata y el segundo centro-derecha liberal.
Otro tanto ocurre con la UCR, donde Gerardo Morales tiene un perfil más de centro-derecha liberal y Facundo Manes o Martin Lousteau son más afines a la social democracia.
Siempre tenemos que recordar que, institucionalmente, la UCR está afiliada a la Social Democracia Internacional -Jesus Rodríguez es el vicepresidente Latinoamericano de la IDS y el PRO detenta el mismo puesto en la Internacional de Centro-Derecha en la persona de Julian Obiglio.
Por eso, es razonable pensar que en las elecciones internas, se planteen fórmulas mixtas que expresen esta diversidad ideológica.
Estos perfiles ideológicos están también presentes en otras expresiones de la oposición: Nicolás Del Caño y Myriam Bergman expresan a la izquierda dura y Javier Milei a la derecha (identificado con Trump, Bolsonaro, Vox en España y Le Pen en Francia).
No me voy a detener en los perfiles de Alberto Fernández, Cristina Kirchner o Sergio Massa dentro del Frente de Todos, pero me gustaría que alguien de ese sector se ocupe de este tema.
¿Por qué la mayoría de los dirigentes políticos -a diferencia de lo que ocurre normalmente en los países democráticos occidentales- no quiere hablar de este tema?
Se ha puesto de moda afirmar que “las ideologías están muertas” o hacer referencias genéricas sobre “los valores”, negando un elemento central de la Cultura Política contemporánea (entendiendo como tal a acontecimientos históricos centrales como la independencia norteamericana y la de las colonias españolas y portuguesas, así como las revoluciones francesa, rusa y china y el advenimiento del fascismo y el nazismo).
Con una visión elitista y despreciativa de la cultura popular, se entiende que estos temas “no son de la incumbencia de la opinión pública, y sólo son materia de la academia”. Creo que esta actitud es equivocada y que representa un vacío grave en el desarrollo de nuestros partidos políticos mayoritarios.
En una segunda entrega de esta serie, haré referencia sintética a las diferencias existentes entre los diferentes pensamientos ideológicos globales y su relación con los partidos políticos argentinos.
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