
No hacía falta ser muy imaginativo para pensar en Divinsky cuando inauguramos una sección de libro en Infobae. Divinsky -Daniel Divinsky, pero siempre le decíamos por el apellido- ya estaba retirado pero había sido un editor exquisito y, como tal, un lector informado, curioso, abierto a lo nuevo. Que comentara libros, los libros que quisiera, en la nueva sección, era perfecto.

Manual Divinsky de literatura contemporánea
eBook
Gratis
Divinsky aceptó la propuesta sin muchas vueltas. Sólo una condición: no estaría atado a ningún lanzamiento. Iba a hablar, lisa y llanamente, de los libros que tuviera ganas. Los que lo entusiasmaban. Y, muchísimo, los que lo hacían reír. Por eso, dijo, su columna se llamaría “No-novedades”, aunque muchas veces -vicio de lector- terminara hablando de títulos recientes. La verdad: no me gustaba ese título, pero ¿cómo decirle que no a un colaborador tan exquisito?
PUBLICIDAD
De libros, de escritores, de encuentros casuales y de ideas geniales. En sus columnas, Daniel Divinsky iba a hablar de cosas como las que contó en los muchos almuerzos con periodistas que tuvo a través de los años. “Me voy a comer con Divinsky” era una frase habitual entre colegas de las secciones de Cultura de distintos medios. Allí él hablaba de política -siempre del lado progresista de la vida-, dejaba caer intimidades de la industria editorial y recomendaba cuentos y novelas. A través de Divinsky me enteré de que había un tal Emmanuel Carrère que hacía no ficción con una potencia tremenda, y que no podía perderme De vidas ajenas. Ya se sabe cómo siguió lo de Carrère, hoy un autor ineludible.
Pero, sobre todo, Divinksy leía con mirada insolente o, tal vez, con mirada de descubridor, la mirada del que se arroga la facultad de distinguir una joya sin necesitar que otros le digan que eso que está viendo es valioso. Por eso, su mirada iba a lo nuevo, a los jóvenes, a los desconocidos. Tenía fe en su paladar y así nos empujaba a salir de las listas de los grandes nombres e innovar, algo que también puede significar mirar los grandes nombres del futuro.
PUBLICIDAD
De hecho, fueron necesarios sus ojos el primer año en que abrió la Feria del Libro y él –que había dejado De La Flor- ya no era editor. La periodista Julieta Roffo recorrió los stands con él, que explicó lo que buscarían en ese recorrido con un concepto: “A la Feria hay que verle los stands chiquitos. No vale la pena frenar en los que tienen lo que se consigue en todas las librerías”.
A Divinsky, como dijimos, le importaban mucho el humor y la risa. No en vano había sido el editor -y amigo- de Quino, mucho más allá de Mafalda. El editor y amigo de Fontanarrosa. No en vano en su editorial, De La Flor, aparecieron las tiras de Rep, de Caloi, de Maitena, de Alberto Montt, las del Niño Rodríguez, los trabajos de Daniel Paz y Rudy y una valiosa historia de la historieta argentina.
PUBLICIDAD
La página Humor Sapiens una vez le preguntó por qué fue así. Dijo que tenía la risa fácil. En una de esas charlas, en sus últimos años de editor, también me dijo con entusiasmo que por fin había encontrado a alguien que escribía con humor en el presente: era Verónica Sukaczer.

Pero sus autores no sólo fueron humoristas. Allí se publicaron los libros de Rodolfo Walsh, de Ray Bradbury, de Umberto Eco, de Vinicius de Moraes, de Boris Vian, de Griselda Gambaro, de Georges Brassens, de Ariel Dorfman, de Rodolfo Fogwill, de Martín Caparrós. Publicó Los pichiciegos, una novela de Fogwill que hoy es histórica y El traductor, una obra de Salvador Benesdra que se volvió de culto. Y también Nueva poesía U.S.A. De Ezra Pound a Bob Dylan, editado en los años 70.
PUBLICIDAD
Ese era el editor al que habíamos invitado a escribir sobre libros. El que iba de los más grandes a los más chicos. El que había sido reconocido en escenarios como la Feria del Libro de Guadalajara pero que se burlaba de que le dijeran “el mítico editor” o “maestro de maestros”. Se reía de las formalidades, amaba los juegos de palabras, como el que hace, en estas páginas, con el título “Por qué me hice calvinista pero de Ítalo Calvino”. A decir verdad: le encantaban los mimos y los halagos a su trabajo, pero sin engolamiento.

Todo eso que cuento se ve en esta recopilación de sus escritos que en Infobae Ediciones titulamos -en broma, porque creímos que le gustaría- Manual Divinsky de literatura contemporánea. Aquí, cada vez que habla de un libro, de paso te cuenta de varios otros. Se ocupa de consagradísimos como George Orwell pero también de emergentes como Paula Tomassini. Recorre literaturad de varias latitudes: nada de lo escrito le es ajeno. Todo, con esa mirada aguda, inteligente, desconfiada del poder, contemporánea.
PUBLICIDAD
Este libro fue una promesa. Prácticamente, lo último que hablamos -por supuesto, en un almuerzo- fue de hacerlo. Yo, humildemente, le fui a decir al “mítico editor” que quería publicar sus columnas y que él escribiera el prólogo. Casi con vergüenza iba. Para mi sorpresa, Divinsky se emocionó por la idea. Dijo que sí. Quedé en mandarle el material pronto y -este es el espacio para la justificación- le fallé.
Daniel Divinsky murió el 1° de agosto de 2025. Acá estoy yo, escribiendo el prólogo que le correspondía a él. Pero cumpliendo con promesa reunir sus columnas, para felicidad de sus lectores.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Una criatura marina y una búsqueda inquietante: el universo de "Nieve en la orilla" da escalofríos
En su primera novela, Sofía Castillón recrea una atmósfera donde lo fantástico irrumpe en la vida cotidiana, los rituales alteran las fronteras de lo real y el pasado familiar es una fuerza imposible de frenar

El laberinto infinito de la retraducción: del chino que inventó su propio Quijote al enojo de Mark Twain y la fascinación de Borges
La literatura también puede ser un telefóno descompuesto. ¿Qué pasa cuando leemos la traducción de una traducción? ¿Cuánto se conserva del original? ¿Es una obra nueva? ¿Vale la pena preguntárselo?

Bernie Taupin, el letrista de Elton John que casi muere ahogado en México: 40 años de silencio y el álbum más personal de su vida
Un pescador con una cuerda lo salvó en una playa desierta. Tres décadas después, ese terror se convirtió en la semilla de un disco grabado completamente solo, sin discográficas ni socios creativos

"Los hermafroditas": el manuscrito de Foucault, inédito durante 40 años, que explica por qué el Estado necesita decirte qué sexo tenés
Un texto archivado durante décadas en la Biblioteca Nacional de Francia demuestra que en el siglo XVI el sexo se podía elegir, y que fue la medicina moderna la que impuso la idea de un sexo verdadero, único e inmutable

La revancha de la hija: escribió sobre su padre exiliado, él dejó de hablarle y ahora Josefina Licitra ganó el Premio Sor Juana con ese libro
“Crac” cuenta los años de silencio entre una periodista argentina y su padre, que se fue a España durante la dictadura cuando ella tenía tres años. El jurado de la Feria del Libro de Guadalajara lo eligió por unanimidad



