
La paz financiera parece haber llegado antes de tiempo. Alguna buena noticia proveniente de la gira que Sergio Massa y su comitiva han iniciado esta semana por los Estados Unidos y el lanzamiento de una nueva versión del “dólar soja” (que parece haber captado el interés de quienes aún tenían granos para liquidar) parece haber sido suficiente para tener –al menos por algunos días- algo de tranquilidad en los mercados.
Los problemas estructurales que llevaron a la Argentina a un espiral confuso de nerviosismo y escepticismo (sobre todo en lo que viene) no se han resuelto. A medida que pasa el tiempo parece que tampoco están en la agenda de temas que el actual gobierno tenga intenciones de encarar.
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La tranquilidad aparente que reina en los mercados no es ni más ni menos que la respuesta a una Argentina que vive su día a día a plena intensidad. Las metas con el FMI en materia de reservas era uno de los grandes desafíos de corto plazo que al parecer el “dólar soja” logrará cumplir.
La maraña en los tipos de cambio, distorsiones, retenciones y cambios permanentes en las reglas del juego no hace más que confirmar que toda la tranquilidad que pueda percibirse hoy no es más que el anticipo de la tempestad. Mientras el nuevo esquema de liquidación del “dólar soja” (quienes liquiden hoy lo pueden hacer a un tipo de cambio de 200 pesos por dólar) le da un claro incentivo a todo aquel que necesite hacerse de pesos (según el Gobierno la liquidación total de septiembre alcanzará los 5.000 millones de dólares), esto suma nerviosismo e incertidumbre a lo que vendrá a partir del 1 de octubre, día en el que ya no existirá este esquema y nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que pueda pasar a partir de allí.
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Tampoco queda claro cómo es que lograrán que los que liquiden su soja más allá del 30 de septiembre vuelvan a “aceptar” el dólar oficial: más aún, nadie sabe qué medidas tomarán con el resto de los sectores exportadores que reclaman –con cierta razón de equidad- su tipo de cambio diferencial para poder tener el mismo beneficio que los exportadores sojeros. Todo un dilema en un esquema de medidas que solo significan parches en una economía que requiere algún tratamiento más serio y duradero que el que se le está dando hoy, empujados simplemente por necesidad imperiosa de obtener divisas rápidamente.
El otro dilema que se nos presenta es el viaje de Sergio Massa a Washington DC y Houston. Entre empresarios, fondos de inversión y organismos internacionales están atravesando sus días los funcionarios argentinos en el país del norte donde ya han recolectado (al menos en promesas) algo más de 3.000 millones de dólares. Extraña actitud de un gobierno kirchnerista que festeja haber logrado este nuevo endeudamiento cuando durante años fueron grandes militantes del “vivir con lo nuestro” sin crédito externo. Toda una rareza ideológica.
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Esta carrera desesperada por conseguir dólares frescos (y en la que aparentemente se está avanzando a paso firme) tiene una contracara muy preocupante: por un lado la acumulación de Leliqs -que con la tasa de interés en los niveles actuales es una bomba inflacionaria futura difícil de desactivar-, y por el otro los dólares no son tantos como parecen: las importaciones siguen frenadas, hay atraso en los pagos al exterior y nada parece alcanzar para las necesidades que hoy tiene el BCRA.
Tal vez este parche temporal que oscila entre el “dólar soja” y los organismos de crédito internacionales pueda conseguir algunos dólares extras que permitan ganar un poco más de tiempo. En este punto todo lo no implique verdaderas reformas estructurales será inútil para poder evitar la implosión económica que se está gestando, la cuál nadie parece por ahora estar dispuesto a detener, menos aún en tiempos donde la carrera electoral está a punto de largarse sobre un paisaje donde solo se ve expansión en el gasto público y puro derroche populista.
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