
En su carta de renuncia al Ministerio de Economía, Martín Guzmán sostiene que su objetivo al llegar al ministerio era “tranquilizar la economía”. En este marco, el tema es muy simple: su gestión fue un fracaso.
Se va en medio de una corrida cambiaria, con el dólar tocando los $ 240, una inflación apuntando a cerrar arriba de 70% anual, y un Riesgo País cercano a los 2.300.
Cabe detenerse en este punto para ver cómo la teoría de Guzmán se vio contrariada por la evidencia. Es que, desde el punto de vista del ahora ex ministro, la “intranquilidad” de la economía se debía a la deuda en dólares, culpa principalmente de los acreedores internacionales. La “arquitectura financiera internacional”, en sus palabras, era defectuosa.
La solución pasaba por restructurar la deuda, patear para adelante los vencimientos e imponerles quitas a los que le prestaron plata a Macri. La propuesta parecía novedosa, pero no es nada nuevo para un defaulteador serial como Argentina.
A la restructuración se sumó el acuerdo con el FMI, un acuerdo donde el organismo aceptó poner las metas más laxas de su historia, a cambio de no aparecer nuevamente como el socio del fracaso económico argentino.
Nada de eso fue suficiente.
Es que la realidad probó que la teoría del ministro era errónea. El problema no es la “arquitectura financiera internacional”, sino las finanzas públicas del gobierno, que son percibidas como insostenibles. Guzmán puede echarla la culpa al Covid-19, pero en los primeros meses de 2022 el gasto público primario creció 78% anual. Ahora le echan la culpa a Ucrania.
No obstante lo dicho, Martín Guzmán aportaba tal vez el único pequeño monto de sensatez a la coalición gobernante. En repetidas oportunidades se manifestó a favor de reducir el déficit fiscal y la emisión monetaria para financiarlo, dos pilares que aparecieron detrás de todas las crisis macroeconómicas de Argentina.
Y he aquí lo verdaderamente preocupante. Es que lo que deja en evidencia su renuncia es que las críticas internas que recibió de parte del “kirchnerismo duro” y la incapacidad para tomar decisiones producto de los mandatos de Cristina Fernández, terminaron desgastándolo completamente.
Así que, si Guzmán se va porque perdió la pelea con el sector más inviable del Frente de Todos, queda esperar que llegue al Ministerio un funcionario más alineado con el pensamiento de Cristina Fernández. Alguien del perfil de Axel Kicillof, o de Amado Boudou. O sea, alguien que en medio de una mega-crisis fiscal y de inflación seguirá negando la responsabilidad del déficit y la emisión, y atacará a empresarios, exportadores y a la falta de un cepo cambiario más duro todavía.
El riesgo es éste. Que frente a la salida de Guzmán llegue alguien que lo haga incluso peor. Cuidado con la inflación. Y cuidado con el precio del dólar en el mercado paralelo.
El autor es titular de ICYA e Investigador Asociado del Centro FARO, de la Universidad del Desarrollo de Chile
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