
La inflación de noviembre bajó, sorprendiendo con un guarismo del 2,5% mensual, tras dos meses previos en 3,5%, repitiendo con agosto el menor registro desde julio de 2020. Así, el dato fue menor en 0,6 puntos porcentuales. respecto al estimado por el sector privado en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) por parte del Banco Central.
La baja superior a un punto porcentual en noviembre respecto del promedio hasta octubre del 3,6% mensual, debiera entenderse como un fenómeno transitorio ante efectos puntuales de los precios, sumado a que tampoco se modificó la política económica que llevara hacia un cambio de expectativas.
La fuerte desaceleración se dio por el lento avance de los precios estacionales con un alza del 0,5% mensual (la menor variación en 46 meses) en comparación con el 3,5% promedio mensual verificada hasta octubre. En regulados, pasó lo mismo: avanzaron 1% (menor suba en 17 meses) de la mano del congelamiento de tarifas, naftas, permisos de aumentos en medicina y educación).

En tanto, la inflación Núcleo -la no afectada por fenómenos estacionales, ni por la política oficial de controles y congelamiento- (aproximadamente 65% del IPC) subió 3,3% en noviembre cumpliendo más de un año a un ritmo superior al 3%; y en línea con lo registrado desde julio del 3,2% mensual, aunque menor al promedio 2021 del 3.7% mensual.
La desaceleración de medio punto mensual en la inflación núcleo está vinculada al menor ritmo de devaluación (1% mensual dese julio) y a la expansión de la cantidad de dinero del Primer Semestre del 2% promedio mensual, ya que la política monetaria actúa con rezago en la variación de los precios.
Así, hacia adelante, la inflación sería creciente con una alta probabilidad que comience con 3 en los próximos meses sustentada en varias fuerzas:
1) La aceleración del ritmo de devaluación del tipo cambio hacia el 2% mensual;
2) La expansión de la Base Monetaria al 3,5% promedio en el segundo semestre;
3) Alzas en precios regulados que fueron “pisadas” por las elecciones (YPF no incrementó precio de naftas desde junio);
4) La salida del congelamiento de precios de noviembre, esencialmente en alimentos;
5) Las limitaciones para importar, que lleva a ajustes de precios desde la oferta; y
6) La anormalidad de los precios estacionales de noviembre.
Escenarios para el nuevo año
Ahora bien. Mas allá de los próximos meses ¿Qué podemos decir de la inflación 2022? ¿Será menor, similar o mayor a la de 2021?
De acuerdo con nuestras estimaciones, 2021 cerraría en 50% anual (esperando 3,2% en diciembre). A la par, la inflación estimada en el REM para el próximo año alcanzaría 52 por ciento.

En PPI, nos fuimos “alejando” de la idea de un fuerte salto inflacionario en 2022, puesto que el gobierno tendría varias fuerzas monetarias a favor hacia una inflación, en principio, similar a la del 2021:
1) Proyección de menor déficit fiscal bajo el supuesto fuerte de acuerdo con el FMI. Ello limitaría la asistencia del BCRA, sumado a la posibilidad creciente de mayor captación de fondos en el mercado de capitales local;
2) La cantidad real de dinero (BM/PBI) alcanza al 6,5% del PBI en el último trimestre, inferior a la del cuarto trimestre 2019 y de igual período de 2020 cercanas al 8 por ciento;
3) Entre el 2020 y 2021, por la mayor movilidad y normalización de la economía fue reduciendo el exceso de liquidez, cercano al 1,5% del PBI, acumulado por la sociedad en la cuarentena;
4) El PBI (crecimiento de la oferta de bienes) creció mas de lo esperado, para cerrar por encima del 9,5 por ciento.
Consecuentemente, los factores monetarios (menor asistencia fiscal -FMI mediante- del BCRA) y una economía sin mayores “excesos” de liquidez hacia el IV trimestre, junto a una leve alza de la tasa de interés (vinculada al mayor crawling peg) deberían conducir hacia una estabilización de la inflación en torno al 3% por me. A ello, debería sumarse las alzas de tarifas hacia abril, por la segmentación en electricidad y el descongelamiento del gas.
Entonces, sin factores disruptivos -no acuerdo con el FMI o salto discreto del tipo de cambio- que conduzcan hacia mayor incertidumbre y caída de la demanda de dinero, la inflación sería similar al 2021, junto a una probabilidad (aun baja) de caída al rango del 45%.
¿Qué hacer con nuestros pesos, entonces? Entendemos que la sorpresa de la menor inflación de noviembre sería puntual, más que un cambio de tendencia. De esta manera, nos parece prudente mantener el sesgo hacia títulos ajustables por CER. No obstante, vale aclarar que la posibilidad de un aumento de tasas desde el BCRA (sugerido incluso por algunas fuentes oficiales) fortalece la visión de aumentar algo la exposición a devengamiento de tasa Badlar.
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