Una campaña a tontas y a locas

La debacle de las PASO dejó al oficialismo con las defensas bajas. Sin jefe de campaña que los unifique, marchan guiados sólo por el instinto de supervivencia

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Alberto Fernandez en Tucumán
Alberto Fernandez en Tucumán

De la fiesta de Olivos y la platita de Gollán, a los dibujitos de Aníbal. Los muchachos no paran. No se privan de nada. Cuesta entender cómo llegamos hasta aquí. Qué desapego con la realidad, qué distancia promedio del suelo, qué delirios de mística política pueden afectar de manera tan dañina algo tan elemental como el sentido común de quienes hace tanto tiempo que nos gobiernan.

De ser “portadores sanos” a la “pérdida del olfato” y ahí sin escalas a la “niebla mental” en el mejor de los casos. Mucho error no forzado. Mucho tiro en el pie.

La debacle de las PASO dejó al oficialismo con las defensas bajas.

No parece haber vacuna que preserve de los efectos detersivos con los que el poder suele afectar el alma de los que se pretenden parte de la élite de los moralmente superiores cuando temen ser desalojados de su zona de confort.

“Tormenta de citoquinas”, así llaman los expertos al estadío extremo y final que produce el coronavirus en su trayecto por el cuerpo humano.

En orden a supervivir el organismo afectado contraataca desatando una inmediata ofensiva que de tan intensa y descontrolada termina generando efectos colaterales, daños irreparables más peligrosos que el mismísimo virus.

La extorsiva renuncia de los ministros que nunca se fueron, los audios cloacales de Fernanda Vallejos, la carta de CFK. Los arrebatos y reproches. El fuego amigo graneado sobre la figura presencia. Una respuesta inflamada e inflamable que desató la tormenta perfecta.

Alberto Fernández y Cristina Kirchner
Alberto Fernández y Cristina Kirchner

El vendaval se llevó puestos a varios de los “funcionarios que no funcionan” y trajo a otros tantos que están tratando de funcionar. No les estaría resultando fácil. Trabajan a plazo fijo y no saben hacia dónde van. Tienen fecha de vencimiento.

Sin jefe alguno de campaña que los unifique, ni certeza acerca del rumbo a encarar, marchan a tontas y a locas guiados sólo por el instinto de supervivencia y el probable convencimiento de que, como sostiene un viejo dicho peronista, cuando todos creen que se están peleando en realidad están aplicados en reproducirse.

Solo eso puede explicar tanto descalabro, tanto desaguisado, tan desconcertante seguidilla de reacciones intempestivas e inconducentes.

Martín Guzmán salvó la piel pero lo marcan de cerca. Manzur, ya montado en su proyecto “Juan 23″ lo alcanzó en su propio papa-móvil para evitar que se corte solo.

Kicillof pena en silencio tras ser intervenido. Tiene la plaza cercada. Subordinación y valor.

Martín Insaurralde intentará componer con los intendentes que nunca llegaron a sintonía alguna, ni fina ni gruesa, con el Gobernador, hasta hace poco niño mimado de CFK y ahora padeciendo la intemperie.

Al bueno de Kulfas le perdonaron la vida y le sacaron a Paula Español de encima pero le sentaron a Feletti sobre la falda.

Roberto Feletti y Matías Kulfas
Roberto Feletti y Matías Kulfas

Al mismísimo Presidente le asignaron a un coach quien a duras penas puede con él.

Alberto va de los “sí y los no”, una controlable consigna de campaña, al desaforado “nosotros y ellos” con el que pretende reconquistar al núcleo duro que pasó de necesitarlo a despreciar.

“La pandemia nos separó, es tiempo de unirnos”, dijo ante los empresarios que lo escucharon en el Coloquio de IDEA. Ahora la culpa de la gripe la tiene el virus.

En este contexto de desasosiego y precariedad cada uno hace lo que puede.

Agudo comentarista de la actualidad, el panelista Sergio Berni bajó un título. Definió al Frente de Todos como ``un cachivache”.

Tan afecto a los medios, esta vez se despachó en off dejando trascender sus pareceres en conversaciones de sobremesa. Anunció que a más tardar en noviembre se va. Soldado que huye sirve para otra guerra. El también quiere ser Presidente en el 23.

Gabriela Cerrutti llega a la vocería de la Presidencia dispuesta a ordenar tanta dispersión. Ella que supo ser periodista ahora reniega del “off de récord”. Aseguró que lo suyo no solo apunta a ordenar a Alberto Fernández sino que va a representar a todos los sectores del Frente de Todos.

Mientras cada cual atiende su juego la cruda realidad que nos supimos construir impone su rigor. Al ras del piso no hay relato que aguante. Todos somos Lucas.

El asesinato de Lucas Cansino, apuñalado a sus 17 años camino a la escuela para robarle la bicicleta expone dramáticamente la escena que el país le propone a los más chicos.

Marcha tras el asesinato de
Marcha tras el asesinato de Lucas Cancino

No hay futuro para ellos. Solo un presente incierto y aterrador. La amenaza es la pobreza, la escasez de alimentos, las condiciones de extrema vulnerabilidad en la que los más pequeños pretenden abrirse paso hacia la adolescencia.

La directora de una escuela de Ezpeleta reporta una realidad alarmante. El 60% de los chicos de su primaria no volvió a las clases. Implantada en uno de los barrios más pobres del conurbano sur la postal del ausentismo da cuenta de lo que muchos definen ya como una “catástrofe educativa”

Los chicos pobres que quedan fuera del sistema educativo se cuentan por miles. Por qué no regresan es la pregunta que arroja respuestas aún más inquietantes.

El quiebre que supuso la anormalidad de la pandemia los desapegó de la rutina. Salen a cartonear con sus padres, a buscar algún sustento o quedan al cuidado de la casa y los hermanitos.

Otro asunto es el de los que vuelven a las aulas pero llegan a tercer grado analfabetos. Son los que iniciaron primero en 2020, cursaron su segundo en el 21 y fueron promovidos a tercero sin haber adquirido conocimiento alguno. Sin acceso a internet, compartiendo en el mejor de los casos algún dispositivo con la familia. En muchos casos hijos de padres también con escasa capacidad para leer y escribir.

En el comando de campaña de Juntos en Provincia reina la cautela. Minimizan el valioso aporte que los traspiés del oficialismo. Creen que el oficialismo tiene chances ciertas de acortar diferencias. Aseguran que en el conurbano profundo buena parte de los votantes que los acompañaron en 2019 no pasaron por el cuarto oscuro. Ese es el cálculo que los inquieta. Se cuentan por miles y son sensibles a la ayuda y el asistencialismo a la hora de definir su voto. Viven en la extrema necesidad. Se comprende. Son los pobres de toda pobreza.

¿Cuánta pobreza resiste la libertad? Era una frase muy de los ochenta.

Cuando la híper se llevó puesto el muy democrático gobierno de Raúl Alfonsín.

Con una inflación del 3,5%, llevando el interanual al 52%, el precio de los alimentos espanta y 25 puntos porcentuales por encima de la inflación promedio y unos 20 puntos por encima de los salarios formales y a las jubilaciones y pensiones el asunto de las instituciones y libertades personales como argumento de campaña es solo para los que comen hasta fin de mes.

Los sectores bajos empobrecidos están muy enojados con el Gobierno. Para esta franja que se siente parte de la clase media y aspira a un futuro para sus hijos.

No es solo la economía. No es solo el asado. Es la inseguridad que encierra y mata, es el desastre de la educación, es la pérdida del trabajo y del salario.

Es una cultura que achata, que iguala hacia abajo, que desprecia el mérito y devalúa el esfuerzo en cualquiera de sus formas. Es una bronca acumulada. En ese sector el voto no revierte, no hay caso, hagan lo que hagan.

Lucas Romero, Director de la Consultora Synopsys. sostiene que el resultado del pasado 12 de septiembre aceleró la crisis de liderazgo de Alberto Fernández y expuso las dificultades del Frente de Todos para resolver sus tensiones internas.

Para el politólogo, las señales de alarma de este tiempo tienen que ver con la descomposición del proceso político que dejó a la intemperie las dificultades para gobernar con un gabinete sectorizado y compartimentado. Tampoco ve fácil que se habilite un proceso de entendimiento, acuerdo y diálogo entre las dos coaliciones para salir adelante.

La profundidad de la grieta dificulta un acercamiento y las señales que emite el oficialismo son confusas y están marcadas por una profunda crisis de desconfianza. El resultado de las urnas del próximo noviembre difícilmente revierta este estado de cosas.

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