
Todavía están frescas en la memoria colectiva aquellas escenas en que más de 24.000 personas fueron obligadas por el gobierno de Formosa a permanecer confinados en centros de aislamiento y cuarentena muy parecidos a campos de concentración. En dicha provincia, hubo gente encerrada por mucho más tiempo a lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Gran cantidad de formoseños estuvieron virtualmente detenidos, privados de su libertad.
Muchas odiseas comenzaron cuando entre marzo a julio de 2020, el presidente Alberto Fernández implementó una de las cuarentenas más largas del mundo, que afectó duramente a la economía argentina. En una de esas cuarentenas, que se inició el sábado 22 de mayo de 2021, la mayoría de los argentinos únicamente podían salir a la calle entre las 6 de la mañana y las 6 de la tarde.
Había toque de queda, la gente sólo podía desplazarse hasta las inmediaciones de sus casas, las escuelas y negocios se cerraron, se prohibieron los eventos sociales, religiosos y deportivos, y todo el servicio de transporte virtualmente desapareció
Desafiando al gobierno, miles de ciudadanos salían a la calle a expresar su desaprobación a dichas medidas, por considerarlas abusivas y anticonstitucionales.
El 4 de mayo de este año, por las redes sociales, corrió por todo el país un mensaje que incluía esta declaración: “Señor Presidente y equipo de especialistas: les comunicamos que por razones de fuerza mayor a partir del 10 de mayo los ciudadanos argentinos retomaremos nuestros trabajos y actividades con los cuidados sanitarios correspondientes, ya que necesitamos comer y alimentar a nuestras familias. Vienen gestionando muy mal ésta crisis. No queremos escuchar más solamente a los infectólogos. Queremos escuchar también a economistas y matemáticos especialistas que comparen la letalidad de éste virus con otras numerosas causas de muerte, y así terminar con éste monopolio del virus y de cuarentena eterna que tanto daño nos hace”.
Claramente, desde el punto de vista social, las cuarentenas crearon más problemas que las que resolvieron.
Una criatura sociable
Es que el ser humano es por naturaleza una criatura sociable, y es imposible luchar contra la naturaleza. El poder de las personas depende de la interacción y de la circulación social, por lo que, al no poder interactuar y circular libremente, pierden maniobrabilidad, pierden flexibilidad.
En muchos casos, el aislamiento hasta termina volviendo paranoicos a muchas personas. Como decía el doctor Samuel Jhonson (1709-1784), “la soledad es peligrosa para la razón”.
Está comprobado que los efectos del aislamiento sobre la mente humana pueden ser catastróficos. Siendo el ser humano tan social, la mayoría de las cosas que hace (trabajar, por ejemplo) solamente puede hacerlas mediante la exposición y la circulación constantes.
Moverse, una necesidad
Así que el hombre necesita siempre mantenerse flexible y adaptable. Siempre necesita moverse en los ambientes más diversos y mezclarse, por lo que fuera y por lo que fuese, con sus pares.
Durante mucho tiempo, los niños tampoco fueron a la escuela. ¡Y pobre del niño privado de comunicarse y jugar con otros niños!
En resumidas cuentas, estimo que las cuarentenas debieron haber sido tomados como esos remedios que se toman en pequeñas dosis, no con la fuerza dictatorial con que se las tomó.
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