
Tras dos décadas de progresos sostenidos, desde 2016, cerca de 63 millones de niñas y 97 millones de niños se sumaron a las víctimas del trabajo infantil, que actualmente alcanza a 160 millones de niñas, niños y adolescentes. Esto significa que uno de cada 10 niños y niñas del mundo trabaja, algo que mayormente ocurre en la agricultura (un 70 por ciento de los casos).
Del total, casi la mitad de quienes se encuentran en esta situación (unos 79 millones) realizan trabajos peligrosos que ponen en peligro su salud, seguridad y desarrollo moral. Asimismo, como resultado del impacto de la pandemia causada por la COVID-19, otros 9 millones corren el riesgo de ser empujados al trabajo infantil para fines de 2022. Esto agregaría 46 millones más a la cifra total, a menos que se implementen medidas críticas de protección social. El impacto real de la crisis dependerá de nuestras respuestas políticas.
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Estos datos surgen del nuevo informe global de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), dado a conocer en vísperas del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, que se conmemora cada 12 de junio. Este informe es más que un llamado de atención: nos impulsa a pasar, de una vez por todas, del compromiso a la acción para terminar con el trabajo infantil en todas sus formas.
El Año Internacional por la Eliminación del Trabajo Infantil brinda una gran oportunidad para acelerar estos esfuerzos, en línea con la meta 8.7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.
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En este contexto, la OIT y UNICEF convocan a invertir más en servicios de protección social, universalizar la educación gratuita y de buena calidad, promover el trabajo decente para adultos y jóvenes en edad legal para trabajar, convocan también a renovar el enfoque de la agricultura para proteger que niñas y niños se involucran, a implementar leyes para proteger mejor a los niños y niñas y, finalmente, a garantizar una aplicación eficaz de sistemas integrales de protección infantil.
Necesitamos abordar las causas fundamentales y centrarnos en el trabajo decente y la protección social en las economías rurales. De hecho, el trabajo infantil prospera en la economía informal y ante los déficits en el trabajo decente. Las estimaciones muestran una marcada división entre las zonas rurales y urbanas: el 13,9 por ciento de los niños y niñas de las zonas rurales están en situación de trabajo infantil, en comparación con el 4,7 por ciento de los de las zonas urbanas.
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A diferencia de otras regiones, afortunadamente, América Latina y el Caribe lograron conservar la tendencia de disminución del trabajo infantil. De hecho, en esta región se evidenció una mejora en términos absolutos, de 10,5 millones a 8,2 millones. Es decir, la tendencia a la baja en la incidencia del trabajo infantil se mantiene desde el año 2008. Sin embargo, el problema todavía es grave y los efectos de la COVID-19 pueden revertir esta tendencia.
En Argentina, 1 de cada 10 niños, niñas y adolescentes realiza al menos una actividad productiva. En las zonas rurales del país el trabajo infantil se incrementa y alcanza a 2 de cada 10 niños y niñas de entre 5 y 15 años y representa al 43,5 por ciento de los adolescentes de entre 16 y 17 años.
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Según datos relevados por UNICEF entre octubre de 2020 y mayo de 2021, aumentó la participación de adolescentes en las tareas del hogar y en actividades orientadas al mercado. En estas últimas se ubica el 23 por ciento de los adolescentes. El crecimiento observado es de 7 puntos porcentuales y del 40 por ciento en términos relativos. Además, un 13 por ciento de las y los adolescentes se encuentra buscando trabajo. Entre quienes realizan tareas laborales en el mercado, un 47 por ciento indicó que no las realizaba previo a la cuarentena.
Las y los niños (y sus familias) necesitan contar con sistemas de protección infantil y sistemas públicos de protección social, educación y salud. Los enormes programas de respuesta y recuperación de la COVID-19 brindan una oportunidad para invertir en una estrategia de recuperación centrada en las personas, que permita cambiar las condiciones para las generaciones futuras de una vez y para siempre.
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En palabras del Premio Nobel de la Paz Kailash Satyarthi, no podemos permitir que se pierda toda una generación. De otro modo, “la historia no nos perdonará”. Es el momento. Es ahora. Pasemos a la acción.
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