
En un contexto marcado por la incertidumbre y la crisis sanitaria por el COVID-19 hay otra pandemia que no da tregua y que pone en jaque la vida de los bonaerenses: la inseguridad. Aunque es un problema de larga data, que ningún gobierno pudo solucionar en las últimas décadas, se vio agudizado durante el último año de la mano de la cuarentena y la debacle social que generó la pandemia.
Según un informe elaborado por los equipos técnicos del Partido Federal, en la región del AMBA unos 20 comercios por hora son víctimas de delitos. Más del 50 por ciento de los casos son robos a mano armada y el resto son objeto de hurtos en sus diferentes modalidades. Se trata de un sector doblemente golpeado hoy por las nuevas restricciones y por la ola de delincuencia que se hace con la magra recaudación que pueden hacer los negocios en esta situación.
En este tiempo también creció estrepitosamente el ciberdelito, que pasó de 22 delitos denunciados en 2019 a 640 en 2020. Según el mismo relevamiento, por lo menos 8 de cada 10 internautas fueron víctimas de algún ilícito en el país. En el AMBA, esa cifra baja a 7 de cada 10 personas.
Este tipo de ataques fue favorecido por la explosión del teletrabajo y el mayor tiempo que pasa la gente frente a las pantallas, así como el aumento del comercio online. Esa tendencia se acentuó aún más en los primeros meses de 2021, en los que se incrementó un 50% la cantidad de casos.
El robo automotor es otro de los delitos en “auge” en el conurbano bonaerense y la ciudad de Buenos Aires. En el último año, se concretaron más de 2200 robos de automotor de todo tipo, la mayoría de ellos a mano armada, donde ante la menor resistencia de las víctimas los ladrones tiran a matar. Hoy tenemos un robo de auto cada cuatro horas.
En concreto, la pandemia trajo un aumento cercano al 37% de este tipo de robos respecto a 2019, cuando se registraron 1600 casos. Como siempre, la zona más afectada es el AMBA: Castelar, Morón, San Martín, La Matanza, Lomas de Zamora, Lanús, Quilmes o Avellaneda son las zonas más peligrosas.
En este contexto, los vecinos del conurbano bonaerense se debaten entre la vida y la muerte no solo por el COVID-19, sino por los casos de inseguridad que se registran en la provincia; y se cansaron de esperar que los gobiernos de turno estén a la altura de las circunstancias, que velen por sus derechos.
Desde el Ministerio de Seguridad no hay plan de seguridad ni conducción por parte del ministro Sergio Berni, que prefiere entretenerse en operaciones y en la campaña, en pelearse con sus pares de Ciudad o con la ministra de Seguridad Sabina Frederic; y no ocuparse de garantizar la seguridad de los ciudadanos de la provincia.
Los casos de COVID-19 parecen irrefrenables, al igual que los casos de inseguridad en la provincia. En ambos casos necesitamos de políticas coherentes, consistentes, que no quieran tapar el sol con la mano, sino que piensen en una solución integral que resuelva las problemáticas de fondo y garantice un futuro libre de violencia.
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