
La dinámica de cualquier familia precisa de rutinas y costumbres para poder tener una cotidianidad lo más previsible y ordenada posible.
Las sociedades fueron cambiando y el viejo esquema que dictaba que “papá sale a trabajar y mamá se queda en casa”, ya está perimido.
Hoy en día en casi todas familias, las madres y los padres, tienen un rol activo en el mundo laboral. Es una realidad que atraviesa a todas las clases sociales.
La educación de las chicas y chicos es una tarea compartida entre las familias y la escuela.
El año pasado la pandemia hizo que las clases se desarrollaran de manera virtual. Y más allá de la evaluación del impacto que esto tuvo sobre la dimensión pedagógica y psicológica, supuso un esfuerzo muy grande para las familias y los docentes. Fue movilizador ver la predisposición para tratar de naturalizar una lógica que estaba muy alejada de las posibilidades de todos y en tan corto tiempo. En este sentido, tenemos que agradecer a toda la comunidad educativa: las madres, los padres, los docentes y los directivos de las escuelas públicas y privadas.
Por otro lado, no podemos dejar de decir que a pesar de la enorme voluntad nos quedamos con el sabor amargo de saber que se perdió terreno en materia educativa. Y no por la falta de compromiso de los docentes, al contrario, hubiese sido aún peor sin el amor y la dedicación que le pusieron. No fue un año normal.
La estructuración de la vida cotidiana de cualquier familia supone que los chicos vayan a la escuela. Es el punto de partida. Ordena y es la base del progreso. Sin esa posibilidad es muy complicado hacer todo lo demás.
Por todo esto, estoy convencido de que la educación es esencial porque es la única posibilidad de tener un futuro mejor para las niñas, niños y jóvenes, que son por los que debemos trabajar. La educación presencial ordena nuestras vidas cotidianas para poder desarrollarnos hoy.
No es una tarea sencilla, pero tenemos la obligación cómo sociedad y cómo gobierno de volver a darle a las familias una vida cotidiana lo más normal posible. Cuidando la salud de una manera integral: pensando en la pandemia y también en la dimensión psicológica y emocional de todos.
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