
No puede dar explicaciones porque es jefe de Gabinete. Su condición se lo impide. Eso le dijo Manuel Adorni a Alejandro Fantino que lo miraba en modo empático, como quien comprende el suplicio que el otro está atravesando. Ocurrió este jueves, en Neura.
Adorni emerge en modo mártir. Enfrenta la “carnicería mediática” con entrega casi religiosa a la cruzada tan histórica como libertaria a la que lo subió el Presidente. Asegura que el poder le quitó libertades personales, que ya no puede tomar un café con amigos y que está obligado a andar con custodia. Sufre. Al menos eso dice.
El mismo que intentó contactar a un testigo clave para la investigación que lo tiene en la mira asegura que su reticencia a explicar de dónde sacó tanto dólar “contante y sonante” en el hecho de que no quiere “obstruir” a la justicia. Un “metaverso” que ni él mismo toma en serio.
Hay dos preguntas que no encuentran respuesta y mantienen al Gobierno en un tembladeral.
De dónde sacó Manuel Adorni la plata para cambiar su estructura patrimonial y su estilo de vida en tan poco tiempo y por qué Milei lo sostiene a riesgo de arrastrar su discurso y credibilidad.
Desencajado Javier Milei irrumpió desde el más allá para neutralizar la osadía de Patricia Bullrich.
La senadora pidió en TV que Manuel presente sus papeles para que el escándalo termine cuanto antes. “Lo spoileo”, dijo el Presidente: “Adorni no se va ni en pedo”.
Bullrich abrió otro frente de batalla en la incandescente interna del oficialismo. Entró en zona de exclusión. Tampoco las declaraciones, siempre muy templadas, de Guillermo Francos cayeron bien.

El desplazado ex jefe de Gabinete, también pidió con la delicadeza que lo caracteriza, que Adorni presente cuanto antes sus papeles para que el Gobierno libertario pueda retomar el control de la agenda. Trascendió que ahora podría ser corrido del directorio de YPF. Por ahora no ocurrió. Tiempo al tiempo. Al núcleo duro del oficialismo no le caen bien los líberos.
Patricia Bullrich se desmarca de la brasa caliente y probablemente esté funcionando como vocero de lo que otros funcionarios no pueden decir a riesgo de sufrir represalias. Karina Milei sostiene el alineamiento con mano de hierro. El que no esté de acuerdo con algo termina nominado y tiene que abandonar la casa.
Manuel Adorni se autopercibe como un pedazo de Milei. “Soy un pedazo de Milei”. Lo dijo textualmente.
Cuando improvisa, derrapa. Del “deslomado” pasando por “sos apenas un periodista” al “soy un pedazo” del Presidente. Adorni necesita quien le escriba y en ningún caso dar rienda suelta a la improvisación.
Como vocero, Adorni ya no le sirve. La palabra del ministro coordinador se devalúa minuto a minuto. Cada declaración pública, participación mediática o intervención en redes complica su situación. Las compulsas de opinión dan cuenta de la negatividad de su registro.
Como jefe de Gabinete está escorado, quedó fuera de juego. Cuesta entender cómo un funcionario de tan alto rango, que además es contador, logra cometer tantas torpezas en la administración de su propia vida y patrimonio. Atropellado por entrar en el modus vivendi de la casta no dejó desprolijidad por cometer. Todo muy aspiracional lo suyo.
Adorni enfrenta una tormenta perfecta. Su reticencia a informar lo mantiene en un torbellino dónde se entrecruzan las denuncias políticas, las filtraciones periodísticas y la investigación judicial.
A las revelaciones relacionadas con sus movimientos patrimoniales y movidas inmobiliarias, todo documentado en sede judicial, se suma ahora un tema extremadamente sensible.
La Justicia estaría analizando transferencias entre cuentas bancarias y billeteras virtuales vinculadas a Adorni, en orden a establecer una posible conexión del jefe de Gabinete con el caso $LIBRA.
Por el momento no hay documentación pública que pruebe que Adorni haya comprado $LIBRA, ni haya recibido pagos del esquema, ni que exista trazabilidad blockchain que lo vincule.
Manuel Adorni participó junto a Mauricio Novelli en el Tech Forum de octubre de 2024, realizado en el Hotel Libertador. Ese evento fue organizado por Novelli y Manuel Terrones Godoy y reunió a varios de los actores que después quedarían ligados al lanzamiento de $LIBRA.
En reuniones oficiales registradas en Casa Rosada aparecieron juntos Novelli, representantes de KIP Protocol y Adorni. El propio comunicado posterior de Presidencia reconoció la participación de Adorni en uno de esos encuentros.
Hayden Davis, de Kelsier Ventures -uno de los principales impulsores de $LIBRA-, también ingresó a Casa Rosada acompañado por Novelli y Terrones Godoy.
Por el momento es todo lo que hay. La investigación judicial y parlamentaria intenta determinar si esas relaciones fueron simples contactos institucionales dentro del ecosistema cripto, o parte de una operatoria coordinada para legitimar y promocionar el token.
Ese es hoy el núcleo del caso. Sobre Adorni específicamente, la acusación más fuerte no es —por ahora— que haya participado del armado financiero, sino que habría aportado legitimidad institucional.
El problema para el Gobierno no es solo jurídico. Es narrativo y moral: la cercanía entre funcionarios libertarios, operadores cripto y empresarios con acceso privilegiado choca directamente con el discurso anti casta y anti intermediarios. Eso explica por qué el caso escaló tanto en términos de impacto público.
El denodado empeño presidencial por respaldar a Adorni tiene para Javier Milei un costo todavía difícil de ponderar pero por alguna razón insiste en sostener a su funcionario.
A juzgar por la apasionada defensa que el Presidente hace de su jefe de Ministros, lo considera como parte de sí mismo, correrlo implicaría entonces una mutilación. Resta ahora saber qué parte de Milei es el “pedazo Adorni”
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