
El gobierno nacional no solo no consigue dar vuelta de página con el affaire Adorni, sino que incluso el propio Presidente profundiza la crisis con un poco eficaz e inoportuno intento de blindarlo con su apoyo “incondicional”.
Si bien es cierto que Milei respaldó a su funcionario desde el comienzo del escándalo, acompañándolo y aplaudiéndolo en el Congreso, dando profesión de fe de su supuesta “honestidad”, no considerando necesaria explicación pública alguna respecto a un crecimiento patrimonial que -como mínimo- resulta llamativa, o desdeñando las críticas como parte de operaciones mediáticas, en las últimas horas dio un paso más, proyectando la peligrosa imagen de que -como rezaba el slogan electoral- “Adorni es Milei”.
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Lejos de constituir un bálsamo para aliviar los efectos de una de las peores heridas autoinfligidas a las que ya nos tiene acostumbrados el oficialismo, el respaldo al cada vez más complicado jefe de Gabinete acaba por enredar al Presidente en señales contradictorias que profundizan el malestar ciudadano, amplificando las internas existentes y potenciando nuevas, hegemonizando la agenda en momentos en que el Gobierno necesita dar señales positivas en el plano económico y, en definitiva, horadando la ya golpeada imagen presidencial y repercutiendo sobre los declinantes niveles de desaprobación de la gestión.
Lo cierto es que conforme se revelan nuevas “desprolijidades” financieras de uno de los principales funcionarios del Ejecutivo, que ya está siendo formalmente investigado en sede judicial por enriquecimiento ilícito, y el Presidente insiste en minimizar los hechos como parte de un presunto encarnizamiento mediático, el Gobierno se encuentra ante una virtual y peligrosa parálisis.
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Aunque el Presidente se muestre desacoplado o negado respecto a la realidad, resulta innegable que el caso Adorni hace 60 días devora tanto la atención mediática como la propia agenda del oficialismo: la baja en la inflación tras 10 meses consecutivos de subas, la caída en el riesgo país, la mejora en las calificaciones que repercutieron en títulos y acciones, la confirmación en la justicia de la ley laboral, la mejora en algunos indicadores macro, la calma cambiaria, la sanción de la ley de glaciares, el anuncio del denominado Super RIGI, son algunas de las “noticias” que el oficialismo podría haber capitalizado pero quedaron eclipsadas ante las revelaciones de los desmanejos del jefe de gabinete.
Y todo ello pese a la manifiesta debilidad opositora, que hace que no exista una figura alternativa capaz de capitalizar el descontento o crecer frente al escándalo. Por ello no llama la atención que las principales fricciones hayan comenzado a registrarse hacia el interior del propio oficialismo, con la tan audaz como comprensible intervención de Patricia Bullrich, quien presionó públicamente -sin éxito- para que el funcionario adelantara su declaración jurada.
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La jugada de Patricia Bullrich, una de las pocas dirigentes dentro del ecosistema oficialista con volumen electoral propio, mejor imagen que el propio Presidente en las encuestas, e inocultables aspiraciones electorales para el proceso 2027, no cayó bien en un círculo rojo presidencial que lidera en soledad la empoderada Karina Milei.
Sin embargo, pese a un gesto de la senadora que da cuentas de su eventual disposición a desafiar el verticalismo que intenta imponer la hermana presidencial, la rebelión no llegó por ahora a mayores en un contexto donde el oficialismo no puede perder más socios o aliados, menos aún en lo que respecta a importantes arietes en un Congreso donde aún esperan su tratamiento algunas iniciativas de alto interés para el gobierno, como una reforma electoral que podría eliminar las PASO y privar a la oposición de una herramienta que pudiese potencialmente facilitar la confluencia en un frente anti-Milei.
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Así las cosas, difícilmente el caso Adorni, con una investigación judicial que recién comienza, pierda volumen en el corto y mediano plazo, aún con el Mundial de fútbol a la vista. Una encerrona incomprensible para Milei, más aún si la economía sigue sin repuntar en lo que respecta a su impacto en el bolsillo de los ciudadanos de a pie, y con un panorama cada vez más complejo en materia de ingresos y salarios, que seguramente convivirá con un incierto proceso electoral 2027 que comenzará a perfilarse ya en el segundo semestre de este año.
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