
El 2020 cierra con los peores indicadores económicos en décadas: caída brutal del PBI, inusual pérdida de empleos, aumento de la pobreza y destrucción de la inversión, por citar algunos. Como un modesto logro de fin de año podría anotarse el hecho de haber evitado episodios de violencia social, un diciembre negro y repetido en la historia argentina que podrían haberse desencadenado, por caso, si la brecha cambiaria se mantenía instalada por encima del 100%, como ocurrió en noviembre. Sabor a poco para tamaño fondo de crisis.
El 2021 comienza con la esperanza global de la vacuna contra el COVID-19 y sobre ese tótem se proyectan los escenarios macroeconómicos del año. La hipótesis central es que la presencia cada vez más diseminada de la vacuna hará posible que no se impongan nuevas restricciones a la actividad económica y a la movilidad, eludiendo una especie de vuelta atrás a los oscuros momentos del otoño-invierno del año que se va.
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Bajo este supuesto, desde Analytica pronosticamos para el año próximo un crecimiento leve del PBI, que no compensa siquiera una tercera parte de la caída de 2020, con diez puntos más de inflación y un dólar oficial que irá prácticamente a la par. Un cuadro de bajo “delivery” económico, es claro, pero que bajo ciertas condiciones (como ser un acuerdo con el FMI que sirva de hoja de ruta a las decisiones privadas) puede evitar complejos escenarios como las devaluaciones de shock, que serían letales para la suerte del oficialismo en las elecciones de octubre.
El dato positivo de esta pandemia es que podemos observar el futuro. La segunda ola ya ha llegado a Europa y a los Estados Unidos, donde se vuelven a imponer restricciones que paralizan la actividad en sectores clave, y donde se hace más evidente que la velocidad de recuperación dependerá de cuán rápido progrese la inmunización. Pero inmunizar no sólo depende de la efectividad teórica de las vacunas, sino centralmente de la capacidad efectiva de producción, de distribución regional, de logística y de la eficacia de los sistemas nacionales de vacunación. Sólo Pfizer, Moderna y AstraZeneca dicen estar en condiciones de producir unos 4.800 millones de dosis en 2021. Los primeros indicios muestran que de esa producción las economías centrales tendrán disponibles varias veces más vacunas por habitante que el mundo en desarrollo, donde está la Argentina.
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Para la gestión Fernández la apuesta por la vacuna no debe ser sólo un imperativo sanitario. Es también, y centralmente, un instrumento clave de política económica que puede reducir sustancialmente la incertidumbre del 2021; si se logra instalar en la sociedad que, sea del origen que fuese, habrá vacunas disponibles en cantidades adecuadas y bajo condiciones de seguridad reconocida, muchas decisiones microeconómicas volverán a aparecer. Afectados por las caídas en el empleo y en los salarios, pero también por las grandes dudas sobre el futuro, los consumidores retrasaron compras, especialmente de bienes durables. Sin un horizonte claro respecto de si es posible que todo vaya hacia atrás, ningún emprendedor o empresario pyme mejorará su negocio. Ni hablar el inversor que vio cómo se abarató la Argentina en dólares en la pandemia y piensa que ese proceso puede continuar en 2021.
Para la estabilidad macroeconómica también la vacuna juega un rol central. Básicamente, la Argentina no tiene chances de financiar el año entrante todo el soporte a las familias y a las empresas que instrumentó durante 2020. No hay espacio fiscal para recrear el gasto COVID, ya sea con más asistencia social (vía Ingreso Familiar de Emergencia) o al sector privado (a través de los ATPs), que en 2020 representó nada menos que 3,5% del PBI. La emisión está al límite, los inversores en pesos exigen cada vez más cobertura y está cerrado el mercado de deuda en el exterior.
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Regresar a una fase de cierre de actividades supone que el acuerdo con el FMI, esperado para marzo-abril, podría caerse a pasos de comenzar a andar. La única vía de financiar ese eventual mayor gasto fiscal sería con más inflación, una receta no recomendable para la delicada salud de la economía local, por sus obvios impactos sobre el consumo y la pobreza.
Vacunas para todos y todas es la condición básica para que la economía no vuelva a desajustarse. No inhibe, por supuesto, la responsabilidad de mejorar la gestión de la política económica pero al menos le abre la puerta para recrear el activo necesario de toda buena administración, que es la confianza. No es poco en el año donde la sociedad hará su primera evaluación del gobierno, que tiene escasos logros económicos perceptibles por mostrar.
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