
Los gobernantes suelen no computar el costo completo de sus acciones. Revisan contratos y reglas retroactivamente; crean entes; otorgan protecciones a unos a costa de quienes no las anticipaban. Favorecen gastos excesivos, tanto públicos, financiados con impuestos, como privados, concesionando privilegios a particulares seleccionados. Suben impuestos y cargas a unos, los bajan a unos pocos elegidos.
La consecuencia es un enorme conjunto que gana ingresos superiores a lo que produce; la cara opuesta es la cantidad de gente que produce mucho más de lo que gana. Incentivos que distorsionan y sorprenden a quienes se esfuerzan en trabajar en el océano argentino de las incertidumbres. Que ahuyenta a tantos emprendedores y aumenta la pobreza.
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Una investigación de más de 20 años reveló que la principal limitación de los ingresos son las dificultades para contratar y disponer los ingresos a lo largo del tiempo. En concreto, la falta de competitividad de las propiedades individuales para disponer de los recursos a través de las ocasiones.
Los 22 países de mayores ingresos por habitante por año apenas contiene al 10% de la humanidad, pero generan la mitad del PBI mundial. Se caracterizan por una amplia variedad y sofisticación de activos financieros, confirmando la contundente facilidad de contratar negocios y disponer de la propiedad de los ingresos a lo largo del tiempo.
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Una situación marcadamente diferente, con matices, distintos progresos y retrocesos, en el resto de los países.
El conjunto de los 170 países de menores y bajos ingresos por habitante contiene el 90% de la humanidad y apenas genera la mitad del PBI mundial. Sus instituciones son menos propensas a favorecer las transacciones individuales, según todas las mediciones. Entre ellas, el indicador de facilidad de hacer negocios, del Banco Mundial, la percepción de corrupción, de Transparencia internacional, y el índice de la calidad institucional ICI, compilado por la Fundación Libertad y Progreso.
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Este año la Argentina va a mostrar un deterioro en facilitar los negocios. Lo confirma la caída del 15% del ingreso promedio de Argentina, el triple del 5% de caída del promedio mundial.
Más allá de los discursos políticos, a los argentinos los convoca la necesidad de progresar. Abrir el país a los negocios individuales, sacarse las cadenas que el himno proclama “Oíd mortales el grito sagrado, ¡Libertad, Libertad, Libertad! Oíd el ruido de rotas cadenas, ved el trono a la noble igualdad”.
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Es necesario apurarse a cambiar y evitar que las personas habilidosas y los capitales abandonen el país, expulsor de tantos talentos.
Crédito condicionado
La relación del FMI con los países ilumina un nexo para ampliar las actividades. La Argentina negocia con el organismo de crédito multilateral ofreciéndole condiciones mejores que a los argentinos:
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1. Discutir planes de gobierno y modificaciones de regulaciones;
2. La seguridad de cobrar y pagar en dólares libres;
3. Libertad de restricciones, impuestos y otras trabas.
Se trata de condiciones privilegiadas que el FMI obtiene también en los demás países con los que opera. Una ventaja que las naciones prósperas no le pueden ofrecer.
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El FMI impone esas condiciones en todo el planeta, pero las obtiene únicamente en las naciones que no las reconocen al común de sus propios nacionales. Esto es, los países de menores ingresos, que lo son porque entorpecen los negocios individuales y la competitividad de las propiedades. Limitaciones que no rigen para FMI y por eso pueden negociar.
Es curioso. Los argentinos tienen activos financieros en el exterior varias veces superiores a todo el financiamiento posible del FMI, pero no los traen porque no cuentan con las seguridades que el Estado nacional ofrece al Fondo.
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Trato igualitario
Los argentinos que desean ampliar sus emprendimientos en el país necesitan acordar una representación unificada para exigir un trato similar al ofrecido al FMI. Garantía de no sufrir imposiciones novedosas, discutir un programa de gobierno, reparto de cargas, seguridades de no estar sujetos a pérdidas sorpresivas de derechos de propiedad, etc. Las naciones que más avanzaron consiguieron esas seguridades, garantías, con los Parlamentos, el nexo entre los emprendedores y el Poder Ejecutivo, y la Justicia.
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En la mayoría de los países donde los poderes Legislativo y Judicial no satisfacen esas garantías y por eso sus negocios están trabados, las propiedades no son competitivas y los ingresos son inferiores.
La Constitución de 1853/60 fue un intento exitoso, que destrabó negocios individuales durante s100 años. Pero surgió el apuro por hacer modificaciones, incorporando ideas fallidas, de costos excesivos. Por eso, ahora se requieren garantías mejoradas.
Así se pone al FMI ante una disyuntiva: continuar con las relaciones actuales; o dejar de lado negocios financieros y volcarse a destrabar los emprendimientos individuales y fortificar las competencias de las propiedades de disponer los ingresos personales a través del tiempo.
Si las autoridades del FMI lo analizan bien, verán que se trata de la mejor propuesta del planeta. ¡Hacer ricos a todos los países, incluso a los más pobres! ¡Nada menos que quintuplicar el PBI mundial! De unos USD 80 billones a unos USD 400 billones. Principalmente en las regiones más pobres, entorpecidas por sus propias instituciones.
El autor es Consejero Académico de la Fundación Libertad y Progreso. Escribió los libros: Dolarizar (2001), La riqueza de los países y su gente (2005), Fin de la pobreza (2018) y Por un país más justo y floreciente (2020)
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