
Muy pocos países han visto un deterioro económico tan espectacular en los últimos 100 años como lo ha visto Argentina. El país comenzó el siglo XX como uno de los más ricos del mundo, pero las crisis económicas recurrentes, a menudo atribuibles a la mala gestión del gobierno de turno y al contagio de declives económicos en países considerados emergentes, lo han sumergido en una profunda crisis de deuda de la cual nunca pudo salir.
Endeudarse siempre ha sido el plan de los gobiernos argentinos y “poner la casa en orden” nunca. El gasto público ha sido la respuesta al fracaso de gestión de los líderes del país quienes fueron incapaces de generar el empleo y recuperar la riqueza que Argentina una vez supo tener.
La Argentina ha incumplido su deuda soberana (default) nueve veces desde su independencia en 1816, especialmente de manera notable en 2001 con casi USD 100.000 millones en bonos. En ese momento, Argentina fue protagonista del mayor default en la historia.
Más recientemente, en 2014, el país se vio forzado a caer en cesación de pagos a raíz de una medida cautelar puesta por el difunto juez neoyorquino Thomas Griesa, después de litigar durante seis años con Paul Singer y su fondo Elliott Management.
Finalmente, el 22 de mayo último, Argentina una vez más incumplió con compromisos contractuales y confirmó su status de “defaulteador serial”.

Sin embargo, en los mercados financieros reina la memoria cortoplacista. En 2017, Argentina vendió bonos a 100 años, uniéndose a un selecto club de países con la confianza suficiente para emitir deuda soberana durante un período tan extenso.
Wall Street prestó dinero a un país que ya había incumplido con sus compromisos internacionales en ocho ocasiones, la última hacía tan solo tres años. El Gobierno de turno no había realizado las reformas suficientes para garantizar solvencia pero los inversores institucionales aplaudieron el cambio de rumbo después de las elecciones presidenciales de 2015, y apostaron por Argentina vendiéndole bonos a 100 años.
A los argentinos se los conoce en el mundo por considerarse expertos en cualquier tema. Tienen esa virtud, si se lo puede llamar así, de querer mostrar el profundo conocimiento sobre temas de los cuales no sabe absolutamente nada, pero sin embargo opina como si fuesen expertos en la materia.
Hoy, el “tema del día” es la reestructuración de la deuda soberana argentina y todos quieren opinar. El país enfrenta un período muy delicado en el manejo de su abultado nivel de endeudamiento que, de no acoplarse a sus propias realidades y a las demandas de sus acreedores, rápidamente podría terminar en un nuevo default.

La inminente reestructuración de la deuda soberana argentina es uno de los procesos más complejos que los mercados de capitales internacionales podrían enfrentar en su larga historia.
El Gobierno nacional, a lo largo de las últimas dos décadas, ha emitido bonos, con intereses devengados por más de USD 320.000 millones, que fueron colocados en múltiples monedas, sujetos a numerosas jurisdicciones nacionales e internacionales y con diferentes cláusulas colectivas.

A todo esto, Argentina hoy se prepara para reestructurar deuda previamente reestructurada, algo inédito en el mundo de las altas finanzas internacionales.
Ahora el país busca salir del actual default lo más rápido posible y activar la economía que se encuentra paralizada. No importa cómo se llame al actual default. Todos los caminos conducen a Roma y un default es un default, el noveno.
Quién sabe, Wall Street, con su memoria cortoplacista, seguramente el año que viene nuevamente la prestará dinero a 100 años.
El autor es CEO de Fin.Guru. Especialista en deuda soberana, provincial y corporativa emitida en los mercados internacionales. Publicó está nota en Fin.Guru
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