El día que perdimos la libertad

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Hace un mes tuve el privilegio de participar de una actividad con chicos y chicas de diez años para hablar sobre el golpe de Estado de 1976 y la dictadura. Cuando preparaba la charla lo primero que me pregunté es cómo explicarles a estos nietos de la democracia, nativos digitales, de atención diversificada y comportamiento multitasking, un acontecimiento que tiene más de cuatro décadas y ocurrió el siglo pasado. Todo sin perder su interés.

En lugar de describirles el contexto y las múltiples causas que desembocaron en la interrupción de un gobierno democrático, decidí centrar la conversación en la conquista de derechos. Apenas mencioné la palabra derechos, algunas de las nenas me señalaron los pañuelos verdes que tenían atados a sus mochilas y me hablaron del derecho a elegir. Me sorprendieron. El diálogo estaba abierto y el ejercicio se tornaba enriquecedor.

Hablamos entonces de qué pasaba durante la dictadura con las libertades individuales. Les conté que el divorcio vincular no siempre fue posible. Que la patria potestad compartida llegó con la democracia. Que la educación sexual integral hubiera sido una utopía. Que la unión civil impulsada por Héctor “Tom” Costanzo, diputado radical, y que fue la antecesora del matrimonio igualitario, fue votada en la Legislatura en 2002, pero nunca hubiera existido en los ’70.

Las nenas eran las más participativas, pero fue uno de los chicos el que me preguntó por las políticas con perspectiva de género, los derechos de las mujeres, la violencia y por qué había cada vez más femicidios en el país. A esa altura quedaba claro que el aprendizaje sería mutuo. Hablamos del estancamiento que sufrió la sociedad argentina y el daño a la república.

¿Cómo hubiéramos podido, en esa época, dialogar sobre los derechos si el crecimiento social estaba vedado por la prohibición de legislar, debatir, opinar? Todo con plena conciencia de que transgredir las prohibiciones muchas veces significaba poner en riesgo la propia de vida y la de los afectos.

El encuentro llegaba a su fin y una de la chicas resumió la época de la dictadura con una pregunta retórica, dijo: “¿Si te prohibían decir lo que pensabas, cómo podías luchar por tus derechos? Entonces los argentinos habían perdido la libertad”, concluyó. Todos nos quedamos con esa frase, ya no había nada que agregar.

El autor es legislador porteño del Bloque UCR- Evolución.