
Es la responsabilidad del Gobierno emplear alguna combinación de la estrategia llamada "zanahorias y bastones” para lograr una mayor aceptación de la oferta por la reestructuración y así neutralizar la aparición de los holdouts.
Para lograr una reestructuración de la deuda soberana exitosa, la Argentina antes debe evitar que los ya conocidos holdouts perjudiquen el correcto funcionamiento de la economía una vez superada la actual crisis crediticia que atraviesa el país. Recordemos que los holdouts, aquellos acreedores que no aceptan los términos y condiciones ofrecidos por el Gobierno y frecuentemente optan por litigar en las cortes internacionales en búsqueda de una mayor compensación económica, generalmente comienzan a “hacer ruido” una vez concluida la reestructuración de los bonos emitidos por el país.
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Según un informe publicado por el FMI en septiembre de 2018, los holdouts no desean descarrilar la reestructuración de la deuda soberana, sino todo lo contrario. Estos acreedores solo tienen chances de lograr su objetivo cuando el resto de cierra un acuerdo con el Gobierno emisor de la deuda, porque buscan un tratamiento preferencial. Dicho tratamiento solo se consigue cuando ya fueron emitidos y canjeados los nuevos bonos y cuando el remanente de bonistas es poco y no mucho. De esta manera, negocian individualmente con el Gobierno sin preocuparse de que una gran cantidad de acreedores en situación similar, quiera subirse al tren.
Este accionar fue claro durante la última reestructuración de la deuda argentina en 2005 y su reapertura en 2010. El 92% de los bonos en circulación fueron reestructurados pero el 8% restante, principalmente en manos de los “fondos buitre”, comenzaron una larga batalla legal contra el país que incluyó embargos y medidas cautelares que impidieron el correcto funcionamiento de la economía.
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Hoy, la República Argentina se prepara para encarar una nueva etapa de reestructuración de su elevada deuda y la capacidad del Gobierno de evitar que los holdouts nuevamente desfilen por las cortes neoyorquinas, dictará en gran parte el rumbo de la economía del país.

Cláusula de acción colectiva
La reestructuración de los bonos gobernados por la ley extranjera (en su gran mayoría, Nueva York), requerirá una serie de herramientas para limitar el accionar de los holdouts ya que deuda soberana no puede ser reestructurada unilateralmente y requiere el consentimiento de la menos el 75% de los acreedores.
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Por este motivo, es la responsabilidad del Gobierno nacional de emplear alguna combinación de la estrategia llamada "zanahorias y bastones” para lograr una mayor aceptación de la oferta por la reestructuración y de esta manera neutralizar, en lo posible, la aparición de los “buitres”.
Zanahorias (incentivos)
Utilizar las llamadas “zanahorias”, obliga al Gobierno a incluir en su oferta algún “endulzante" para lograr que una reestructuración, de por sí amarga para los acreedores, sea un poco más atractiva. Esta estrategia es la más benigna y menos agresiva para los acreedores ya que ofrece incentivos atractivos que muy frecuentemente logran una adhesión rápida y generalizada de la oferta de reestructuración.
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Las herramientas disponibles para endulzar la oferta incluyen ofrecer efectivo o equivalentes de efectivo, garantías de pago alternativas (regalías petroleras o productos financieros como el Cupón PBI) y una serie de blindajes legales post-reestructuración, como por ejemplo evitar tratos preferenciales, cláusulas cross-default, etc.
En el caso de Argentina, como no es un país que se destaque por depender de un producto de exportación que pueda ser utilizado como generador de regalías para los acreedores, en 2005 y nuevamente en 2010, Economía ofreció como endulzante los ya conocidos Cupón PBI, que son productos financieros cuyos rendimientos están atados al crecimiento de la economía.
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Bastones (penalidades)
A pesar de ofrecer a los acreedores algún atractivo para convencerlos de aceptar la propuesta de reperfilamiento de la deuda, un reducido universo de bonistas puede rechazarla obligando así a las autoridades a endurecer su postura. En este caso, un deudor soberano puede tomar medias más agresivas y antipáticas que impediría una reestructuración amigable y la convertiría en un proceso más hostil.
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Los llamados “bastones” incluyen leyes aprobadas por el Congreso, como la “Ley Cerrojo” de 2005 que impedía reabrir el canje de bonos y negociar con los holdouts, Cláusulas de Acción Colectiva más cerradas e inflexibles, protección de los activos que pueden ser embargados en un litigio, entre otros.
La agresividad del accionar de los holdouts, fue clara en la reciente disputa que Argentina tuvo con ellos durante la última reestructuración.
La correcta evaluación de las necesidades de este grupo de acreedores, como también la presentación de una oferta con algún endulzante, será una de las claves para lograr una rápida reestructuración y una disminución del accionar de los fondos buitre en el futuro.
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El autor es Fixed Income Research de Research for Traders
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