Las evidencias climáticas son cada vez mayores en nuestro planeta. Los últimos años han sido los más calurosos desde que se llevan registros, fenómeno asociado al hecho de que año a año aumentan las emisiones globalmente contaminantes. Por esta razón los científicos nos alertan expresando que enfrentamos el peligro de cruzar fronteras críticas que pondrían en riesgo las condiciones ambientales que hicieron posible el desarrollo de la humanidad en esta Tierra. En muchos países crece la preocupación por estas emisiones, no solamente por el fenómeno del calentamiento global, sino también por el impacto negativo de estas emisiones sobre la salud humana debido a la contaminación atmosférica.

En los últimos años se han hecho muchas propuestas para reducir estas emisiones globalmente contaminantes, como por ejemplo la declaración de los "economistas sobre los dividendos del carbono". Esta declaración fue firmada por 3333 economistas norteamericanos, incluyendo a cuatro ex presidentes de la Reserva Federal, 27 ganadores de Premios Nobel y dos ex secretarios del Tesoro. Esta propuesta se centra en la implantación de un impuesto al dióxido de carbono que aumenta gradualmente, comenzando por los 40 dólares por tonelada. Para evitar un aumento de la presión fiscal tributaria, se propone también un dividendo periódico que se devuelve igualitariamente a todos los habitantes, con liquidaciones trimestrales. La propuesta apunta a universalizar este tributo ambiental, que reconoce el costo de esta externalidad negativa, que aún no está incorporada al sistema de precios de las economías de mercado.

Estas soluciones tributarias son posibles pero no fáciles cuando se observa que las emisiones contaminantes tienen un alcance global, es decir, sus efectos trascienden las fronteras nacionales de quienes la generan. Por esta razón, las políticas meramente nacionales no están en condiciones de generar importantes resultados positivos, si es que no están coordinadas por acciones multilaterales que regulen las emisiones a escala global. En este caso de las emisiones de dióxido de carbono y otros gases, no se han concretado hasta ahora acuerdos efectivos.

Se estima que, si no existieran los actuales subsidios implícitos a la contaminación de los fósiles, que no cubren el costo ambiental, las emisiones anuales de dióxido de carbono serían 28% inferiores a las actuales y las muertes por contaminación del aire serían 46% menores. La eliminación de estos subsidios permitiría cumplir los objetivos del Acuerdo Climático de París del año 2015.

Pero tengamos en cuenta que la realidad de las restricciones políticas que enfrentan muchos gobiernos para gravar tributariamente las emisiones nos dicen que no será fácil en muchos casos reducir las emisiones únicamente por la vía estrictamente fiscal, como se acaba de ver en las grandes protestas callejeras en París. Esto exigirá reducir las emisiones también por otros mecanismos que no dependan tanto de los impuestos y los precios de los combustibles fósiles, sino que procuren disminuir las emisiones con la vigencia de normas técnicas de carácter regulatorio. Estas normas deberían abarcar áreas tan importantes como las edilicias, las tecnologías de la industria automotriz, el desarrollo del transporte masivo urbano y las normas vigentes en las industrias manufactureras.

El autor es miembro de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente.