(Foto: Presidencia de la Nación)
(Foto: Presidencia de la Nación)

El canciller de Brasil, Ernesto Henrique Fraga Araújo, aprovechó su corta visita a la Argentina para tomar contacto con la mayoría de la prensa y exponer en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) su visión sobre la política exterior. El ministro Araújo disertó casi de una manera coloquial y haciendo gala de sus estudios en literatura en la Universidad de Brasilia incluyó, para sorpresa de la audiencia, referencias a Jorge Luis Borges y Fernando Pessoa.

La exposición comenzó con una fuerte crítica a la política exterior de Brasil de los últimos años por su carácter aislacionista y desprovisto de valores. El canciller Araújo mencionó como ejemplo de los errores el libro escrito por Samuel Pinheiro Guimarães, 500 años de periferia, cuyos principios, de aplicarse nuevamente, condenarían a Brasil a otros 500 años de atraso. Pinheiro Guimarães fue secretario general de Itamaraty, ministro de la Secretaría de Asuntos Estratégicos y Alto Representante del Mercosur durante los gobierno de Lula da Silva y Dilma Rousseff.

El canciller Araújo definió las políticas anteriores como el resultado de un pacto de atraso que alejó a Brasil de los centros tecnológicos y de su incorporación a las cadenas de valor globales. La tarea que ha iniciado el presidente Jair Bolsonaro es recuperar el tiempo perdido y una identidad para el país: la globalización diluye las naciones y los países necesitan identificarse con los valores fundamentales del pueblo. El propósito es formular una propuesta económica que pueda darle sentido a la vida y sentir la pertenencia a una comunidad. Araújo señaló las dificultades para implementar esta nueva política por las resistencias de sectores enquistados en la estructura del Estado, incluyendo Itamaraty, donde se utilizan conceptos como políticas de Estado y de no intervención para bloquear las nuevas propuestas.

El ministro sostuvo que las políticas de Estado son un embuste; las políticas las hace el gobierno y pueden cambiar. Con respecto a la no intervención, reveló que Brasil fue quien juntó a la oposición venezolana para superar las diferencias. Mientras que la burocracia sostenía que era una tarea imposible porque existía un presidente que controlaba el Estado, el resultado fue el acuerdo para nominar a Juan Guaidó como presidente interino. Esta decisión no tiene precedentes.

El presidente Bolsonaro viajó primero a los Estados Unidos para reconstruir la relación, establecer confianza y porque se comparte la misma visión del mundo. Brasil también está interesado en la reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC), donde debe eliminarse la diferencia entre países desarrollados y en desarrollo; rechaza el Acuerdo de Cambio Climático fomentado por las ONG que no representan a nadie, y el Acuerdo sobre Migración de las Naciones Unidas. El ministro Araújo sostuvo que cada país debe manejar el tema según su realidad nacional y sin someterse a un organismo supranacional. Brasil podría ser designado como "aliado preferencial de la OTAN" replicando el estatus de Argentina de los años 90. En ese sentido, sería importante crear una relación triangular con los Estados Unidos, Europa y América del Sur.

Afirmó también el ministro que recordaba de la película El Exilio de Gardel la frase: "Argentina es una gran nación inacabada". Brasil se encuentra en la misma situación por la aplicación durante los últimos años de un modelo perverso; para superar la situación de atraso necesita un cambio auténtico.

Las referencias al Mercosur recién fueron explicitadas durante la ronda de preguntas. El Mercosur muestra que el espíritu gobierna la materia porque surgió de un acuerdo político. Según el ministro Araújo, el Mercosur debe reducir sus aranceles, promover una integración abierta y tener una estructura productiva eficiente. La unión aduanera podría mantenerse pero con flexibilidad. El eslogan de la UIA: "Sin industria no hay nación", necesita del complemento: "Sin nación no hay industria" para mostrar la importancia de tener una identidad y valores comunes.

El canciller de Brasil presentó su visión de las relaciones internacionales sin tapujos como lo viene haciendo en Brasil para defenderse de las críticas de los expertos tradicionales en la materia. El presidente del CARI, Adalberto Rodríguez Giavarini, debe haber tomado nota del rechazo de hacer de la política exterior una política de Estado como ha venido trabajando esa institución para lograr un consenso transversal con los partidos políticos. El canciller brasileño repitió y no dejó dudas sobre el alineamiento con la visión del presidente Donald Trump, contraria a la globalización, a los organismos multilaterales y quizás de subestimación de las relaciones con los países vecinos, que en ese encuadre pasan a segundo plano. Además reiteró con claridad las prioridades de esta etapa para proyectar a Brasil como un socio confiable para los Estados Unidos.

El autor es diplomático y analista internacional.