
El panorama económico de Alemania se parece a la manera en que Winston Churchill describía a Rusia: un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma. Los analistas están confundidos con los datos contradictorios que emanan de la mayor economía europea luego de que evitara por poco caer en recesión al cierre del año pasado.
La interrogante de cuán severa es la desaceleración alemana es importante para las autoridades, en especial para aquellas del Banco Central Europeo, toda vez que debate la opción de suavizar su política monetaria. Pero hay una clara advertencia también para los políticos en Berlín: la economía del país depende demasiado de los caprichos del comercio mundial. Un reequilibrio a favor de la demanda interna, que ya está en marcha, se requiere cuanto antes.
Los pedidos industriales registraron su mayor descenso desde la crisis financiera, al caer 4,2% entre enero y febrero, según datos publicados la semana pasada. Estas cifras se conocieron luego de una lectura igual de pesimista del índice PMI del sector manufacturero. El indicador bajó a 44,7 en marzo, su mayor contracción desde 2012.
A partir de estas cifras uno podría concluir fácilmente que Alemania está al borde de una recesión, pero si se observan otros aspectos está claro que el panorama no es tan malo como parece.
La producción industrial subió 0,7% secuencial en febrero, por sobre las expectativas. Es cierto que el incremento obedeció en gran parte a la construcción, mientras que la manufactura se contrajo, pero la producción industrial de enero fue revisada al alza, de -0,8% a cero. Asimismo, indicadores que monitorean el sector de servicios, incluido el PMI, anotan mejores resultados. Estas cifras hablan de una economía que se desacelera pero no se derrumba.
Hay una forma de conciliar estos datos contradictorios. Para comenzar, la manufactura tiene un desempeño mucho peor que los servicios porque depende mucho más de la demanda externa. Las exportadoras alemanas sufren, ya que el conflicto entre Estados Unidos y China, además de la amenaza de otro entre Estados Unidos y Europa, pasan factura al comercio mundial. Por su parte, el sector de servicios puede apoyarse en un mercado laboral fortalecido, en donde el desempleo es bajo y los salarios suben. Es más fácil en estos días ser un peluquero en Berlín que producir piezas de maquinaria exportadas a China.
Factores únicos siguen nublando el panorama estadístico. La industria automotriz se recupera lentamente tras un fin de año bastante difícil en el que tuvo problemas para adaptarse a las nuevas normas sobre emisiones. La producción de vehículos motorizados creció 3,1% secuencial en febrero. También hubo señales de un repunte tentativo en los sectores golpeados por los bajos niveles de agua registrados en el río Rin el año pasado. Estos factores transitorios están desapareciendo, aunque con lentitud.
Del mismo modo, hay inconsistencias entre series de datos que normalmente se mueven en fila. Oliver Rakau, economista de Oxford Economics, destacó cómo los datos de ventas arrojan mejores cifras que la producción industrial. Esto podría ser una señal que de las empresas están reduciendo sus existencias en lugar de producir nuevos bienes o simplemente un error estadístico que se corregirá con el tiempo.
El panorama a corto plazo de la economía alemana es crucial para el BCE, que anunció un nuevo paquete de medidas de flexibilización en marzo, aunque no hay claridad sobre ciertos detalles. Por ahora, es difícil afirmar que el banco es tímido: la perspectiva en el continente es objetivamente un enigma y Alemania es parte importante de este dilema. Como señaló el mes pasado en un discurso el presidente del BCE, Mario Draghi, si la debilidad de la demanda externa hace que compañías y consumidores eviten gastar, entonces el banco debe hacer más.
Sin embargo, estos temas a corto plazo deberían ser en su mayoría irrelevantes para los políticos alemanes. La política fiscal en el país ya se ha tornado ligeramente expansiva, pero no hay razones por las cuales no pueda usar el bache como buen motivo para invertir mucho más en infraestructura. Eso también ayudaría a reequilibrar el modelo económico del país, que sigue muy expuesto a los caprichos de la demanda externa. Están las condiciones además para que las empresas utilicen sus grandes superávits para pagar salarios aún más altos y potenciar la inversión privada, aunque eso no sucederá mientras el panorama se mantenga tenue. Es hora de que Alemania reformule su modelo económico y los políticos del país deberían tomar la iniciativa.
(Fuente: Bloomberg)
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