
En nuestro país es asombroso como se contradice al Papa. No desde la Iglesia, ni desde la mayor parte de la sociedad. Desde centros de irradiación de políticas u otros portadores de motivaciones ocultas con raíces en el ateísmo o en la simple pretensión de que la injusticia en el mundo siga igual.
Enemigos de la religión y de la Iglesia siempre hubo y defensores del status quo también. Sin embargo, una gran mayoría de las críticas son participadas por gente que no entiende la raíz de la acción católica, ni los acentos que en dicha acción pone el Santo Padre. Nosotros, lectores atentos de sus mensajes, documentos y escuchas de algunas de sus homilías, seguidores de su acción, lejos de ser teólogos, nos proponemos, desde un principio, acercar algunas precisiones sobre el sentido de los términos que emplea. Así lo hicimos hasta ahora cuando desarrollamos los conceptos de paz social, mundanalidad, corrupción, amor como unidad de verdad, bien y belleza o el hedonismo u otros males como desequilibrio de esa unidad, expresiones como "el bien que hay en el error", la política, así como cuando explicamos los cuatro principios claves de su pensamiento: "el todo es superior a la parte y a la suma de las partes", "el tiempo es superior al espacio", "la unidad es superior al conflicto" y "la realidad es superior a la idea". Hoy queremos reflexionar sobre el concepto de "pueblo". ¿Qué es pueblo para Bergoglio?
El término "pueblo", tan presente en la acción pastoral, en sus homilías y documentos junto a la permanente preocupación del Santo Padre sobre la pobreza, bastaron para que algunos periodistas, políticos y hasta algún sociólogo argentino lo califiquen de "populista" y que se interprete su prédica como una "idealización" del pueblo. Nada mejor que el error para ir por la verdad.
El concepto de pueblo y las ideologías
Si entendemos por ideología un "sistema de ideas" que constituye una herramienta para interpretar la realidad social y política Jorge Mario Bergoglio se coloco siempre "por fuera" de las ideologías. Su mirada como pastor y como intelectual se nutre como queda expuesto para la construcción de principios hermenéuticos y los demás desarrollos de su pensamiento de la palabra de Nuestro Señor Jesucristo que es Dios como unidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo a partir de las Sagradas Escrituras y principalmente de los testimonios evangélicos. Y esto no constituye una ideología. Entonces él comprende y aprehende la realidad humana y social no desde una idea o sistema de ideas sino desde el amor por todo lo creado por Gracia del Señor. Amor entendido como unidad de los trascendentales, el bien, la verdad y la belleza.
Más allá de esa diferencia sustancial la ideología se cristaliza y, como una óptica siempre imperfecta, distorsiona la visión que a través de ella tenemos de la realidad conduciéndonos al error.
El pueblo como lo opuesto al antipueblo
La complejidad del hombre y del pueblo nos pone en relación con las virtudes y los defectos de los hombres. Como lo recuerda Romano Guardini Dostoyevski ha descripto unos y otros, en sus novelas ejemplares. Lo que da lugar a las más diversas actitudes, partiendo de su naturaleza relacional y libre unos se aman naturalmente con los otros que como Iván Karamasof se ensimisman y no se dejan ayudar por Dios—exacerban el egoísmo pretendiendo dominar, usar, explotar o aniquilar a los otros con el afán de obtener su propio bien. Hay quienes como Raskolnikov en Crimen y castigo, no obstante haber cometido un crimen son redimidos por vía de la fe. Lo cierto es que en el campo social algunos intelectuales clasificaron a cierto segmento de la sociedad como el de los "explotados" y a otro segmento como el de los "explotadores", llamando al primero "pueblo" y al segundo "antipueblo" categorizándolos como "clases". Las ideas así expuestas formulan categorías que se oponen -la oposición de los contrarios -y que conducen a dar prioridad al conflicto -lucha de clases -por sobre la unidad de la sociedad.
El Santo Padre sigue el ejemplo de Cristo quien vino a derramar amor y ha proclamar "ama a tu prójimo como a ti mismo". De donde él mismo opta por quien es reducido a la pobreza, en sentido amplio de exclusión. Jesús no predica la violencia o la división entre los seres humanos sino la unidad debiendo prevalecer esta sobre el conflicto, que no debe ser desconocido sino asumido y resuelto en el tiempo mediante el diálogo dice Francisco. Consecuencia de esa necesaria unidad, y no solo por eso, Bergoglio nunca compartió el empleo de la categoría de "clase" y la dialéctica de pueblo y antipueblo. Todos somos parte del pueblo y dentro de esa totalidad debemos resolver el conflicto. En el campo de la filosofía siempre rechazó la dialéctica hegeliana de los opuestos (tesis-antítesis y síntesis) como método para llegar a la verdad.
El concepto de pueblo como pueblo pobre
De la realidad surge que los conflictos sociales descriptos ocurren en casi todos los rincones de la tierra y obligan al cristiano a adoptar una posición clara de compromiso ante ellos. En una dimensión interpersonal, el amor exige una actitud de reconocimiento del caído, del hambriento, del que no tiene trabajo, del pobre que nos interpela. El acercarnos al otro, reconocerlo y ayudarlo para que se salga de esa condición. Desde una dimensión social -dice el Santo Padre -también se trata de asumir una actitud de reconocimiento del segmento pobre del pueblo como su "núcleo central". En otras palabras los pobres han de constituir la preocupación y el compromiso de todas las otras partes que integran la totalidad a fin de que se exilien de la pobreza.
Pueblo como categoría mítica
Romano Guardini considera al pueblo como "categoría mítica y no como la fría abstracción de un concepto" tal como la definición que podemos encontrar en cualquier diccionario. Es el nombre de una realidad viva. Una realidad en tensión, por su origen y vocación, por el lugar que ocupa en un mundo material. Dice este, uno de los filósofos preferidos por Bergoglio, que pueblo es «la esfera propia y primigenia de lo humano, y es por su inclusión en ella que los hombres adquieren el carácter de pueblo. Entendemos que no es suficiente mudarse a un pueblo para pertenecer a ese pueblo, para ser parte del pueblo hay que entablar una relación de pueblo y persona, con la naturaleza y con el destino de ambos. Naturaleza del hombre y del pueblo en la cual se encuentra el Dios creador del pueblo y de la persona y presente en ambos. Con las realidades fundamentales del ser del hombre y del ser del pueblo. Tiene que haber un coalescimiento de uno y del otro, es decir, un crecer juntos vivir una historia y destino común.
En esa línea de pensamiento el Papa Francisco en el año 2016 dijo: «Hay una palabra muy maltratada, se habla mucho de populismo, de política populista, de programa populista. Pero esto es un error. "Pueblo" no es una categoría lógica ni una categoría mística, si la entendemos en el sentido de que todo lo que hace el pueblo es bueno o en el sentido de que el pueblo es una categoría angelical. ¡No! Es una categoría mítica, si acaso. Repito: "mítica". Pueblo es una categoría histórica y mítica. El pueblo se hace en un proceso, con el empeño dirigido hacia un objetivo o un proyecto común. La historia es construida por este proceso de generaciones que se suceden dentro de un pueblo. Hace falta un mito para comprender al pueblo. Cuando explicas qué es un pueblo utilizas categorías lógicas, porque lo tienes que explicar: esas categorías son necesarias, por cierto. Pero no explicas así el sentido de la pertenencia al pueblo". (A. Spadaro, «Le orme di un pastore. Una conversaciones con Papa Francesco», en Papa Francesco, Milán, Rizzoli, 2016, p. XV-XVI).
El pueblo fiel de Dios
Para Bergoglio, «pueblo, más que una palabra, es una llamada, una con–vocación a salir del encierro individualista, del interés propio y acotado, de la lagunita personal, para volcarse en el ancho cauce de un río que avanza y avanza reuniendo en sí la vida y la historia del amplio territorio que atraviesa y vivifica».
Pero solo «se puede nombrar al pueblo desde el compromiso, desde la participación». Por eso señala a los teólogos que «hay un sentido de las realidades de la fe que pertenece a todo el pueblo de Dios, incluso a los que no tienen particulares medios intelectuales para expresarlo» y los invita a acercarse a ellos, a escucharlos para poder reflexionar a partir del tesoro de esta experiencia de Dios.
El pueblo de Dios es el pueblo vivo, con su historia, sus proyectos, su cultura, su religiosidad, su alegría, sus devociones, sus pesares y sus sueños. Tiene la fuerza y la trascendencia de lo mitológico, está un poco más allá del mundo material y un poco más acá del mundo celestial. Lo forman los buenos y los malos del pueblo. Los humillados y ofendidos, los desplazados y los poderosos que comparten su camino. Los que tienen sus propias devociones, a veces con desvíos o errores. Los que asumen los mitos cristianos desde la fe y quienes en su conjunto y convivencia forman el cuerpo de la Iglesia. Cuando el pueblo peregrino camina hay un poder de transformación muy grande, de redención y de futuro.
Pueblo como objeto y pueblo peregrino
Quien reflexiona acerca de un pueblo obteniendo información por las diversas vías existentes sin acercarse a él, sin pensar junto a él, desde él, no lo conoce. Quienes se acercan al pueblo con el propósito de hacer encuestas o campañas electorales, habitualmente, no lo conocen y el pueblo se reduce a los electores, son un número cuando votan y cuando no votan porque no están en el padrón no son nada. La palabra pueblo no representa un sujeto sino un objeto.
En cambio el Obispo Eduardo García de San Justo o el Padre El Tano -por poner un ejemplo -nos señalan el camino del ascenso al conocimiento de la palabra "pueblo" por medio del amor cuando en nuestra última conversación nos dicen "lo que caracteriza esta realidad de la juventud en estas barriadas (Puerta de Hierro, Strasburgo, 17 de Marzo y 17 bis de La Matanza) son las 3 C por las que muchos transitan su vida: calle, cárcel y cementerio, las 3C de la muerte lo que vivimos y sufrimos todos los días. Nosotros les proponemos otras 3C: colegio, club y capilla, las 3C de la vida… bueno los acompañamos, los mirarlos a los ojos, abrazamos y ayudamos a transitar este camino. Y en este camino viene mucha gente a la capilla pero la capilla es mucho más que un espacio de culto, es donde se encuentran, está el merendero, el comedor, la sala de primeros auxilios, las oficinas de servicios, la escuela. Desde luego que todo sucede en el marco de la fe, aunque no se acerquen por la fe sino por la necesidad. Pero también muchos y muchas se acercan para dar una mano por amor al prójimo, al vecino de aquí y de allá. En poco tiempo -porque las necesidades requieren soluciones urgentes -hicimos esta capilla, un lugar comunitario, una escuela primaria, un club y ahora estamos iniciando las obras de una escuela secundaria". ¿Quién puede dudar que ahí está la fuerza transformadora del pueblo con Dios?
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