El próximo 16 de enero se reunirán en Brasilia dos presidentes, Mauricio Macri y Jair Bolsonaro, que comparten varias características personales y puntos de vista, empezando por haber sido grandes sorpresas electorales, en 2015 uno y en 2018 el otro.

Marci y Bolsonaro derrotaron a movimientos políticos dotados de un alto nivel de recursos para cualquier fuerza política que les hiciese frente. Quizá por ese motivo ambos presidentes son percibidos y considerados por algunos opositores como personajes que vienen por fuera de la política pura y profesional, de derecha y con supuestos nexos comunes con las dictaduras que tuvieron sus países.

Sus triunfos aún son considerados por los del bando de enfrente como ilegítimos o por lo menos como dos graves errores históricos de sus respectivos pueblos, que, manipulados por los medios masivos de comunicación privados, llevaron a millones a votar mal. En otras palabras, para estos grupos la democracia funciona solo si ganan ellos; si no, es un error.

Macri y Bolsonaro se reunirán por primera vez el próximo 16 de enero en Brasilia, luego de haber conversado telefónicamente tres veces desde octubre pasado e intercambiado elogios por Twitter. Por lo tanto, ¿que podría salir mal? Todo indica que nada, pero mejor evitar sorpresas. Para ello haremos un breve listado de actitudes y acciones que podrían ayudar a generar las condiciones para que del encuentro surjan los mejores resultados.

-Dejar que en la reunión privada Macri sea él en estado puro. O sea, un dirigente político no convencional, con toques de espontaneidad y con rasgos de un conservador popular. Sus sucesivas presidencias en Boca Juniors han consolidado su ADN en este sentido. Sin duda el "coucheo" que ha tenido desde hace más de una década para mostrarlo como un centrista y en algunos casos hasta como un líder de una nueva y posmoderna centroizquierda, ha sido de utilidad para sus sucesivos triunfos en la Ciudad de Buenos Aires y en las elecciones nacionales de 2015 y 2017. Si bien pocos o ningún centroizquierdista argentino lo ven como su primera opción electoral, la estrategia de "desderechizarlo" es considerada por la mayoría de los especialistas como un acierto. Máxime en un país donde casi nadie se autodefine como de derecha, pese a que las encuestas muestran que casi un tercio de la población podría ser enmarcada en ese cuadrante. En otras palabras, la fuerte y activa diplomacia presidencial que tiene Macri con Bolsonaro por delante debería llevarse a cabo no pensando únicamente en su posicionamiento para el consumo interno argentino, sino persiguiendo los legítimos intereses de nuestro país, algo parecido a la relación personal que construyeron Macri y el presidente Donald Trump.

-Dotar al presidente Macri de una hoja de ruta clara y simple que como primer punto reconozca la necesidad de una diplomacia presidencial directa, fluida y ambiciosa entre él y Bolsonaro. Es la mejor manera para que el Mercosur salga del estancamiento y la creciente pérdida de relevancia. Dos mandatarios audaces y que piensen por fuera de lo convencional podrían lograr ese necesario relanzamiento. Con sus formas y estilos, y en otros contextos históricos, lo hicieron Raúl Alfonsín y José Sarney, Carlos Menem y Fernando Collor de Mello y, luego, Carlos Menem y Fernando Henrique Cardoso.

-Que el presidente Macri asuma que dos temas son y serán de importancia clave en la relación bilateral. Uno, priorizar y darle consistencia y coherencia a la cooperación y la coordinación en materia de lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. De no hacerlo, o de hacerlo a medias, se dará u efecto globo desde Brasil hacia nuestro pais cuando se aplique allá una política de "mano dura" contra esos grupos. El otro tema es la cuestión del submarino nuclear brasileño, que en gran medida escapa a los mecanismos de supervisión recíproca desarrollados en la década de 1990. Argentina y Brasil son socios estratégicos y desde 1979 no tienen hipótesis de conflicto mutuo. Los regímenes militares de uno y otro lado ya en ese momento, y luego los gobiernos democráticos, asumieron el vínculo estratégico indisoluble entre ambos países, quizás una de las pocas y más firmes políticas de Estado de nuestro país en el último medio siglo. Por ello, el submarino nuclear que está previsto que esté terminado en el 2029 no representa una amenaza ni mucho menos para la seguridad argentina.

El eje de la conversación debería centrarse, por lo tanto, en la cooperación entre Buenos Aires y Brasilia en este particular desarrollo. Nuestro país ha desarrollado niveles de excelencia en materia nuclear en general y en pequeños reactores en particular. Recientemente, Brasil compró a la empresa argentina INVAP un dispositivo de sofisticada tecnología para abastecer de material radioactivo a la medicina de su país. Una correcta decisión política y la visión de largo plazo compartida de los dos presidentes podrán alterar las inercias burocráticas y las acciones de suma cero que provienen de cierto nacionalismo del pasado. En otras palabras, sería apropiado que la agenda del encuentro no se limite al tema comercial y a la respuesta frente a la feroz dictadura en Venezuela, puntos de gran relevancia en los que Macri y Bolsonaro posarán su atención.

Si algo ha funcionado bien en la gestión Macri ha sido la diplomacia presidencial, apuntalada de manera sumamente efectiva y metódica por el actual canciller. La fluida relación lograda por la Casa Rosada con sus pares de Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Alemania, Canadá, Japón, Brasil, Chile, Colombia, Perú, etcétera, son un claro ejemplo. Por ello, cabe tener buenas expectativas de un Macri guiado por un mix de instinto y buena información al momento de encarar la relación con el Brasil de Bolsonaro.

El autor es integrante del Informe Estratégico Calíbar (www.calibar.com.ar).