Hace pocos días, el municipio de San Antonio de Areco recibió una mención especial como experiencia innovadora en la IV Edición de los Premios a las Mejores Prácticas Locales con Enfoque de Género por el programa Florecer, "por un parto respetado y un nacimiento digno en nuestras ciudades". Como intendente de dicha ciudad, es un enorme orgullo que nuestra localidad haya logrado poner en marcha una política transformadora que busca revertir la extrema medicalización del proceso de parto y nacimiento, que en definitiva lleva a la pérdida de protagonismo de la mujer y la naturalización de la violencia obstétrica.

El premio recibido el 18 de mayo, durante la clausura de la IV Cumbre Iberoamericana de Agendas Locales de Género que se celebró en Cuenca, Ecuador, viene a ratificar un sendero trazado desde la más íntima convicción: no hay política posible en el siglo XXI sin la revalorización del rol de los gobiernos locales y el fortalecimiento de nuestras comunidades a través del arraigo. Un parto respetado es también darles la posibilidad a las mujeres y los hombres, a las familias, a que atraviesen ese proceso bajo una práctica respetuosa y amorosa en sus localidades, sin forzar a migraciones.

Este tipo de iniciativas como Florecer no son posibles sin un arduo trabajo de concientización, de interacción con los actores sociales, sin los aportes de los distintos profesionales intervinientes y sin una real dimensión de las problemáticas que atraviesan nuestros pueblos. En San Antonio de Areco, la tasa de cesáreas es mayor al 50%, lo que conlleva una alta medicalización y otras intervenciones en el cuerpo de la mujer y del niño o niña recién nacidos. Ante el diagnóstico, tenemos dos opciones: la acción o el dejar hacer. Priorizamos la acción transformadora de la realidad porque, realmente, creemos que ese es el rol de la política.

Por supuesto que ninguna medida, proyecto o intención se manifiesta de forma aislada. El contexto nos determina, nos limita el marco de acción y nos obliga a tener una mirada territorial, un abordaje integral y multidisciplinario. Sostener el arraigo y, en muchos casos reconstruirlo, no puede desligarse de la necesidad de crear las herramientas para mejorarles la vida a las personas que viven en las comunidades.

En ese sentido, los gobiernos locales han cobrado una importancia inédita, ya que son la primera barrera para frenar el proceso de urbanización de las grandes ciudades, con los riesgos ambientales, sociales y económicos que ello representa. Por eso es indispensable la puesta en marcha, el reconocimiento y, sobre todo, el sostenimiento de programas como Florecer.

Pero eso no es lo único. No hay política de arraigo posible sin una política activa en materia de acceso a la tierra y a la vivienda, o sin un enfoque de mejoramiento continuo en la prestación de los servicios básicos, como el agua y las cloacas o el correcto tratamiento de los residuos urbanos. San Antonio de Areco, gracias al esfuerzo de sus habitantes, ha dado pasos muy importantes para transitar, en ese sentido, un camino de consolidación de una comunidad organizada en función del arraigo. Por eso es que hemos logrado elevar el 25% de cobertura de servicios sanitarios de 2011 al 75% en 2018, conectando en estos días a casi dos mil familias a cloacas cuyo acceso hubiera sido imposible si dejábamos que lo definiera el criterio de eficiencia económica que la empresa AySA nos comunicó cuando, en 2016, decidió retirarse de nuestra ciudad. Por eso comenzamos en estas últimas semanas el proceso de erradicación definitiva del basural a cielo abierto, a partir de un convenio del municipio con la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse).

Partiendo de un diagnóstico claro (la demanda concreta y urgente en materia de acceso al hábitat justo), desde el 2011 el municipio de Areco puso en marcha distintas líneas de acción para atender esta necesidad de manera integral y efectiva, no solo llevando infraestructura y servicios, sino también interviniendo de manera ordenada en la oferta de tierras y en el mercado de alquileres. Creamos mecanismos mixtos de financiamiento compartido entre el Estado y la familia para la construcción de casas en tierras municipales; se comercializaron lotes fiscales a menor valor que el de mercado (entre un 30% y un 50%) y se planificó el acceso de acuerdo con cupos para promover el arraigo de médicos, fuerzas de seguridad y trabajadores de la educación, además del reconocimiento a servidores públicos, como los bomberos voluntarios y ex combatientes de Malvinas.

Lo hicimos porque creemos firmemente que el Estado tiene que estar ahí donde el mercado solamente genera desigualdad y exclusión. Si bien se logró aportar más de 1500 soluciones habitacionales, sabemos que aún hay 1200 familias que esperan y necesitan una mano. Tenemos que seguir interviniendo en la regulación del mercado inmobiliario para reducir en un 10% la demanda habitacional en 2019.

Estas políticas llevadas a cabo desde la Agencia Municipal de Hábitat también fueron reconocidas internacionalmente. La agencia fue seleccionada como una de las ganadoras del concurso "Prácticas Inspiradoras: Viviendas al Centro de la Nueva Agenda Urbana", organizado de manera conjunta por la plataforma Urban Housing Practitioners Hub, la red Cities Alliance y ONU Hábitat. El premio sería un envase vacío si no fuera porque realmente hubo un significativo avance, incluso sabiendo que todavía falta, en materia de acceso a la tierra y la vivienda.

De esta manera, con esta batería de acciones y medidas, San Antonio de Areco se posiciona como un ejemplo de la política puesta al servicio de la transformación: creemos que gobernar no se trata de ser meros espectadores de lo que hace o deja de hacer el mercado, siempre pendientes y serviles a sus intereses. Esto nos para, por supuesto, en una vereda diferente a las políticas que impulsa el Gobierno de Cambiemos.

Cuando hablamos de medidas contracíclicas, que no respetan los principios del statu quo, sabemos que ciertos intereses empiezan a inquietarse. Y esa es la principal disputa que nos atraviesa como sociedad: ¿A qué modelo de desarrollo finalmente apostamos? Si priorizamos, como hemos logrado hacer en Areco, la posibilidad de que una persona que nace en nuestra localidad acceda a educación pública municipal en forma completa —desde los 45 días de vida en el maternal hasta las carreras universitarias en la Universidad Nacional de San Antonio de Areco (creada en 2015) —; si el Estado se mantiene activo y atento para ayudar y proteger a las pymes, sabiendo que son la principal fuente de trabajo para nuestros habitantes, consolidaremos ese anhelo de tierra, techo y trabajo que los movimientos populares en el mundo han construido como consigna junto al papa Francisco. En cambio, si ante todo lo que sucede nos quedamos de brazos cruzados y nos dedicamos a echar culpas, serán los intereses concentrados, alejados de la voluntad popular, los que definirán y cumplirán sus metas de rentabilidad a costa del perjuicio del interés general.

Elegimos otro camino, el de hacer. Pensar y proyectar, muchas veces con errores, pero siempre hacer, priorizando ese viejo mandato que muchas veces parece perderse en la nebulosa cuando vemos, atónitos, el regreso de la deuda externa, el FMI, los negocios financieros e intereses inconfesables: la política como la búsqueda impenitente del bien común. A eso nosotros le sumamos la imperiosa necesidad de sostener y profundizar el arraigo como el único camino posible para lograr el desarrollo local y el sostenimiento y el progreso de nuestras comunidades.

La provincia de Buenos Aires, si construye su identidad política y cultural sobre la base institucional de la organización de las comunidades locales, a partir del impulso a los municipios como actores principales, logrará recuperar su histórica mística como forjadora de esta hermosa nación y asumir su destino de grandeza, cuidando la felicidad de los bonaerenses.

El autor es intendente de San Antonio de Areco.