La ley de matrimonio igualitario en Argentina es un logro de la sociedad. Desde distintos espacios, sectores y lugares del país, organizaciones, referentes políticos y sociales, actores, actrices, artistas, músicxs, científicxs, incluso ateos, agnósticos y religiosxs, aportaron algo para la aprobación de la ley. La participación del Estado, sin lugar a dudas, fue también fundamental.

Sin desconocer esta realidad, también debo decir que quienes lideraron ese proceso, quienes presentaron los primeros proyectos de la ley durante varios años, quienes presentaron los amparos en la Justicia, organizaron las actividades y campaña fueron las organizaciones nucleadas en la Federación Argentina LGBT. Desde la FALGBT hemos tenido errores y aciertos en el camino por el derecho al matrimonio igualitario, pero de ambos aprendimos algunas cosas que podemos compartir para contribuir a otras conquistas que necesitamos como sociedad. La ley por el derecho al aborto seguro y gratuito es una de ellas.

Lección uno: leer e investigar sobre campañas de conquistas sociales previas, en Argentina y el mundo

Activistas por el matrimonio gay en España, aprobado en 2005
Activistas por el matrimonio gay en España, aprobado en 2005

Nuestro primer acierto fue saber que no empezábamos de cero. Muchas otras personas habían alcanzado otras conquistas antes que nosotrxs, de quienes teníamos mucho para aprender si queríamos tener éxito. Aunque parezca extraño, los debates sobre los derechos de las personas se repiten en la historia con idénticos argumentos para vulnerarlos. Aprendimos de las luchas del movimiento de mujeres y el movimiento feminista por el derecho al "voto femenino", de las luchas por el matrimonio civil, por el divorcio, de la lucha contra el apartheid en distintos lugares del mundo, y también de las luchas por matrimonio igualitario en otros países.

Todas las militantes por el derecho al aborto debemos saber que hay otras luchas de las que aprender y que hubo y hay muchas militantes comprometidas antes que cada una de nosotras que dejaron información y experiencias fundamentales que debemos conocer para aportar a la aprobación de la ley.

Lección dos: generar alianzas amplias

Los movimientos y organizaciones sociales son espacios políticos. Y los derechos humanos deben ser defendidos desde todos los ámbitos. Por lo tanto, en las manifestaciones de estos movimientos y organizaciones, no podemos esperar que haya recortes que dejen afuera reclamos y posicionamientos políticos. Esto sería despolitizar a los movimientos sociales, quitarles su objetivo esencial de transformar la realidad para hacerla más justa.

En ese sentido, el Día Internacional de las Mujeres, el Día del Orgullo LGBTIQ, entre otras fechas, siempre van a estar cargados de mensajes políticos en pos de una sociedad más justa e igualitaria. Y está bien que así sea. Dicho esto, también es cierto que hay objetivos específicos que requieren de alianzas amplias. Y generar el espacio para esas alianzas es una decisión política y estratégica fundamental para logar ese objetivo.

Para aprobar una ley necesitamos de los votos de todos los partidos con representación parlamentaria. Fue así que convocamos a una "Mesa de Partidos Políticos" donde invitamos a los aliados y aliadas de todos los espacios a pensar y organizarnos para lograr esos votos. Eran aliadxs que estaban a favor de la ley de matrimonio igualitario. Punto. En lo demás, podíamos no coincidir en nada (con límites por supuesto, pero bien amplios). En las reuniones para aprobar la ley, o las actividades que organizábamos en conjunto, no debatíamos ni hablábamos de otros temas. Para todo lo demás, teníamos nuestras propias organizaciones sociales o políticas. Ese espacio era para actuar con unidad en pos de un objetivo común. Y así lo respetaron todos los espacios políticos, de todos los sectores ideológicos.

Lección tres: persuadir es siempre una mejor estrategia que agredir

Para aprobar la ley de matrimonio igualitario había que lograr mayores consensos en la política, pero también en la sociedad en general. Para eso, a quienes debíamos convencer a quienes tenían dudas o a quienes estaban en contra. Por supuesto que no estoy hablando acá de los militantes de instituciones religiosas cuyos dogmas no admiten argumentos de ningún tipo (si no, no serían dogmas). Estoy hablando de ciudadanos y ciudadanas con poca o mala información, que se oponían con más o menos dudas a nuestros derechos producto de haber nacido en una sociedad llena de prejuicios y desinformación. Si lxs insultábamos, lxs descalificábamos, lxs expulsábamos de los espacios de debate, producto del dolor legítimo que podían causarnos sus argumentos, no podíamos convencer a nadie.

Tenemos que proponernos persuadir con paciencia a estos ciudadanos y ciudadanas. No preocuparnos tanto por el enojo o la irritación que puede provocarnos un militante fundamentalista en un programa de televisión o un panel, sino enfocar nuestras respuestas y debates pensando argumentos para una audiencia que tienen dudas o posiciones equivocadas producto de poca o mala información.

Lección cuatro: exhibir los apoyos de referentes de la sociedad nunca está de más

"La Ciencia a favor del Matrimonio Igualitario", "La Cultura a favor del Matrimonio Igualitario", y hasta la "Religión a favor del Matrimonio Igualitario" fueron algunos de los eventos que organizábamos en el Senado para mostrar a lxs referentes de la cultura, la ciencia, la política, los gremios, las organizaciones sociales y de DDHH e incluso algunas religiones que estaban a favor de la aprobación de la ley.

Las organizaciones del movimiento de mujeres vienen haciendo esto hace muchos años. Desde la campaña "Yo aborté" de muchas mujeres que se animaron en momentos muchos más difíciles que ahora, hasta un sinfín de solicitadas y declaraciones públicas… pero creo que es el momento histórico para reforzar esta tarea y volver a mostrar las alianzas que tenemos e instar a todxs lxs referentes políticos, sociales, gremiales, culturales, etc. a expresarse sobre el tema.

Lección cinco: exigir debates justos

Los medios de comunicación nos convocan constantemente a participar de debates muchas veces sesgados por sus propias posiciones sobre el tema. Al comenzar a debatir algunos temas relacionados con nuestras familias muchas veces nos invitaban a programas de televisión donde mostraban "las dos campanas". Una campana éramos "nosotrxs", la voz (en el mejor de los casos) del "testimonio", cuando no de lo exótico, lo raro. Y la otra campana era la de la "voz autorizada", la del "saber" (el médico, el psicólogo), la justicia (el abogado), cuando no, la de Dios (el sacerdote).

Aprendimos a decir que no y a exigir condiciones más justas para el debate. Ante cada invitación la pregunta era: ¿quiénes más están en el programa? ¿qué otras opiniones van a expresarse? Y aunque las dos campanas nunca son sinónimo de justicia, si esas son las reglas del juego para el debate, al menos tenemos que garantizar condiciones de equidad. Y esto no implica reservar el debate solo para quienes tengan certificación universitaria, pero sí elegir a las compañeras que más conocen los argumentos de cada tema producto de su experiencia o información adquirida a partir de una universidad, de su propia experiencia o de su compromiso con la aprobación de la ley.

Todo esto ya lo saben muchas compañeras del movimiento feminista y del movimiento de mujeres, de quienes incluso hemos aprendido mucho para aprobar la ley de matrimonio igualitario. Pero quizás todavía no lo sepan muchas otras compañeras y compañeros a quienes les interesa aportar desde su lugar como padre o madre en una familia, como docente, como periodista, como abogadx, como trabajador o trabajadora de una fábrica. Quizás ellos y ellas sepan que, como nosotrxs cuando empezamos a trabajar por la ley de matrimonio igualitario, siempre hay más para aprender. Y que había otros y otras que pueden compartirnos algo de su conocimiento o experiencia. Aquí parte de nuestro aporte.

La autora es Titular del Instituto contra la Discriminación de la Ciudad de la Defensoría del Pueblo y Secretaria General de la Mesa Nacional por la Igualdad y de la Federación Argentina LGBT.