Después de la rendición de Alemania y antes de la caída de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, el Estado Mayor norteamericano dispuso los medios para la obtención de información técnico-científica sobre los avances alemanes que le habían permitido llevar adelante una guerra devastadora contra las naciones más poderosas del mundo. Los resarcimientos de guerra por el conflicto de 1914 Alemania los pagó con dinero que terminó de saldar un siglo más tarde. Las indemnizaciones por daños ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial en parte las pagó con materia gris.

El operativo, originalmente llamado Overcast, cambió de nombre a Paperclip por los sujetapapeles que tenían los dossiers de los científicos seleccionados. El presidente Truman autorizó la operación en septiembre de 1945, aunque incluyó una cláusula donde estipulaba que todos aquellos que hubiesen sido notorios integrantes del Partido Nazi y hubieran participado activamente del militarismo alemán o de las políticas genocidas serían excluidos del proyecto. Resultó ser que muchas de las personas seleccionadas estaban dentro de estas restricciones, por lo que fue necesario "retocar" sus datos personales, minimizando o haciendo desaparecer algunos detalles comprometedores de su pasado reciente.

Los norteamericanos no sólo se llevaron hombres, sino toneladas de papeles (la gente que había trabajado en los V1 y V2 aportó 140 toneladas de documentos) y hasta laboratorios completos como los que encontraron en el Centro de Investigaciones Aeronáuticas de Völkenroda, donde existían siete túneles de viento que no habían sido utilizados desde antes de la guerra.

La Operación Paperclip era de esencial importancia para los norteamericanos y estaba por encima de las relaciones con sus aliados. Estados Unidos ya estaba pensando en una tercera guerra. En el caso de Völkenroda, debieron engañar al ejército inglés, ya que ese territorio caía bajo su jurisdicción. Con presteza se llevaron todo lo que encontraron antes de la llegada de los británicos. Gran parte de estos equipos fueron transportados a Estados Unidos, donde se los utilizó por los siguientes cincuenta años.

La persona clave en el Operativo Paperclip fue un abogado llamado Allen Welsh Dulles (1893-1969), un hombre con estrechos vínculos con la familia Rockefeller, afincado en Berna durante la contienda. En dicha ciudad, podía contactarse con alemanes dispuestos a entregar información confidencial, una forma de luchar contra el nazismo o acercarse al lado vencedor en caso de que Alemania fuese derrotada. El principal colaborador de Dulles en esta tarea era Fritz Kolbe, un operador antinazi que trabajaba en la órbita diplomática. Entre la información clasificada que entregó había una lista de espías alemanes infiltrados en las redes de los Aliados e información sobre el Messerschmitt Me 262, el primer avión con turborreactores que se usó al final de la contienda.

Después de la guerra, Dulles fue uno de los encargados de revisar los dossier de 1500 científicos, ingenieros, médicos y técnicos a través de la Joint Inteligence Objective Agency (JIOA), comisión que se disolvió en 1962 y fue responsable de elegir a notables científicos alemanes que terminaron en Estados Unidos como Georg Rickhey (1898-1966) y Arthur Rudolph (1906-1996), ambos ingenieros que habían trabajado en el Proyecto V1 y V2. Walter Paul Emil Schreiber (1893-1970), también elegido entre los miembros de Paperclip, era un médico infectólogo especializado en guerras bacteriológicas que terminó sus días en Argentina. Magnus von Braun (1919-2003) fue otro científico escogido para trabajar en Estados Unidos, donde llegó a ser un alto ejecutivo de Chrysler. Quien no tenía dossier era su hermano Wernher. Si bien estaba incluido dentro de las excepciones, Dulles decidió llevarlo a Estados Unidos por sus conocimientos. Se cuenta que, al llegar, lo primero que vio fue un póster del Tío Sam. "¡Esto es lo que necesitaba!", exclamó el experto en cohetes, "un tío rico". Así expresó su necesidad de contar con quien "bancase" su pasión por los cohetes.

Wernher von Braun estaba feliz de colaborar con los norteamericanos y ayudó a capturar cien misiles V2, que también se llevaron a Estados Unidos, donde fueron estudiados detenidamente. Para 1946 los norteamericanos habían probado 63 V2 y con los datos obtenidos desarrollaron los misiles Redstone, que no tardaron en convertirse en los cohetes del Proyecto Mercury, utilizados en el contexto de la carrera espacial contra la Unión Soviética. El mismo talento que puso a un hombre en la Luna sirvió para destruir Londres con los V1 y V2.

En vista de los conflictos que amenazaban a Occidente y la nueva guerra que parecía inevitable, Dulles necesitaba contar con un especialista en la esfera soviética. A tal fin, logró los servicios de Reinhard Gehlen (1902-1979). Durante la Segunda Guerra, Gehlen fue jefe de la contrainteligencia alemana en el frente ruso. Su experiencia con los soviéticos era lo que los norteamericanos necesitaban. Este hombre, junto a otros ex camaradas alemanes, armó la Organización Gehlen, eje de las operaciones secretas de la OTAN. Una de ellas fue la Operación Gladio, de neto corte anticomunista. Gladio se ejecutó fundamentalmente en Italia, donde el Partido Comunista era muy poderoso. Entre sus organizadores se sospecha la participación de Licio Gelli (1919-2015), el legendario jefe de la P2 de sonada actuación en la Argentina.

Es autor de "Ciencia y mitos en la Alemania de Hitler" (Ediciones B).