En mi diaria actividad registro un fuerte hábito adquirido por la sociedad toda: y es el hábito de confrontar con el otro como forma de vida.

¿Qué estamos perdiendo de vista cuando sostenemos nuestros argumentos como verdaderos y los del otro como equivocados? Que ambos puntos de vista son juicios que surgen de la manera particular de ver las cosas de cada uno. Como decía sabiamente mi abuela, "es la vista desde un punto" que pretende, neciamente, tener acceso privilegiado a la verdad.

Hacer siempre lo mismo pretendiendo resultados diferentes es un camino hacia la locura, frase que le han atribuido a Einstein, pero que encierra un llamado a reflexionar sobre nuestros hábitos conductuales.

Ponga esto a prueba: imagínese una conversación con su pareja donde ambos desean construir la casa que sueñan como definitiva. En esa conversación encuentran diferencias fuertes: uno quisiera que la casa fuera de una planta, amplia, extendida, de estilo sencillo. El otro, en cambio, pretende una casa suntuosa, de dos o tres plantas, con tecnología y hasta excentricidades que demuestren el alto nivel de vida que llevan. Cada uno tendrá fundamentadas sus opiniones y pretenderá que el otro las entienda y adopte. Aquí está el origen de la confrontación que tarde o temprano surgirá en la pareja: ambos quieren tener razón y el fin último quedó desviado: ya no se piensa en la casa, sólo en hacer entrar al otro en razones. ¿Y la casa? Quedó sin construir.

El coaching ontológico es una profesión que posibilita a las personas reflexionar sobre las conversaciones, los estados emocionales y las disposiciones corporales que generan pensamientos, palabras, actos y hábitos que alejan a las personas de lograr lo que pretenden para sus vidas. ¿Cuál es el resultado más anhelado? Mejorar nuestra calidad de vida. La confrontación surge cuando se produce un choque de juicios. Si nos detenemos a observar las escenas habituales en los medios, son aquellas donde puedan exponerse puntos de vista confrontados, o qué piensa un político, artista, deportista de otro político, artista, deportista. ¿Cuál es el resultado que se busca? Sin duda, profundizar las diferencias, acentuar la confrontación.

Cuando era niño, escuchaba que mis abuelos decían que para que la Argentina saliese a flote hacía falta una gran crisis, como las vividas en la Europa de guerras sucesivas. ¿Cuántas crisis deberíamos vivir los argentinos para salir a flote? ¿Cómo se sale de una conversación de juicios que surgen de lo que se sabe o infiere? Y la respuesta es: creando conversaciones que diseñen futuro.

Es decir, poner en el centro de atención grandes acuerdos políticos que les den previsibilidad a las acciones futuras, leyes de Estado, propuestas por un abanico de personalidades con representatividad y respeto de la población.

Declaraciones del país que queremos, el qué y el compromiso de que democráticamente se respetarán los períodos de gobierno para que accione el Poder Ejecutivo y el Legislativo sea garantía de que no se pierdan los acuerdos macro alcanzados. Eso sería construir, la mejor forma de dejar de confrontar, garantía de mejorar la calidad de vida de todos los argentinos. ¿Cómo se cierra la brecha? Construyendo juntos desde lo que nos une, dejando atrás lo que nos separó históricamente.

Hagamos una sociedad para todos, recuperemos nuestra dormida capacidad de peticionar dentro del Estado de derecho, comprometámonos a ser embajadores de la no confrontación. El futuro depende del compromiso de todos, en cada familia, en cada grupo, en el trabajo, en la vida toda. Aprender a decir "no", pero sin confrontar.

El autor es magíster en Coach Profesional, director de la Escuela Latinoamericana de Coaching (ELAC).