Rutas largas, fronteras y presión operativa: la salud mental como factor de la cadena logística

Silvia Raggi, psicóloga clínica y psicoanalista, referente nacional e internacional en salud mental, explica cómo el estrés sostenido afecta la tarea en ruta y por qué prevenir conviene a las empresas

Silvia Raggi es psicóloga clínica y psicoanalista, referente nacional e internacional en salud mental (Foto: Movant Connection)
Silvia Raggi es psicóloga clínica y psicoanalista, referente nacional e internacional en salud mental (Foto: Movant Connection)
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“La soledad y el aislamiento, obviamente, no favorecen una buena salud mental”. Esa advertencia toma otro peso en actividades marcadas por jornadas extensas, plazos ajustados e imprevistos que no dependen de uno. Silvia recorre el impacto de esas condiciones en el transporte, las dificultades para cruzar fronteras con medicación y el rol que tienen las organizaciones a la hora de anticiparse a una crisis.

¿Qué impacto pueden tener las altas exigencias sobre la salud mental de los transportistas cuando se sostienen en el tiempo?

Pensemos en una persona que quedó varada en el paso Cristo Redentor, como pasó hace unos 30 días por una tormenta de nieve. Queda aislada de su familia, en medio de la nieve, generalmente duerme en la caja del camión porque, ¿dónde va a dormir?, y tiene que comer lo que puede, lo que le alcancen.

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Eso genera un nivel de estrés que puede desencadenar una crisis de salud mental. No quiere decir que la persona por eso esté enferma, pero los niveles altos de estrés influyen en el rendimiento. Y un transportista que maneja en las carreteras tiene que tener la atención al 100%, la lucidez, la visión, y no se puede quedar dormido.

De por sí, el trabajo del transportista, con tantas horas de viaje y kilómetros recorridos en soledad, es un factor estresante. Por eso los descansos tienen que ser importantes, reparadores, en un lugar confortable donde se pueda reponer energía para el próximo viaje que se va a emprender.

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Pensando en el comercio exterior, ¿qué desafíos aparecen en el acceso a la medicación cuando una persona cruza fronteras?

Yo soy psicóloga, no psiquiatra, así que de medicación mucho no puedo hablar. Pero hay un punto importante: una persona que viaja a otro país puede estar tomando una medicación que no puede interrumpir: psiquiátrica, para la diabetes, o tener que aplicarse insulina. Las regulaciones de los países no son todas iguales, y entrar a un país con determinado medicamento puede hacer que se lo saquen en la aduana.

Debería haber, a través de la OMS, una cierta regulación para que las personas puedan tener acceso a su medicación inclusive en otro país, o viajar con ella sin interrumpir el tratamiento. Y además está la insulina, que la tenés que llevar en frío. En un viaje de 14 horas, ¿cómo se mantiene? No sé si eso está tan contemplado.

Fuiste convocada por el Banco Mundial para hablar de estrés laboral. ¿Qué necesidades aparecen hoy en los entornos del comercio internacional?

Nos llegó un mail proponiéndonos dar una charla a un grupo de personas en el horario del mediodía, para hablar del entorno laboral, del estrés que genera y de qué herramientas se pueden utilizar para hacerlo más confortable.

Nos comentaban que son trabajos bastante estresantes: reciben correos a cualquier hora del día, no hay horario. Si la persona está súper estresada, el miedo a perder el trabajo es una de las realidades, hoy también con la inteligencia artificial. Eso puede llevar a que tenga que pedir una licencia por salud mental, y tampoco favorece a la empresa: es mejor prevenir que después tener que actuar.

"El trabajo del transportista, con tantas horas de viaje y kilómetros recorridos en soledad, es un factor estresante", sostiene Silvia sobre la dinámica del transporte de cargas (Foto: Shutterstock)
"El trabajo del transportista, con tantas horas de viaje y kilómetros recorridos en soledad, es un factor estresante", sostiene Silvia sobre la dinámica del transporte de cargas (Foto: Shutterstock)

Se habla mucho más de bienestar emocional, incluso en las empresas. ¿Eso se tradujo en mayor prevención o todavía se llega tarde?

Afortunadamente, hablar de salud mental ya es más común. Siempre estuvo el estigma, y por suerte ahora la gente puede hablar si está atravesando una crisis. Pero lo ideal sería no llegar cuando ya está instalada, sino poder prevenirla.

Ahí tenemos que incluir muchísimos factores. Las políticas de salud son fundamentales, igual que generar buenos entornos de trabajo, buenos entornos escolares, hacer lazos con la gente y vivir en comunidad. Todo eso da fortaleza a la persona. La soledad y el aislamiento, obviamente, no favorecen una buena salud mental.

¿Qué señales pueden detectarse desde el entorno de trabajo?

Los números no son muy alentadores: tenemos una alta tasa de suicidios, algo que se repite en Latinoamérica y en el mundo. La pandemia produjo aislamiento y soledad, y las condiciones socioeconómicas también influyen. Igual no hay que patologizar todo: una tristeza o una situación conflictiva pueden remitir.

A veces ni la familia se da cuenta, y son los compañeros de trabajo los que captan una señal. Me pasó a los 18 años, en primer año de Psicología, en la oficina de una empresa de bebidas. Una secretaria nueva, muy afable, se dio vuelta y me pidió el documento porque yo “no era Silvia”. Fui a la jefa de personal, llamaron a su familia y nunca más volvió a trabajar.

¿Qué diferencia hay entre acompañar a alguien y querer controlar su problema? ¿Dónde debería ubicarse una organización?

Nunca hay que dejar que la persona pierda la autonomía. A veces acompañar significa apropiarse del tema y no dejar que decida. Acompañar es estar al lado, asesorar, brindar ayuda si es necesario. En los ámbitos laborales pasa lo mismo: por tratar de ayudar, uno termina en una función de vigilancia, tratando de detectar patologías o conflictos, y eso tampoco es bueno.

¿Qué mensaje dejarías para las organizaciones?

Lo ideal es crear entornos favorables, amigables, y evitar los factores estresantes, como las presiones y los controles. Trabajé 40 años en un hospital público, y no hay nada peor que te controlen cuántos pacientes atendiste sin fijarse en la calidad de la atención. Un buen clima de trabajo siempre redunda en beneficio de la empresa.

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