
El deterioro de distintos corredores viales está generando demoras adicionales, mayor consumo de combustible y más desgaste de los vehículos utilizados para transportar mercaderías en Argentina. Un relevamiento realizado a partir de información aportada por transportistas a través de la Primera Asociación de Empresarios de Transporte Automotor de Carga (PAETAC) identificó 37 tramos en condiciones deficientes distribuidos en 21 provincias.
En conjunto, los sectores relevados representan alrededor de 4.625 kilómetros de rutas afectadas. La mayor parte corresponde a la red nacional: 35 tramos, por aproximadamente 4.540 kilómetros, mientras que los restantes 85 kilómetros pertenecen a dos corredores provinciales.
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Las condiciones informadas incluyen baches, deterioro generalizado de la calzada, banquinas en mal estado, falta de pavimento en determinados sectores, problemas de señalización y desvíos que obligan a modificar la velocidad y la dinámica habitual de los viajes.
El impacto no se limita al tiempo necesario para completar un recorrido. Circular a menor velocidad, realizar desvíos o atravesar caminos deteriorados también puede aumentar el consumo de combustible, el desgaste de neumáticos y componentes mecánicos y las necesidades de mantenimiento, factores que terminan incorporándose a la estructura de costos de las empresas transportistas.
“El deterioro de las rutas representa un costo significativo para el transporte de carga, ya que incrementa el consumo de combustible, acelera el desgaste de neumáticos y vehículos, eleva los gastos de mantenimiento y genera demoras en las entregas”, explicó Damián Di Pace, director de la consultora que participó en la elaboración del informe.
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Viajes que pueden sumar más de cuatro horas
Entre los corredores identificados aparecen algunas de las principales rutas utilizadas para conectar zonas productivas y centros urbanos del país.
Uno de los casos más relevantes corresponde a la Ruta Nacional 40 entre Perito Moreno y Gobernador Gregores, en Santa Cruz, donde el relevamiento calcula una demora adicional de hasta 4 horas y 8 minutos debido a las condiciones del trayecto.
También se destaca la Ruta Nacional 25, en Chubut, con aproximadamente 500 kilómetros reportados en mal estado y una demora estimada de 2 horas y 50 minutos.
En la provincia de Buenos Aires, el tramo de la Ruta Nacional 3 entre San Miguel del Monte y el cruce con la Ruta Nacional 226 presenta una demora adicional estimada en 2 horas y 22 minutos.
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Otros corredores señalados incluyen sectores de las rutas nacionales 14, 16, 40, 151 y 152. Esta última fue descripta dentro del relevamiento como uno de los casos más comprometidos, mientras que sobre la RN 151 se reportaron unos 210 kilómetros con un fuerte deterioro.
La extensión territorial de los casos muestra que el problema atraviesa corredores con características y funciones diferentes dentro de la red logística nacional, desde conexiones interprovinciales hasta vías utilizadas para acceder a zonas productivas, pasos fronterizos y nodos de distribución.
El impacto llega hasta la competitividad exportadora
El estado de la infraestructura vial también puede generar efectos más allá de la operación inmediata del transportista. Mayores tiempos de tránsito y costos por kilómetro afectan la productividad de las unidades, reducen la cantidad de viajes posibles y agregan incertidumbre a la planificación de entregas.
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“Desde una perspectiva económica, la infraestructura vial deficiente no solo encarece la operación logística, sino que también impacta en la competitividad de toda la cadena productiva, con posibles aumentos en el precio final de los bienes”, sostuvo Di Pace.
El efecto adquiere especial relevancia en las cadenas vinculadas al comercio exterior. Buena parte de la producción argentina depende del transporte por carretera para conectar establecimientos productivos con terminales portuarias, centros logísticos y pasos internacionales.
En ese sentido, el especialista advirtió que cuando productores y exportadores deben asumir mayores costos para trasladar sus mercaderías hacia puertos y fronteras, enfrentan una desventaja frente a países que cuentan con redes viales más eficientes.
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“En un mercado internacional cada vez más exigente, donde los precios y los tiempos de entrega son determinantes, la ineficiencia logística puede reducir los márgenes de los exportadores, encarecer los productos argentinos y dificultar el acceso a nuevos mercados”, señaló.
El relevamiento vuelve así a poner a la infraestructura vial dentro de la discusión sobre costos logísticos y competitividad. Para el transporte de cargas, el estado de una ruta no solo determina cuánto demora un viaje: también condiciona cuánto combustible se utiliza, cuánto se desgasta una unidad y qué nivel de previsibilidad puede ofrecer una cadena de suministro.
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