La letra chica de la autocertificación de origen que los exportadores no están mirando

Agustín Páez Romairone, despachante de aduana, repasa veinte años de informatización aduanera y advierte por qué la simplificación del comercio exterior nunca puede dejar el control de lado

Agustín Páez Romairone
Agustín Páez Romairone es despachante de aduana (Foto: Movant Connection)
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“El tema es poder avalar esa autocertificación para poder defenderla en un futuro”. Agustín lo advierte pensando en los exportadores que hoy certifican el origen de su mercadería sin guardar documentación que lo respalde. A partir de esa preocupación, explica qué cambia con los acuerdos que negocia el Mercosur y por qué el despachante tiene que estar al día con cada norma.

¿Cómo cambió la operatoria aduanera en los veinte años que llevás en la profesión?

Yo arranqué en 2004 en Mendoza, como empleado en relación de dependencia de un despachante de aduana. En 2011 me vine a Buenos Aires, también en relación de dependencia, y en 2015 empecé a trabajar de manera independiente. En todo ese recorrido, el cambio más brusco lo noté entre 2008 y 2009, con la informatización.

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Hasta ese momento todo se pagaba en el Banco Nación. Ahí llegó el volante electrónico de pago, el VEP, que hoy pagan todos los importadores y exportadores. Después vinieron los registros informáticos: el SENASA se informatizó y se sumó una gran cantidad de procesos digitales.

Uno de los más importantes fue el MOA, Mis Operaciones Aduaneras, un servicio de ARCA que le da al importador y al exportador una herramienta para ingresar al sistema y controlar sus propias operaciones. Fue un boom. Con el tiempo esa informatización se mantuvo y empezó la modernización, que cada vez viene más profunda.

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Esa modernización apunta a simplificar. ¿Cómo la ves desde el punto de vista del control?

Todo tiende a una simplificación, y desde el punto de vista personal entiendo que favorece. No estoy en contra de la facilitación del comercio ni de la agilización: es importantísimo, porque en definitiva termina reduciendo los costos de las importaciones y el valor de la mercadería, y eso tiene un impacto muy positivo en el producto final.

Pero el control siempre tiene que existir. Si uno lo descuida, se puede incurrir en diferentes tipos de infracciones tributarias o en problemas para la salud pública. Por eso hay que darles las herramientas a la Aduana y a los organismos técnicos para que controlen cualquier régimen de importación o exportación, siempre y cuando la mercadería lo requiera.

Despachante
"El comercio exterior es muy importante, porque si mirás cualquier ambiente, una gran cantidad de productos son importados, así que tiene un impacto en la vida cotidiana de todos", sostiene Agustín (Foto: Shutterstock)

Hay productos en los que hubo una simplificación y la Aduana hoy no tiene un control al momento de la verificación de la mercadería, sino a posteriori. Ahí el Estado tiene que ver la forma de asegurarse, por ejemplo, de que un juguete importado no tenga asbesto o algo que afecte la salud pública.

Uno de los cambios que más te preocupan es la autocertificación de origen. ¿Qué implica para el exportador?

Hoy el Mercosur está negociando con diferentes bloques y todos los convenios internacionales tienden a la autocertificación. Simplifica la certificación del origen del producto: ya no la emite una cámara, sino el propio exportador. Eso va a tener un impacto negativo para las cámaras de comercio exterior, pero también tiene una letra chica que los exportadores no están teniendo en cuenta.

Que se simplifique no significa que no vaya a haber control por parte de la Secretaría de Industria y Comercio y de la Pequeña y Mediana Empresa. El exportador termina siendo el responsable de certificar el producto que va a exportar, y noto que no se está justificando ni registrando documentación en función de lo que se certifica.

Certificar un producto hoy lo puede hacer cualquiera. El tema es poder avalar esa autocertificación para poder defenderla en un futuro. Si no, con ese criterio cualquiera podría importar un producto y exportarlo certificándolo como si fuera de origen argentino. Por eso hay que saber distinguir que la simplificación también tiene un control en el fondo.

Con tantos cambios normativos, ¿qué distingue al despachante de aduana argentino?

El despachante argentino es un superhéroe, directamente. En 2022 salía normativa todos los días, del Boletín Oficial y del Banco Central, por la cantidad de cambios cambiarios. Hoy el volumen es menor, pero los cambios siguen, y el despachante tiene que estar 100% actualizado, porque si no, se termina quedando afuera de todo lo que ocurre en la cadena de comercio exterior y logística.

Sos muy activo comunicando novedades normativas. ¿Qué importancia tiene bajar a tierra un lenguaje tan técnico?

Yo soy partícipe de estar muy actualizado. A diario se hace una descarga de las normativas que tienen impacto directo e indirecto en el comercio exterior, y después se arma un compilado y se publica un informe mensual con todas las que salieron. Es una materia muy técnica la del despachante, y está bueno poder bajarla al ABC de un importador o exportador que está empezando.

También fuiste docente. ¿Qué te dejó esa experiencia?

Yo vengo desde cero y me costó mucho involucrarme en el comercio exterior, por eso me gusta abrirle las puertas a quien empieza a estudiar con entusiasmo y pasión. Estuve dos años dando clases en una cámara empresaria y fue una experiencia muy agradable, aunque veo que la docencia viene bastante en decadencia. Por cuestiones de tiempo decidí dejarlo para focalizarme en el trabajo.

¿Qué le recomendarías a quien empieza a acercarse al comercio exterior?

El comercio exterior es muy importante, porque si mirás cualquier ambiente, una gran cantidad de productos son importados, así que tiene un impacto en la vida cotidiana de todos. Pero también es muy amplio. Por eso es importante asesorarse con un despachante de aduana, depositar toda la confianza en ese especialista y hacerle caso en todo lo que indique.

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