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Lo que cuesta mover el oro: entre campamentos remotos y refinerías

Estanislao Auriemma, CEO de una compañía de exploración minera, explica cómo la logística y el comercio exterior condicionan cada etapa de un proyecto de exploración de oro y plata en la Patagonia

Estanislao Auriemma
Estanislao Auriemma es CEO de una compañía de exploración minera (Foto: Movant Connection)
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En zonas remotas como el Macizo del Deseado, la planificación de un proyecto minero empieza mucho antes de la primera perforación. Estanislao explica que los campamentos deben anticipar a todo tipo de imprevistos, porque en esta actividad el tiempo perdido se traduce directamente en costos: “cuatro o cinco días parados por falta de acceso a combustible o repuestos es un problema significativo”.

¿Qué particularidades presenta la exploración de oro y plata frente a otras ramas de la geología económica?

El universo de la geología económica se divide en dos grandes ramas: petróleo y minería. Dentro de la minería, la actividad se concentra en minerales preciosos, con foco en oro y plata en el Macizo del Deseado, una zona reconocida en Argentina y a nivel internacional para el desarrollo de proyectos mineros.

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En los últimos años, la volatilidad mundial vinculada a guerras, tasas altas e inflación elevó el precio del oro y la plata. Ese contexto, sumado al respaldo del gobierno argentino a la energía y la minería, impulsó la actividad como un aporte adicional al histórico rol del agro en la economía del país.

¿Qué cambios ayudarían a mejorar el desarrollo del sector, más allá del buen momento actual?

Argentina hoy es competitiva porque muchos países tienen restricciones para la actividad minera, aunque no todas las provincias ofrecen las mismas condiciones para desarrollar un proyecto. Lo que podría mejorarse es el estímulo a la exploración, una etapa puramente de riesgo que hoy carga con costos impositivos pensados para una actividad que ya está en producción.

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Un ejemplo es el IVA: durante la exploración no hay capacidad de recuperarlo, porque recién se recupera en la etapa de producción. En un proyecto de 40 o 50 millones de dólares, ese 20% promedio puede representar ocho, diez o doce millones de dólares inmovilizados en algo que, además, puede no convertirse nunca en una mina.

Cuando el proyecto avanza a la etapa de construcción, buena parte del equipamiento se importa: hoy la producción de flota minera en el país es prácticamente inexistente, así que traer plantas y equipos desde el exterior implica una carga logística y de comercio exterior significativa antes de la primera producción.

¿Qué requisitos logísticos tiene que cumplir un proyecto minero en su etapa de exploración?

Para llegar a una evaluación económica preliminar hace falta mucha exploración, y para explorar hace falta perforar. Eso requiere un campamento operativo en zonas remotas, como el Macizo del Deseado en Santa Cruz, una vieja zona de campos de lana hoy prácticamente despoblada, sin actividad ganadera.

En estas etapas tempranas, con pocos recursos, se suele operar con uno, dos o tres equipos de perforación como máximo, así que un campamento mal planificado se convierte en un problema. Cuatro o cinco días parados por falta de acceso a combustible o repuestos es un problema significativo, y si eso se repite durante los meses de exploración, encarece todo el proyecto.

Exploración minera
"Cuando el proyecto avanza a la etapa de construcción, buena parte del equipamiento se importa", comenta Estanislao (Foto: Shutterstock)

Una evaluación económica preliminar ya contempla esos costos logísticos en el plano teórico. Cuando el proyecto avanza a una etapa de prefactibilidad, esa teoría se vuelve mucho más concreta: ahí se suma un agente de logística, porque hay que trabajar con números más finos y perforaciones puntuales para dimensionar el yacimiento, no ya para descubrirlo.

Una vez extraído el mineral, ¿cómo es la logística para exportarlo?

Lo que sale de la planta suele ser un doré, un lingote rústico de oro y plata con ciertas impurezas, que después viaja a un refinador. Ese lingote es muy valioso y tiene que estar custodiado en todo momento, porque el refinador determina cuánto oro y plata contiene, y de eso depende directamente el flujo de caja del proyecto.

El traslado puede ser por barco o por avión, y siempre incluye controles propios además de la custodia del transportista. Hay una anécdota conocida en Argentina: por beneficios en los puertos de Santa Cruz, un cargamento de dorés cruzó hacia Chile en un barco que terminó hundiéndose. El seguro pagó y después se recuperaron los lingotes, pero el episodio muestra el nivel de cuidado que exige ese traslado.

Tenés que imaginarlo casi como si lo llevaras en un camión de caudales: en el medio del trayecto se toman muestras para chequear que todo esté en condiciones, para que lo que efectivamente llegue a la refinería sea lo que se envió.

¿Qué lugar ocupa la logística en la economía general de un proyecto minero?

La logística hoy representa entre un 10% y un 20% de la economía de un proyecto minero. Hay que trasladar el mineral con mucha seguridad, para mantener la certeza de que lo que se envía a la refinación es exactamente lo que llega, y el que lo recibe también necesita esa seguridad porque organiza toda su cadena en función de lo declarado.

Lo mismo pasa en sentido inverso, con los insumos que se usan para producir el doré en planta: si esos insumos quedan retenidos en un puerto, o llegan con una calidad distinta a la que el proceso necesita, el problema es igual de grave. Por eso, en este tipo de proyectos, tener una logística adecuada para cumplir con los parámetros establecidos es tan importante como el propio hallazgo geológico.

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