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Traducir el comercio exterior: de la resolución oficial al lenguaje cotidiano

Natalia Cepeda, consultora en comercio internacional, explica por qué la sobreinformación complica tanto a empresas como a exportadores y qué falta en la digitalización del comercio exterior argentino

Natalia Cepeda
Natalia Cepeda es consultora en comercio internacional (Foto: Movant Connection)
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Para Natalia, buena parte de su trabajo consiste en filtrar el ruido que generan los hechos internacionales antes de que lleguen al público general. Sostiene que “hay mucho sensacionalismo en la información que, cuando baja al piso, no es tan así”, y esa misma lógica de traducir y contextualizar atraviesa su tarea diaria: desde el asesoramiento a empresas hasta el seguimiento de los acuerdos comerciales y la modernización aduanera en curso.

¿Qué importancia le das a mantener informado a tu público sobre lo que pasa en comercio exterior?

La importancia de mantener informado al público es que las novedades pasan muy rápido: hace unos dos años se empezó a intensificar el ritmo de cambios en el rubro. Hoy, para quien no tiene tiempo de leer el Boletín Oficial, un reel de veinte o treinta segundos puede transmitir lo más valioso de una resolución.

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Básicamente es facilitarle el acceso a la información a alguien que no está de lleno en comercio exterior: bajarle una normativa o un hecho geopolítico y ponerlo en un lenguaje que se pueda entender sin tener que leer toda una resolución. Trato de que el lenguaje sea general para poder llegar tanto al especialista como a quien trabaja en un área contable o de atención al público.

Desde tu rol como consultora, ¿las empresas están lo suficientemente informadas para gestionar sus operaciones de comercio exterior?

Noto que hay dos extremos. Por un lado, empresas completamente empapadas de comercio exterior que manejan normativas y regímenes, pero con mucha confusión: hacen una consulta puntual mezclando conceptos que no son tan así. Por otro lado, hay quienes nunca trabajaron en el rubro y están evaluando su primer proyecto de importación o exportación.

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Ahí hay que readecuar el mensaje según lo que necesita cada tipo de empresario. Hoy me pasa mucho con el primer grupo: demasiada información que termina confundiendo regímenes y generando errores, sobre todo con la parte cambiaria. Ahí sirve tener la idoneidad para transmitir la información de una forma bien didáctica.

¿Qué puede aportar la mirada de alguien del comercio exterior al resto de la sociedad, frente a lo que se muestra en los noticieros?

Creo que la mirada de comercio exterior puede aportar una especie de embudo: transmitirle a la gente que los hechos no tienen un impacto tan inmediato como parece. Por ejemplo, lo que pasó en el estrecho de Ormuz obviamente afecta al comercio internacional; hubo buques varados y cargas que no llegaron a destino.

Pero si se filtra y se lleva al día a día de la economía argentina, el impacto es mucho más reducido. Hay mucho sensacionalismo en la información que, cuando baja al piso, no es tan así. No digo que no afecte, pero hay que saber filtrar para transmitirlo de una forma real.

Comercio internacional
"Se estima que el aumento de las exportaciones va a llegar a su pico recién en diez años", revela Natalia (Foto: Shutterstock)

Se firmó el acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea. ¿Qué está cambiando en la dinámica comercial a partir de eso?

Lo primero que noto es mucho más interés de los exportadores, incluso de los potenciales exportadores, en informarse con detalle y no llevarse solo por lo que dicen los medios. Ya recibo consultas específicas de una empresa puntual que pregunta si su posición arancelaria entra en el acuerdo y qué beneficios tiene.

El acuerdo es muy extenso y cubre casi el noventa y tantos por ciento de las posiciones arancelarias. Tardó veinticinco años en concretarse, y lo bueno es que entre Argentina y la Unión Europea hay complementariedad, a diferencia de otros acuerdos donde hay competencia directa.

Las perspectivas son muy buenas, aunque no inmediatas: esto es un proceso, no magia. Se estima que el aumento de las exportaciones va a llegar a su pico recién en diez años, pero lo importante es que ya se está gestando la conciencia de tomar esta herramienta y empezar a estudiarla.

¿En qué punto la digitalización de los trámites aduaneros es una herramienta eficiente y en qué punto todavía suma complejidad?

En los últimos dos años hubo muchos cambios operativos, y son bienvenidos porque Argentina está cumpliendo compromisos de modernización ante la Organización Mundial de Aduanas. El certificado de origen digital, la declaración de origen dentro del acuerdo con la Unión Europea y los trámites vía TAD están funcionando muy bien.

Todo lo que sea herramientas para facilitar es muy bienvenido y es una deuda que el Estado tenía con el operador desde hace mucho tiempo. Ahora se está trabajando en la declaración de aduana dentro de la Ventanilla Única de Comercio Exterior, la VUCE, que es un paso más.

Pero falta mucho. En el régimen de admisión temporal, la comprobación de destino todavía se hace por fuera y tiene mucha oportunidad de mejora; podría integrarse a la VUCE, igual que la parte cambiaria. Hay que llegar a los estándares que marcan otros mercados, y eso implica un ahorro operativo real para la pyme.

Para cerrar, ¿qué mensaje te queda pendiente para dejar planteado?

Me gusta que el comercio exterior haya estado en la agenda del gobierno en estos dos años y haya ganado visibilidad; eso debe continuar, porque es una parte de la economía con mucho peso. Pero me gustaría que las políticas estén más enfocadas en el comercio exterior de las pymes.

Los cambios estructurales que vi hasta ahora fueron pensados para las grandes corporaciones, y aunque existe una versión pyme, no alcanza. Ahí hay que reforzar: bajar la carga impositiva sobre las operaciones de importación y exportación, porque la pyme es la que genera muchísimo empleo.

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