
“Si el aeropuerto más cercano está a tres horas, eso cambia completamente la ecuación”. Julián habla de turismo, pero podría estar hablando de cualquier cadena de distribución: sin infraestructura, sin rutas y sin velocidad de respuesta, el negocio no escala. Así lee él un sector que opera, cada vez más, con lógica logística.
¿Cómo ves la actualidad del turismo en Argentina y en la región?
Desde la pandemia viene creciendo. Hubo un punto de inflexión en 2020, con cambios muy fuertes en la industria y años muy difíciles en 2020 y 2021. Desde 2022 en adelante viene recuperando año a año.
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En Argentina también venimos de un período de mucha inestabilidad: devaluaciones, nuevos impuestos, cambios permanentes en las condiciones para viajar al exterior. Ahora hace un tiempo está todo bastante más estable, y eso ayuda mucho al viajero.
El tipo de cambio sigue siendo un factor clave en la región. Cuando Argentina está cara, los chilenos y uruguayos vienen menos y más argentinos viajan afuera. Esa dinámica cambia todo el tiempo y afecta directamente los flujos de pasajeros.
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Un viaje implica coordinar muchas variables. ¿Cuánto de logística hay detrás del turismo?
Todo. Un viaje es logística, ya sea de placer o de cualquier otro tipo. Implica coordinar el traslado, ya sea en auto, micro, tren, barco o avión; el traslado desde el aeropuerto o la estación hasta el alojamiento; los check in y check out; los pagos. Todo eso es logística.
Cada vez hay más herramientas para que uno gestione su viaje de manera autónoma, pero eso también exige tener noción logística. Por ejemplo, si uno saca dos vuelos por separado tiene que dejar una escala razonable por si uno de los vuelos se demora. Son cosas que en el mundo de la logística ya están más que incorporadas.
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¿Cómo impacta la infraestructura en el desarrollo de destinos turísticos?
Es fundamental. Hay destinos a los que uno llega y dice: esto es espectacular. Pero si el acceso es muy difícil, si el aeropuerto más cercano está a tres horas, eso cambia completamente la ecuación.
Hay pueblos que son de los más lindos de Argentina y que no tienen aeropuerto. Uno imagina lo que serían esos destinos si tuvieran conexión aérea directa, o al menos si llegaran vuelos a una ciudad cercana. Cambiaría todo. El potencial está, pero sin infraestructura de aeropuertos, rutas o trenes, ese potencial queda frenado.
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¿Eso se ve también en los números cuando llega una nueva ruta?
Sí, y es inmediato. Cuando una aerolínea lanza una nueva ruta a una ciudad que no tenía conexión, el turismo que recibe esa ciudad se dispara. En casos recientes, algunos destinos que sumaron vuelo directo desde Buenos Aires crecieron un 500% o más en cantidad de pasajeros, solo por esa nueva conexión.
En la región todavía estamos lejos en términos de conectividad comparado con Europa, Asia o Estados Unidos. Hay muchas ciudades secundarias con pocas conexiones o ninguna. A medida que se vayan sumando rutas, el turismo va a seguir creciendo.
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El sector comparte con la logística el impacto de la estacionalidad. ¿Cómo se gestiona eso?
El turismo tiene mucha estacionalidad, basada primero en el clima. Hay destinos que cambian completamente según la época del año: temporada de huracanes, invierno, verano. Y los destinos temáticos, como el esquí y la playa, tienen ventanas muy cortas de demanda alta.
El precio es el gran regulador. Si costara lo mismo todo el año, en los meses buenos no habría lugar y en los malos nadie iría. La variación de precios en vuelos y hotelería acomoda la demanda: en épocas de menor movimiento los precios bajan y eso genera un flujo importante de viajeros que de otra manera no irían.
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¿Cómo se toman las decisiones en un mercado tan dinámico?
Rápido. Con velocidad, en tiempo real y basadas en datos. Somos especialistas en detectar ofertas de vuelos y paquetes, y cuando aparece una tarifa que baja de precio hay que publicarla rápido antes de que se agote o vuelva a subir.
También hay que concientizar al viajero: una oferta tiene vida muy corta. Un vuelo con veinte lugares a precio especial puede agotarse en minutos y automáticamente el precio sube. Un error en ese proceso, una tarifa publicada mal, un vuelo que conecta con otro y deja pasajeros varados, puede salir muy caro, tanto para las aerolíneas como para toda la cadena. Son problemas de logística que siguen sucediendo y que tienen un costo altísimo.
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