
Las economías regionales, la minería, el agro y la energía aparecen entre los sectores con mayor potencial para impulsar el crecimiento argentino en los próximos años. Pero para transformar esas oportunidades en desarrollo sostenido también será necesario fortalecer el vínculo entre conocimiento y producción. En ese sentido, Alfredo afirma que “Hay que generar las condiciones para que las universidades y los organismos públicos estén más cerca de los sectores productivos”, y analiza los desafíos que enfrentan empresas y profesionales en un contexto cada vez más competitivo.
¿Cómo surgió tu interés por las economías regionales y el interior del país?
Tiene que ver con las oportunidades que tuve de viajar por distintos lugares de Argentina, tanto desde lo académico como desde lo profesional. Soy docente universitario y eso me permitió dar charlas en distintas localidades, trabajar con cámaras empresarias, municipios y también vincularme con distintas zonas francas del país.
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Además, dentro de mi actividad de investigación estoy muy volcado al estudio de las zonas francas. Eso me llevó a relacionarme con distintos regímenes productivos, desde las zonas francas de la provincia de Buenos Aires hasta Tierra del Fuego, que tiene un régimen especial muy diferente al régimen general de exportación e importación que existe en el territorio continental.
También he trabajado con distintos sectores productivos. Hace poco estuve analizando el potencial de la olivicultura en el sur bonaerense y fue una experiencia muy enriquecedora porque me permitió conocer más en profundidad la actividad, dialogar con especialistas y entender cómo determinadas economías regionales pueden proyectarse hacia los mercados internacionales.
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¿Qué sectores productivos ves con mayor potencial exportador en los próximos años?
Son varios. Particularmente todo lo que tiene que ver con petróleo, gas, minería, agro y energía. Son sectores que tienen un enorme potencial para Argentina en las próximas décadas.
En el caso del agro, creo que el país tiene ventajas competitivas muy importantes y va a seguir destacándose. También la biotecnología aplicada al sector agrícola va a jugar un papel fundamental. Son actividades que van a incorporar cada vez más tecnología e inteligencia artificial para aumentar la productividad.
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Por otro lado, la minería todavía tiene muchísimo por desarrollar. Hay provincias que aún no han desplegado todo su potencial y eso significa que existe un capital muy importante que sigue latente. Pero ese crecimiento tiene que darse a partir de consensos amplios y con una mirada de largo plazo.
¿Qué desafíos presenta el desarrollo de actividades como la minería en las regiones?
El gran desafío es que las inversiones no sean solamente para extraer recursos, sino que generen condiciones sostenibles para las futuras generaciones.
Cuando una actividad depende exclusivamente de una materia prima, existe el riesgo de que, una vez agotado el recurso o cuando deja de ser rentable, las poblaciones locales pierdan oportunidades y se vean obligadas a migrar. Lo hemos visto en distintos casos vinculados a recursos naturales.
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Por eso es fundamental desarrollar industrias complementarias e integrar esas actividades a cadenas de valor más amplias. De esa manera, cuando el recurso se agote o cambien las condiciones del mercado, las comunidades podrán sostener otras actividades económicas y seguir desarrollándose.

¿Cómo observás el presente de la industria argentina frente a una economía más abierta?
Tenemos un gran desafío. Argentina ha atravesado históricamente largos períodos de cierre económico y períodos más cortos de apertura económica. Hoy estamos viendo un escenario distinto y eso obliga a muchas empresas a transformarse.
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Las condiciones para hacerlo existen. Lo que muchas veces falta es incorporar tecnología, acceder a conocimiento especializado y aprovechar el acompañamiento que pueden brindar las universidades, los organismos técnicos y otras instituciones.
Las empresas necesitan avanzar en procesos de reconversión tecnológica para poder competir con organizaciones de otros países que producen bienes similares. Ese es uno de los principales desafíos que tenemos por delante.
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¿Qué habilidades considerás fundamentales para los profesionales que deberán desenvolverse en este contexto?
La principal es la curiosidad. Todo surge de la curiosidad. Si no generamos ese estímulo desde la escuela, la universidad o los ámbitos laborales, va a ser muy difícil formar profesionales preparados para los cambios que vienen.
Siempre les digo a mis alumnos que no esperen todo del profesor o de la institución. Hoy tienen acceso a una cantidad enorme de información que generaciones anteriores no tenían. Nosotros pasábamos horas en bibliotecas buscando material; hoy gran parte de ese conocimiento está a un clic de distancia.
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También creo que es fundamental trabajar sobre las motivaciones. Las personas tienen que sentirse identificadas con lo que hacen y tener ganas de aprender permanentemente. El conocimiento cambia cada vez más rápido y eso exige una actualización constante.
¿Cómo impactan los cambios globales en la formación de los profesionales?
Impactan de manera permanente. Las guerras, los conflictos internacionales, los cambios tecnológicos y las transformaciones culturales modifican constantemente los escenarios económicos y logísticos.
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Por eso los profesionales tienen que desarrollar la capacidad de mirar más allá de la tarea cotidiana. Sé que muchas veces el trabajo diario absorbe gran parte del tiempo, pero es necesario dedicar aunque sea media hora por día a leer, investigar o analizar qué está pasando en otras partes del mundo.
Hoy contamos con herramientas de inteligencia artificial que permiten acceder a información de cualquier lugar del planeta. Podemos traducir estudios, analizar investigaciones y conocer experiencias internacionales con una facilidad que antes no existía. Hay que aprovechar esas herramientas para ampliar la mirada.
¿Qué consejo le darías hoy a las empresas que buscan desarrollarse en comercio exterior?
Creo que las empresas tienen que enfocarse en aquello que realmente saben hacer bien y comenzar a incorporar profesionales especializados o equipos que aporten valor a sus procesos.
El comercio exterior es una actividad compleja. Al principio muchas organizaciones pueden resolver determinadas cuestiones internamente, pero cuando empiezan a crecer es importante apoyarse en personas que tengan conocimientos específicos.
Incorporar especialistas o tercerizar determinadas funciones permite profesionalizar la gestión, mejorar la toma de decisiones y acompañar el crecimiento de la empresa de una manera mucho más eficiente.
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