Oleaginosas emergentes impulsan cadenas logísticas orientadas al mercado energético global

La expansión de cultivos como carinata, camelina y colza impulsa esquemas integrados de trazabilidad, procesamiento industrial y exportación orientados al mercado global de combustibles sostenibles para aviación

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En la práctica, estas operaciones implican una mayor integración entre producción, procesamiento industrial y logística de exportación (Foto: Shutterstock)
En la práctica, estas operaciones implican una mayor integración entre producción, procesamiento industrial y logística de exportación (Foto: Shutterstock)

La transición energética global comienza a generar nuevas dinámicas en las cadenas de suministro, la logística agroindustrial y el comercio exterior argentino. Cultivos invernales como la carinata, la camelina y la colza empiezan a consolidar un modelo productivo integrado, con contratos de abastecimiento, certificaciones internacionales y destinos vinculados a la producción de combustibles sostenibles para aviación (SAF).

A diferencia de cadenas tradicionales como la soja o el girasol, estos complejos funcionan bajo esquemas donde distintos actores coordinan desde la provisión de semillas hasta la compra final del grano, incluyendo asistencia técnica, certificaciones y trazabilidad.

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El objetivo es garantizar estándares ambientales y documentales exigidos por los mercados energéticos internacionales, especialmente europeos.

En la práctica, esto implica una mayor integración entre producción, procesamiento industrial y logística de exportación. Los contratos fijan condiciones comerciales antes de la siembra y permiten asegurar el abastecimiento futuro de materias primas destinadas a biocombustibles avanzados.

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Trazabilidad y certificaciones ganan peso en la operatoria

Uno de los aspectos centrales del nuevo esquema es la necesidad de garantizar la trazabilidad, la sustentabilidad y el control de emisiones a lo largo de toda la cadena. Para ingresar al mercado europeo, las materias primas y los aceites derivados deben cumplir los requisitos establecidos por la Directiva RED III, que exige certificaciones específicas y auditorías independientes.

En algunos casos, las empresas que desarrollan las semillas también gestionan directamente las certificaciones y articulan toda la operatoria comercial. El caso de la carinata es uno de los más integrados: toda la producción argentina se canaliza hacia la elaboración de combustible sostenible para aviación bajo acuerdos de compra de largo plazo que llegan hasta 2050.

El avance de estas exigencias también empieza a modificar la lógica logística del sector agroexportador. La necesidad de documentar origen, prácticas productivas y reducción de emisiones incorpora nuevos procesos de control documental, coordinación logística y articulación entre productores, plantas industriales, exportadores y compradores internacionales.

Además, estos cultivos se encuentran incluidos dentro de la categoría de mayor prioridad regulatoria de la Unión Europea para biocombustibles avanzados, lo que les permite acceder a beneficios vinculados a los objetivos de descarbonización energética.

La colza registró en 2025 su mayor nivel exportador de la última década, con casi 50.000 toneladas vendidas al exterior por 27 millones de dólares (Foto: Shutterstock)
La colza registró en 2025 su mayor nivel exportador de la última década, con casi 50.000 toneladas vendidas al exterior por 27 millones de dólares (Foto: Shutterstock)

Inversiones industriales y nuevo mapa exportador

El crecimiento de esta demanda global comienza también a impulsar inversiones en infraestructura industrial dentro de Argentina. Según el informe, una empresa del complejo agroexportador del Gran Rosario inauguró en enero de 2026 una línea de molienda en Timbúes con capacidad para procesar hasta 3.000 toneladas diarias de camelina, carinata y canola.

El desarrollo de capacidad de crushing local aparece como un punto clave para agregar valor dentro del país y avanzar hacia una integración más completa de la cadena. Actualmente, gran parte de la producción argentina todavía se exporta sin procesar hacia Europa, donde luego se industrializa para la obtención de biocombustibles avanzados.

En paralelo, la colza registró en 2025 su mayor nivel exportador de la última década, con casi 50.000 toneladas vendidas al exterior por 27 millones de dólares.

El informe también destaca que Argentina ya se posiciona como el principal exportador mundial de carinata y que existen más de 10 millones de hectáreas aptas para expandir estos cultivos.

La demanda internacional aparece como uno de los principales motores del crecimiento esperado. Tanto la IATA como la OACI impulsan compromisos de reducción de emisiones que comienzan a traccionar nuevas cadenas globales de abastecimiento vinculadas al SAF.

En ese contexto, la producción argentina de estas oleaginosas empieza a posicionarse no solo como un negocio agrícola, sino también como parte de una nueva infraestructura logística, energética y de comercio internacional orientada a los combustibles sostenibles.

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