De la teoría a la calle: cómo se transforma el despacho aduanero en la era digital

Guillermo Castillo, despachante de aduana y agente de transporte aduanero, repasa la evolución del sector, la digitalización de los trámites y los costos que generan las demoras en frontera

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Guillermo Castillo
Guillermo Castillo es despachante de aduana y agente de transporte aduanero (Foto: Movant Connection)

La digitalización cambió los tiempos y la lógica del trabajo aduanero. “Hoy podés hacer el despacho en la madrugada si querés, eso antes no existía”, dice Guillermo, y eso es solo parte del cambio. En esta nota repasa qué significa ser despachante hoy, qué aprendizaje no da ninguna universidad y dónde el sector todavía tiene una deuda pendiente con la agilidad logística.

¿Cómo llegaste al despacho de aduana y qué te enganchó de la profesión?

Empecé de rebote. Quería estudiar traductorado de inglés, pero los tiempos no me daban. Mirando las carreras universitarias, vi comercio internacional y pensé que tendría mucho inglés. Era lo que menos había. Pero me fui enfocando y me gustó.

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Lo que me terminó atrapando fue la conexión con todo: la logística, lo internacional, el vínculo con el cliente. El despachante de hoy no es el de antes, que estaba en su oficina con sus clientes y nada más. Hoy te metés a hablar con proveedores de China o de Estados Unidos, a la par del cliente, para ver si una operación le conviene o no. Si le hacés negocio a él, mejor para vos.

¿Cómo es la división de tareas en el trabajo diario del despacho?

Tiene muchas ramas: valorar la mercadería, clasificarla, declararla y después presentar toda la documentación en aduana. En lo concreto, yo soy más de oficina. Armo todo el despacho y se lo entrego a mi socio, que es el que hace la calle: habla con aduana, va al depósito fiscal, coordina con el verificador. Él realiza la nacionalización de la mercadería. En todos los trabajos hay cosas que te gustan más o menos, esto no es la excepción.

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¿Cómo cambió la operativa con la digitalización de los trámites?

Hoy es todo vía web. Hay muy poco que se hace de forma presencial. Podés hacer el despacho en la madrugada si querés, eso antes no existía: tenías que respetar el horario de aduana para presentar papeles.

Lo que más cambió es todo lo que tiene que ver con los organismos que habilitan ciertas mercaderías. Antes tenías que ir, presentar un expediente físico, esperar que te lo autorizaran. Hoy, en 72 horas podés tener una autorización para importar o exportar. Eso facilitó mucho la operativa.

Revisión de Aduana
Guillermo recomienda siempre hacer experiencia en el campo de juego porque, más allá de lo que se puede aprender en la teoría, "cuando salís y te enfrentás a la calle es otra cosa" (Foto: Shutterstock)

¿Qué le recomendarías a alguien que está estudiando para ser despachante?

La universidad te enseña legislación, valoración, clasificación. Pero cuando salís y te enfrentás a la calle es otra cosa. Te pegás muchos golpes hasta que aprendés. Por eso recomiendo que aprendan la calle desde temprano.

Hoy hay cursos que se dan dentro de los depósitos fiscales y eso es muy valioso. Una cosa es saber qué hacer y otra muy distinta es saber dónde ir a presentar papeles, cómo se hace una liberación, cómo funciona una terminal portuaria. Si no lo sabés, te trabás.

¿Ves margen de mejora en alguna parte de la operativa sectorial?

En general la operativa está bastante bien. El certificado de origen ya es digital en muchos países, eso ayudó mucho. Pero en el transporte terrestre hay cosas por aceitar. Las demoras en los pasos fronterizos generan mucho costo logístico. Si bien se está avanzando en la documentación digital, todavía falta. Que te retengan un camión una semana es un costo enorme, para el despachante y para el cliente que está esperando la mercadería. Ahí es donde veo la mayor oportunidad de mejora.

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