
En el negocio importador, la logística nacional tiene sus propias reglas: la mercadería entra, se categoriza y tiene que estar en la góndola del cliente en 48 horas. “La calle es una variable que no se maneja: una protesta, un corte, un accidente”, destaca Alfredo, y por eso cada parte de la cadena debe cumplir su rol sin margen de error.
¿Cómo funciona hoy la cadena logística nacional en el negocio importador?
En el negocio donde me desarrollo, el rol principal es que la mercadería que llega al depósito esté en la góndola de los clientes en tiempo y forma, de acuerdo a la necesidad de cada uno. Puede ser una superficie grande, un mayorista o un cliente final. En términos generales, la cadena nacional hoy funciona de manera muy aceitada, con muy pocas trabas. Recibimos la mercadería y en 48 horas estamos llegando a los clientes.
¿Qué condiciones hacen posible ese nivel de agilidad?
Es fundamental que cada parte de la cadena cumpla su rol en tiempo y forma. Desde la puesta del contenedor dentro del almacén, la desconsolidación, los controles necesarios y que toda la información esté cargada en el sistema —dirección de entrega, transporte, cantidad de artículos y unidades— para que los pedidos fluyan. Si alguno de esos eslabones falla, se corta todo.
¿Cómo se organiza la operación cuando hay distintos tipos de clientes con necesidades diferentes?
Los clientes se tabulan en categorías: A, B, C y D. Cuando llega la mercadería, lo primero que se ataca es el cliente A, que es el que sostiene la cadena en mayor proporción. Los clientes C y D entran al final del abastecimiento. Esa categorización permite tener claro, desde el momento de la llegada, a dónde hay que ir primero.
Eso también aplica adentro del almacén: al momento de la descarga ya se van asignando sectores según el destino de cada mercadería. Esto sale tal día, esto necesita una orden de compra, esto tiene luz verde, esto tiene luz roja. Todo lo que pasa en lo comercial termina volcando hacia la logística.
¿Y cómo varía la planificación del transporte según el tipo de cliente?
Para las grandes superficies se trabaja con turnos, volúmenes cúbicos, cantidad de bultos, horarios de compra y vencimientos. Cada cliente de ese tipo ya tiene dimensionado qué vehículo necesita y con qué capacidad. Para los clientes más chicos, si el volumen es menor, se consolidan dentro de un vehículo con una ruta eficiente y entrega puerta a puerta según la necesidad de cada uno.
¿Cuáles son las trabas más frecuentes en la operación diaria?
Puede ser que el área comercial no haya cargado el pedido a tiempo, o que no se haya cerrado el precio con el cliente. También puede surgir un inconveniente con la flota de camiones y algo que estaba pactado no llega en tiempo y forma. Ahí hay que salir a buscar una solución, a veces para el mismo día.

En la parte de coordinación con proveedores logísticos, la comunicación es clave. Nos pasó de fallar por falta de comunicación en un turno y perder una ventana de descarga, lo cual tiene costos altos. Por eso siempre se busca tener al proveedor posicionado dos o tres horas antes del turno. La calle es una variable que no se maneja: una protesta, un corte, un accidente. No hay que comprometerse sobre algo que no se puede controlar.
¿Qué lugar ocupa la tecnología en la operación hoy?
Hace ya dos años que se trabaja con un bot que reemplazó tareas de data entry repetitivas. Se programa, se le dan los datos y corre solo durante horas, sin necesidad de tener a alguien recorriendo el almacén para funciones específicas como relevamientos de mercadería. Ahora se están incorporando carritos robot para que el operario pueda trabajar con las manos libres, y se está avanzando fuerte en la implementación de un TMS. También se usa inteligencia artificial para consultas sobre rutas.
¿Qué habilidades necesita alguien que quiera desarrollarse en logística hoy?
Lo primero es tener una mente abierta para asimilar los cambios que vienen. Hay mucha gente en el sector que todavía apela al papel y al lápiz, y ese es el cambio de mentalidad que hay que hacer. Hay que entender que se puede dejar eso atrás y prepararse para lo que viene. No es el futuro: la inteligencia artificial ya está, la robotización ya está, el análisis de datos ya está. El cambio es más cultural que tecnológico, y es por ahí donde hay que empezar.
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