
La actividad del transporte de cargas atraviesa un escenario marcado por cambios económicos, desafíos operativos y una infraestructura que muchas veces queda rezagada frente a las necesidades del sector. Para Alejandro, el rol de la logística es central porque “no hay actividad económica que no dependa de algún tipo de transporte o distribución”, una afirmación que resume la importancia del transporte en la economía.
¿Qué te motivó a dedicarte al transporte de cargas y qué aprendizajes te dejó esta trayectoria?
Ser transportista de carga, en mi caso, es algo que viene prácticamente en los genes. Yo me crié arriba de un camión con mi padre. Él estaba en el transporte y mi abuelo también trabajaba en logística, aunque en el ámbito marítimo, transportando barcazas hacia el Río de la Plata cuando todavía no existían los puertos actuales en Buenos Aires.
Desde chico estuve vinculado a esta actividad y de alguna manera eso te marca. Vas aprendiendo cómo funciona el transporte, cómo se mueve la economía y también empezás a ver nuevos caminos y nuevos horizontes dentro de la logística.
Es un trabajo que exige mucha inventiva, resiliencia y pasión. Si no lo hacés con pasión, es difícil sostenerlo en el tiempo. El transporte tiene desafíos permanentes y cada día trae situaciones nuevas que resolver.
Muchas veces se habla del sacrificio que implica esta actividad. ¿Alguna vez dudaste del camino elegido?
Como en cualquier actividad, hay momentos difíciles. Cuando uno está muchos años en un sector, atraviesa etapas buenas y otras más complicadas. A veces los negocios salen bien y otras veces no tanto.
Pero en este trabajo siempre aparece la posibilidad de reinventarse. Yo lo comparo un poco con el ave Fénix: muchas veces hay que volver a empezar con nuevas energías, nuevas ideas y nuevos desafíos. El transporte tiene esa característica. Siempre aparece un nuevo camino para seguir adelante y eso es lo que mantiene viva la actividad.
Desde tu experiencia, ¿qué particularidades tiene el transporte dentro del mundo de la logística?
Tener una empresa de transporte te pone en contacto con todos los sectores. A diferencia de otras actividades más específicas, en logística interactuás con prácticamente toda la economía.
Podés estar trabajando con una empresa de moda que necesita distribuir sus productos, con una editorial que tiene que llevar libros, con una industria que requiere transportar insumos o con un comercio que necesita abastecer su negocio.
Además, el transporte implica relación con clientes, sindicatos, proveedores, organismos del Estado y distintos actores del sistema productivo. Es una actividad muy abarcativa, que te obliga a conocer muchos sectores distintos. Por eso digo que la logística toca todo. No hay actividad económica que no dependa de algún tipo de transporte o distribución.
¿Cuáles son hoy los principales desafíos que enfrenta el transporte de cargas en Argentina?
Hoy el sector está atravesando un cambio de paradigma económico muy fuerte. Las condiciones actuales son muy distintas a las que existían hace algunos años. Antes había ciertas herramientas, como créditos subsidiados u otras políticas que generaban un marco distinto para las empresas. Hoy el escenario cambió y además se suman factores como el ingreso de productos importados que impactan directamente en muchos de los dadores de carga.
Cuando algunas empresas dejan de producir o cierran, automáticamente también se reduce la carga que tenemos para transportar. Eso afecta directamente a la actividad. El desafío actual pasa por adaptarse a este nuevo contexto económico y encontrar la manera de seguir operando dentro de reglas de juego que son diferentes a las que existían anteriormente.

Uno de los temas que suele mencionarse en el sector es la infraestructura vial. ¿Cómo impacta eso en la operación diaria?
Ese es uno de los principales problemas que tenemos hoy. Existe un déficit muy importante en materia de infraestructura vial. Hoy circulan en Argentina camiones con tecnología comparable a la que se utiliza en Europa, pero muchas veces lo hacen sobre rutas que parecen haber quedado en el siglo pasado.
Además, se han incrementado los pesos de carga que pueden transportar los camiones. Pasamos de estructuras pensadas para 45 toneladas a configuraciones que pueden llegar a 75 toneladas. Eso exige rutas preparadas para ese tipo de operación.
El problema es que muchas de nuestras rutas no están adaptadas a esas condiciones. Entonces tenemos vehículos cada vez más modernos circulando sobre infraestructuras que no evolucionaron al mismo ritmo.
¿Qué ocurre hoy con la relación entre oferta y demanda de transporte?
Actualmente hay una capacidad ociosa importante. En otros momentos de la economía argentina hubo situaciones en las que faltaban camiones para cubrir la demanda. Pero hoy el escenario es distinto. Hay más oferta que demanda y eso impacta directamente en la rentabilidad del sector.
Los costos siguen aumentando, pero muchas veces no se pueden trasladar esos incrementos al valor del flete. Eso genera una presión muy fuerte sobre las empresas de transporte. A eso se suman los plazos de pago, que en muchos casos se extienden más de lo deseable. Todo eso complica el funcionamiento financiero de las empresas del sector.
En ese contexto, ¿qué importancia tiene la capacitación de los choferes?
Es fundamental. Los choferes son la cara visible de la empresa frente al cliente y por eso trabajamos mucho en su formación. Realizamos cursos de manejo defensivo, capacitaciones vinculadas al uso eficiente del vehículo y programas orientados a mejorar la relación con los clientes.
Hoy los camiones incorporan cada vez más tecnología. Los sistemas de monitoreo registran aceleraciones, frenadas, consumo de combustible y distintos indicadores que permiten mejorar la conducción.
Por eso es importante que los conductores estén cada vez más profesionalizados. No se trata solo de manejar un vehículo, sino de brindar un servicio de calidad y operar equipos cada vez más complejos.
Mirando hacia adelante, ¿qué tendencias creés que van a marcar el futuro del transporte terrestre?
Creo que el sector va a atravesar una transformación tecnológica importante. Una de las tendencias más claras es la transición energética. Vamos a ir dejando gradualmente los combustibles tradicionales para avanzar hacia otras alternativas, como la electrificación o, en el futuro, el hidrógeno.
También vamos a ver cada vez más tecnología aplicada a la seguridad vial. Los sistemas de asistencia a la conducción, los sensores y las cámaras ya están presentes en muchos vehículos y van a seguir desarrollándose.
A más largo plazo, incluso podríamos ver avances en conducción autónoma, algo que ya se está probando en entornos controlados en algunos países. Todo eso va a ir transformando la manera en que funciona el transporte de cargas.
¿Qué esperás para el futuro del sector?
Mi deseo es que como país podamos encontrar acuerdos y trabajar todos juntos para salir adelante. Argentina tiene un enorme potencial productivo y logístico, pero muchas veces las discusiones políticas nos hacen perder de vista los objetivos comunes.
Creo que necesitamos buscar los puntos positivos de cada visión, encontrar consensos y trabajar de manera conjunta. Al final del día, quienes estamos produciendo, transportando y trabajando somos los que sostenemos la actividad económica. Si logramos ponernos de acuerdo y avanzar en una dirección común, estoy convencido de que el país puede desarrollarse mucho más de lo que lo está haciendo hoy.
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