
En un país atravesado por cambios constantes, Clarisa sostiene que la diferencia no está en reaccionar mejor sino en anticiparse. Para ella, “prevenir es estar un paso adelante”, y esa lógica aplica tanto a la salud como a la competitividad, la infraestructura y la logística de un país que necesita planificar a largo plazo.
Tenés un recorrido muy amplio y diverso. ¿Qué sentís que te aportó en tu forma de liderar?
Creo que lo primero que me dio fue flexibilidad. No solamente por el recorrido profesional, sino también por vivir en Argentina. Somos un país donde todo cambia todo el tiempo: hiperinflación, reglas nuevas, precios que cambian todos los días. Eso te obliga a tener cintura, resiliencia, capacidad de adaptación.
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No sé si fue eso o los cuatro hijos que tengo, que también te entrenan bastante en paciencia y adaptación. Al final uno es un cúmulo de cosas: la vida profesional, la familia, los amigos. Es como una receta. Si ponés un huevo o dos, si agregás más harina o menos, el resultado cambia. Todos tenemos ingredientes parecidos, pero en distintas dosis.
Mi modelo de liderazgo, si lo tengo que definir, es tratar de conjugar lo mejor de cada persona. Tengo una anécdota que lo explica: una vez visitamos unos viñedos y había un concurso para describir un vino. Yo no tomo vino, nunca tomé. Mientras todos degustaban, yo empecé a conversar con cada uno, a escuchar qué percibían. Y terminé ganando el concurso. Mi marido me decía: “¿Te copiaste?”. No. Lo que hice fue incorporar lo mejor que cada uno sabía. Para mí liderar es eso: generar un clima donde las personas se potencien entre sí.
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Hablás mucho de “prevención”. ¿Qué significa para vos, tanto en salud como en economía o gestión?
Para mí prevenir es estar un paso adelante. Es esa idea de “one step ahead”. Si vos sabés antes que viene una bifurcación en el camino, podés decidir hacia dónde ir. Si ya pasaste el cruce, volver es mucho más difícil.
En salud es clarísimo: prevenir significa evitar enfermedades graves. Pero en economía es lo mismo. Se ve en eficiencia, en resultados, en pérdidas y ganancias. Prevenir es analizar antes, decidir antes, anticiparte. Para mí es fundamental.
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¿Qué pueden aprender las organizaciones, incluso la logística o el comercio exterior, de las ciencias de la salud?
Las organizaciones están hechas de personas. Y la salud no es solo física, también es mental, emocional, corporativa. Está demostrado que los grupos funcionan mejor cuando hay armonía. Hay algo que se llama inteligencia colectiva.
Yo tuve un profesor que investigaba esto. Y algo muy interesante es que no necesariamente los grupos con mayor coeficiente intelectual funcionan mejor. Lo que importa es la inteligencia emocional, que todos puedan hablar, que nadie monopolice la conversación. Y también —esto puede sorprender— cuantos más mujeres hay en el grupo, mejor suele funcionar.
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Está bastante relacionado con la capacidad de captar lo que el otro siente o piensa. Cuando todos pueden aportar, cuando hay sensibilidad, cuando se escuchan las pequeñas cosas que dice cada uno, ahí el grupo rinde mejor.

¿Cómo ves hoy la equidad de género en posiciones de liderazgo en Argentina?
Es un tema muy hablado. Yo tengo una dualidad ahí. No soy feminista en el sentido de apoyar cuotas forzadas, pero al mismo tiempo veo que cuando dejás que las cosas fluyan naturalmente, muchas veces no cambian.
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Hay estudios que dicen que las mujeres a veces nos ponemos nuestras propias trabas. Otras veces son las organizaciones. Leí un artículo que decía que incorporar mujeres a una empresa es como traer gente alta a un mundo diseñado para petisos: las puertas, las mesas, las sillas están hechas a una medida determinada. Entonces la persona alta se siente incómoda.
También hay algo muy humano: tendemos a contratar gente parecida a nosotros. Si los que entrevistan son hombres, tienden a elegir hombres. No por maldad, sino por identificación. Y eso se perpetúa.
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Pero está demostrado que la diversidad funciona mejor. Si contrato a alguien muy parecido a mí, me voy a sentir cómoda, pero la organización pierde. Porque nadie ve las alertas rojas, nadie discute en el buen sentido, nadie detecta oportunidades distintas. Y, volviendo a lo anterior, no se previenen los riesgos.
Cuando hablamos de competitividad país, ¿qué peso tienen la logística, el transporte y la conectividad?
Muchísimo. Es central. Argentina es un país enorme, con muchos recursos naturales. Pero si producir algo en Salta cuesta “X” valor y llevarlo a Buenos Aires para exportarlo duplica el costo por falta de infraestructura, perdemos competitividad.
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Lo veo también desde mi experiencia en aerolíneas. Nuestro país es muy radial. Si alguien quiere ir de Salta a Neuquén, muchas veces tiene que pasar por Buenos Aires. Eso limita negocios, turismo, conexiones personales. Lo mismo pasa con la infraestructura urbana: subtes que no conectan bien, sistemas que no están integrados.
Todo eso requiere planificación de largo plazo. Y ahí volvemos a un problema argentino: somos muy cortoplacistas porque sabemos que las reglas cambian. Pero las grandes obras de infraestructura requieren previsión, planeamiento y continuidad.
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Y en lo personal, ¿cómo resolvés tu propia logística? Tu tiempo, tus roles múltiples.
El tiempo es el bien más escaso que tenemos. Aun cuando uno tiene todo, nunca tiene tiempo suficiente. Creo que la clave es priorizar. Y también no amargarte por lo que no llegaste a hacer.
Equivocarse forma parte. Me preguntás cómo resuelvo mi logística… no sé si siempre la resuelvo. Creo que uno intenta organizar, priorizar, elegir. Y aceptar que no todo se puede hacer al mismo tiempo.
Al final, tanto en la vida personal como en una empresa o en un país, todo vuelve a lo mismo: anticipar, priorizar y decidir con la mejor información posible. Y entender que siempre estamos aprendiendo.
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