
En la industria del litio, la operación no se define solo por el volumen producido, sino por la capacidad de sostener una logística eficiente en entornos extremos. A más de 4000 metros de altura, con distancias largas y condiciones exigentes, cada movimiento impacta en costos y continuidad. “La logística es crítica”, plantea Mariano, y explica que sin planificación, infraestructura y coordinación, la operación directamente no funciona.
¿Cómo describís hoy el momento que atraviesa la industria del litio en Argentina y la región?
El litio está entrando en un nuevo ciclo. Hubo una etapa donde la demanda creció muy fuerte impulsada por la electromovilidad y eso llevó los precios a niveles muy altos.
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Luego, con la entrada en producción de nuevos proyectos, el precio cayó abruptamente y eso obligó a muchas operaciones a reconvertirse, ajustar costos y volverse más eficientes.
Hoy estamos en una etapa donde la demanda vuelve a crecer, pero impulsada principalmente por los sistemas de almacenamiento de energía. Eso permite que los precios se estabilicen en un nivel razonable para seguir operando y pensar en nuevos proyectos.
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Argentina tiene un rol muy importante en este escenario. Forma parte del triángulo del litio junto con Chile y Bolivia, concentrando una gran parte de las reservas mundiales.
¿Qué rol juega la logística dentro de esa operación?
La logística es crítica. Me toca operar en la Puna, a más de 4.000 metros de altura, en un entorno remoto y con condiciones que hacen que todo sea más complejo. Eso hace que la operación logística tenga un peso muy fuerte dentro del negocio.
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Para producir 120 toneladas diarias de carbonato de litio, se necesita mover entre 400 y 500 toneladas de insumos por día.
Eso implica una circulación de más de 20 camiones diarios en condiciones exigentes, sobre rutas que, si bien son nacionales en algunos tramos, presentan limitaciones de infraestructura vial y costos elevados.
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La logística en estos contextos no es algo estático. Es un trabajo permanente de revisión y mejora para ganar eficiencia y reducir costos.
¿Cómo se planifica una operación logística en un entorno de estas características?
Tenemos un equipo dedicado exclusivamente a la planificación logística. Uno de los puntos clave es la diversificación del riesgo en el supply chain, tanto para el ingreso de insumos como para la salida del producto.
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En mi caso, opero con distintos puntos logísticos: con puertos argentinos como Buenos Aires, Rosario o Campana, y también con el norte de Chile. Esto permite tener mayor flexibilidad y asegurar la continuidad de la operación.
Además, hay una variable clave que es la frecuencia. El producto tiene como destino principal Asia, y la disponibilidad de barcos desde Argentina no siempre alcanza. Por eso, complementar con Chile permite mejorar la frecuencia de embarques y optimizar los tiempos de exportación.
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¿Qué impacto tiene la logística en la estructura de costos?
Es un impacto muy alto. Aproximadamente el 30% del costo total de producción está asociado a la logística. Eso incluye tanto el transporte terrestre como la operatoria vinculada a los fletes marítimos y la salida del producto al mercado internacional.

Por eso es fundamental trabajar con una planificación de mediano y largo plazo, que permita asegurar eficiencia operativa y costos competitivos. La logística no es un soporte, es un componente central del negocio.
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¿Qué desafíos presenta operar en zonas como la Puna argentina?
El principal desafío es la combinación de aislamiento geográfico, condiciones ambientales y limitaciones de infraestructura. Esto obliga a desarrollar una logística adaptada al entorno, donde cada movimiento tiene un costo y un riesgo asociado.
No todos los proyectos tienen acceso directo a rutas nacionales o infraestructura disponible, por lo que la planificación logística se vuelve aún más determinante para garantizar la continuidad de la operación.
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Más allá de la operación, ¿qué potencial ves para Argentina en este sector?
El litio es una industria con muchísimo potencial para el país. Es una oportunidad para generar desarrollo, inversión y crecimiento. Pero para aprovecharla, Argentina tiene que estar preparada y entender que no se trata solo del recurso, sino de cómo se gestiona toda la cadena.
La logística, la eficiencia operativa y la capacidad de sostener proyectos en el tiempo van a ser claves para capturar ese valor. Es un desafío como industria, pero también como país.
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