Bahía Blanca como nodo clave del comercio exterior argentino

Mariela Beatriz Fioramonti, despachante de aduana y agente de transporte aduanero, describe el perfil exportador de la región, el peso del puerto y los desafíos estructurales que enfrenta la logística para sostener el crecimiento productivo

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Mariela Beatriz Fioramonti es despachante
Mariela Beatriz Fioramonti es despachante de aduana y agente de transporte aduanero (Foto: Movant Connection)

Bahía Blanca se consolidó históricamente como una aduana exportadora vinculada a los cereales, pero en los últimos años sumó un nuevo protagonismo ligado a la energía y al polo petroquímico. Para Mariela, el crecimiento del puerto convive con limitaciones estructurales que impactan en la logística diaria. “Hay circulación constante de camiones de cereales, de combustibles, de cargas peligrosas, de carga proyecto, y las rutas no están preparadas para ese nivel de tránsito”, advierte.

¿Cómo es hoy el comercio internacional en Bahía Blanca?

Bahía Blanca es una aduana netamente exportadora. Históricamente fue cerealera, pero con el tiempo se fue diversificando. Hoy somos la segunda o tercera aduana del país en recaudación gracias al puerto que tenemos, que además es el puerto de aguas profundas con mayor calado de Argentina.

En los últimos años se sumó con mucha fuerza la actividad vinculada a hidrocarburos, sobre todo con la expansión de plantas de almacenamiento y carga de crudo, y también con el crecimiento del polo petroquímico. Eso generó un movimiento muy interesante, no solo en el puerto, sino en toda la actividad aduanera y extra aduanera.

¿Qué rol están jugando las energías renovables en ese esquema?

Tienen un rol muy importante. Desde hace varios años empezaron a ingresar grandes proyectos, primero vinculados a equipos petroleros y después a la expansión de centrales térmicas. A partir de ahí también se desarrollaron los proyectos eólicos.

En Bahía Blanca tenemos puntos específicos donde se recibe carga proyecto, tanto en la terminal de contenedores como en sitios públicos del puerto. Ese tipo de cargas genera mucho trabajo y, además, es una inversión que después se traduce en más exportaciones. Por eso digo que se da un círculo virtuoso: más proyectos, más trabajo, más movimiento y más actividad económica para toda la región.

¿Cómo describirías el funcionamiento del ecosistema portuario y aduanero local?

Es una aduana sana para trabajar. Somos pocos, nos conocemos todos y hay una relación de muchos años entre despachantes, terminales, puerto y Aduana. Eso da tranquilidad. Obviamente cada uno cumple su rol, pero el interés general hace tiempo que es tirar todos para el mismo lado, porque todos vivimos de esto. Cuando el puerto funciona bien, funciona todo.

¿La infraestructura acompaña ese crecimiento?

Ahí tenemos un problema grande. La infraestructura vial es una deuda importante. Hay circulación constante de camiones de cereales, de combustibles, de cargas peligrosas, de carga proyecto, y las rutas no están preparadas para ese nivel de tránsito. Eso se ve en los accidentes, en los tiempos logísticos y en los costos.

Según Mariela, en Bahía Blanca
Según Mariela, en Bahía Blanca está muy activa "la actividad vinculada a hidrocarburos, sobre todo con la expansión de plantas de almacenamiento y carga de crudo, y también con el crecimiento del polo petroquímico" (Foto: Shutterstock)

Una inversión seria en rutas y accesos redundaría rápidamente en mejoras logísticas y económicas. El problema es que muchas veces se comunica la necesidad, pero cuesta que se traduzca en acciones concretas.

¿Cómo funciona hoy la multimodalidad en Bahía Blanca?

La idea de la multimodalidad es excelente, pero no tenemos la infraestructura necesaria. El ferrocarril, por ejemplo, podría ser una gran solución para bajar costos y volumen de camiones, pero hoy no está desarrollado como debería. Hay rieles, pero no llegan a todos los muelles, no hay suficientes servicios y mover un tren es muy complejo.

Además, hay intereses que históricamente jugaron en contra del desarrollo ferroviario. Hoy dependemos mucho del camión, incluso para traer insumos críticos como el crudo, donde ves filas interminables de camiones tanque.

En 2025 la ciudad sufrió una inundación que afectó seriamente la logística. ¿Qué aprendizajes dejó?

Dejó en evidencia lo frágil que es el sistema. Sin luz, sin internet, no se puede trabajar. El sistema informático del comercio exterior depende 100% de energía y conectividad. Si se cae, se frena la importación y la exportación. No hay sistemas alternativos previstos. Eso lo vengo diciendo hace años: debería haber planes de contingencia para que, mientras se soluciona un problema, se pueda seguir operando.

¿Es posible prepararse mejor para ese tipo de eventos?

Totalmente. Yo lo hice a escala chica. Instalé paneles solares con inversores independientes, no conectados a la red, para seguir trabajando aunque se corte la luz. Puse sistemas de internet satelital y tanques de reserva de agua. Lo pude hacer yo, entonces es evidente que con planificación se puede hacer a mayor escala. El puerto, la Aduana, los hospitales, los bancos deberían tener sistemas autónomos básicos para no paralizarse.

¿Qué falta para que eso se implemente a nivel institucional?

Decisión y prioridades claras. Primero garantizar servicios esenciales: energía, conectividad y agua. Con eso funcionando, la economía sigue girando. Después se pueden hacer otras cosas. Planificar no es imposible, pero hay que sentarse, definir qué es urgente y hacerlo. Hacer las cosas bien se puede, pero hay que querer.