
“Es imposible pensar en una Argentina competitiva sin abordar el sector logístico”. Con esa definición, María Eugenia sintetiza una de las discusiones estructurales que, a su juicio, el país no puede seguir postergando. Desde su etapa de reinvención profesional, combina consultoría, docencia y trabajo social con una mirada estratégica sobre infraestructura, costos y desarrollo federal como condición para integrarse al mundo.
¿Cómo vivís esta etapa de transición entre lo privado y lo público?
Lo vivo como una reinvención real, no solo en lo profesional sino también en lo personal. Durante 25 años ocupé cargos votados por la gente y siempre decía que cada cuatro años me sometía a millones de entrevistas laborales para saber si me querían o no en el puesto. Cuando decidí no presentarme nuevamente, resolví hacer lo mismo que cualquier argentino cuando se queda sin trabajo: salir a buscarlo o generarlo. Así nació esta nueva etapa con mi consultora, trabajando con el sector privado, sin privilegios y desde el esfuerzo propio.
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¿Sentís mayor libertad ahora para proyectar y proponer?
Sigo vinculada a la política porque presido una organización donde trabajamos planes y equipos técnicos, pero es verdad que son desafíos distintos. Sentí que se había cumplido un ciclo en el aporte que podía hacer en ese momento desde un cargo público y que necesitaba formarme mejor. Las nuevas tecnologías, la transformación digital y los cambios globales exigen actualización constante. Creo que cuando los políticos pasan por el sector privado entienden mejor lo que significa pagar sueldos, asumir riesgos y sostener decisiones en contextos reales, y eso mejora su mirada posterior.
Desde tu experiencia, ¿qué peso tiene el sector logístico en la competitividad del país?
Es imposible pensar en una Argentina más competitiva sin abordar el sector logístico, porque es transversal a todas las actividades productivas. La infraestructura condiciona los costos y esos costos determinan si un producto regional puede competir o no en el mundo.
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Tenemos puertos con tasas mal administradas, corredores viales sin concesionar y un sistema ferroviario que no termina de despegar. Todo eso impacta directamente en el costo argentino. Desde las cerezas de la Patagonia hasta los limones de Tucumán, cada peso adicional en transporte y burocracia resta competitividad a economías que ya están lejos de los grandes centros de consumo.
¿Qué creés que faltó para que estos temas fueran prioridad antes?
Durante mucho tiempo lo urgente estuvo por encima de lo importante. Con inflación altísima, restricciones cambiarias y desorden macroeconómico, era difícil sentarse a planificar infraestructura estratégica. Sin una macro que funcione no hay solución micro posible.
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Creo que cuando se logra cierta estabilidad, aparece la oportunidad de discutir lo estructural. Me parece que un método que funcionó fue el de las mesas sectoriales, donde empresarios, sindicatos y gobiernos se sentaban a identificar obstáculos concretos y priorizar inversiones según la realidad productiva y no solo desde un escritorio.
¿Qué cualidades considerás esenciales para los profesionales de hoy en día?
Valoro mucho la autenticidad, especialmente la honestidad intelectual para decir lo que uno piensa aunque incomode. A nadie le gusta que le discutan, pero es lo que realmente mejora las decisiones. También busco creatividad, porque ya no alcanza con adaptarse: hay que encontrar diagonales y nuevas formas de resolver problemas en un mundo que cambia rápido.
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Y finalmente, la capacidad de trabajar en equipo. Siempre digo que prefiero once jugadores regulares que hagan goles todos los partidos antes que once Messis en la cancha. Porque una cosa es tener un Messi que lidera dentro de un equipo y otra muy distinta es tener once que quieren ser la estrella. Ahí no hay equipo posible. Necesitás cooperación, entender que tu logro depende del otro y que el del otro también depende de vos. Sin esa lógica colectiva, por más talento individual que haya, los resultados no se sostienen.
¿Cómo imaginás tu aporte en los próximos años?
Soy profundamente optimista respecto de la Argentina porque he recorrido las 24 provincias y visto el potencial que existe en cada región. Siempre voy a buscar la manera de aportar, desde el sector privado, desde una organización social o eventualmente desde el sector público si me tocara.
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Hoy trabajo también en una fundación enfocada en educación, porque si los chicos no comprenden lo que leen, su futuro queda condicionado. Mi compromiso es hacer mi parte desde el lugar que ocupe, ayudando a generar trabajo, inversión y oportunidades reales para el país.
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