
Pablo asegura que, en comercio exterior, “las modificaciones son casi diarias, y aunque a veces son extremas, nos acostumbramos a vivir con ellas”. Con esta perspectiva, aborda cómo las transformaciones en las reglas de juego afectan la competitividad en la importación de autos y otros productos industriales.
¿Qué cambios estás viendo en el comercio exterior argentino actualmente?
El comercio exterior está siempre cambiando en Argentina, pero hoy se nota un giro hacia un sistema más aperturista, aunque aún con vestigios de intervenciones. La gran novedad es la implementación de sistemas modernos como el “VUCE”, que es la Ventanilla Única de Comercio Exterior.
En muchos países de la región, estos sistemas ya están evolucionados, pero en Argentina se les está dando una mayor preponderancia, buscando unificar las intervenciones de terceros organismos y agilizar los trámites. Aunque seguimos siendo un país con una historia más proteccionista, estos avances son un paso importante hacia la modernización.
¿Cómo es tu vinculación con los sectores involucrados en el comercio exterior?
Interactuamos principalmente con la Aduana, que es la entidad clave en importaciones y exportaciones, y con la Secretaría de Industria y Comercio, que regula ciertos requisitos fuera del ámbito aduanero. El trabajo diario implica gestionar los trámites, resolver intervenciones de organismos y aplicar las normativas vigentes. Lo interesante hoy es que la Aduana está delegando algunas de sus funciones en organismos con más especialización, lo que simplifica el proceso y permite un control más eficiente.
¿Qué particularidades tiene trabajar con la industria automotriz?
La industria automotriz ha visto grandes cambios en los últimos años. Antes, el sistema era más cerrado, con un fuerte control sobre las terminales y las importaciones. Hoy, el mercado se ha abierto y las terminales pueden importar con mayor flexibilidad. Lo que antes requería pruebas de seguridad o ecológicas, ahora puede ser reemplazado por certificaciones externas, validadas en Argentina. Esta flexibilidad ha abierto nuevas oportunidades para importadores, especialmente aquellos que quieren traer modelos sin pasar por pruebas locales.
Además, antes, para importar un auto, debías tener todas las licencias necesarias, como la de configuración de modelo y las ambientales. Hoy, esos requisitos se gestionan después de la importación. Podés retirar el auto de la zona primaria aduanera, pagar los impuestos y, después, completar la documentación para cumplir con las regulaciones. Esto ha acelerado el proceso y facilitado la importación de vehículos.

¿Y cuál ha sido el impacto de estos cambios en los procesos logísticos?
El principal beneficio es la mayor rapidez en la liberación de los productos. Antes, la falta de licencias o documentación obligaba a que los vehículos quedaran “trancados” en la aduana, lo que generaba grandes retrasos. Hoy, si los documentos no están completos, podés retirar el auto y completar los trámites posteriormente.
Este cambio ha permitido una mejor circulación de los bienes, aunque los costos logísticos siguen siendo altos, y los imprevistos como paros o condiciones climáticas pueden generar demoras inesperadas.
¿Qué consejos le darías a quienes recién empiezan a importar, sobre todo en la industria automotriz?
Lo primero es informarse. El proceso de importación, especialmente en la industria automotriz, tiene muchas más capas de las que uno ve a simple vista. No tener toda la información adecuada puede resultar en sorpresas desagradables, como la falta de stock o el aumento de los costos debido a trámites adicionales o problemas con la documentación.
Es crucial consultar con un profesional que pueda guiarte a lo largo de todo el proceso. Las noticias en los medios pueden ser incompletas o dar una imagen distorsionada de lo que realmente implica importar. Asegurarte de que entendés cada paso, desde los derechos que debés pagar hasta el manejo del depósito fiscal, es clave para evitar complicaciones y sorpresas que puedan aumentar los costos de manera exponencial.
¿Qué cambios te han marcado a lo largo de tu carrera en comercio exterior?
Los cambios han sido constantes. Hemos pasado de administraciones más intervencionistas a otras más aperturistas, y cada cambio trae consigo nuevas oportunidades y nuevos retos. Lo que aprendí es que el comercio exterior siempre está en constante evolución, y quienes trabajamos en el sector nos tenemos que adaptar a esos cambios.
Las modificaciones son casi diarias, y aunque a veces son extremas, nos acostumbramos a vivir con ellas. Hoy, con la digitalización y los sistemas más ágiles, el comercio exterior se está haciendo más eficiente, pero siempre con la necesidad de mantenerse actualizado.
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